DA ,LO MISMO SER UN BURRO QUE UN GRAN PROFESOR. CARTA A LA PRESIDENTA DE LA REPÚBLICA
Si no albergara una mínima fe en la desprestigiada clase política no estaría gastando tiempo en la redacción de esta misiva. Ojalá su contenido no caiga en un “saco roto”.
Durante la semana recibimos un email de una destacada periodista de nuestra ciudad. Decimos destacada porque conocemos de su trabajo, de su dedicación y responsabilidad que le dedica a su labor.
La profesional no milita en ningún partido político y producto de los problemas laborales con que se ha encontrado decidió enviar una carta a
Nos interesa el tema ya que de alguna manera representa el sentir de miles de jóvenes, muchos de ellos profesionales los que por no militar en algún partido político ven que se les niegan las oportunidades y que las más de las veces esos puestos son llenados con incompetente, pero con una credencial política al día.
Señora Presidenta
Ministros, senadores, diputados
Rector Universidad de Santiago
Encargados Crédito Fondo Solidario
Me titulé de periodista en
El año 2006 realicé un exitoso reemplazo en el Departamento de Comunicaciones del Servicio de Salud O'Higgins. La titular consiguió un traslado a Santiago, quedando libre la vacante de periodista. Para mi desilusión, la plaza fue ocupada, sin mediar concurso ni entrevistas a otros profesionales, por un militante demócrata cristiano proveniente de una familia de renombre en la ciudad.Golpeé puertas en otras reparticiones del Estado, como el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo, pero es sabido que los cupos son una forma de pago a quienes participan activamente de alguna campaña.
Colocándome en el papel de un senador o diputado, quizá es correcto devolver la mano a quien apostó por uno, pero lo lamentable es que varios colegas no poseen destrezas mínimas e incluso se transgrede
¿De qué me sirvió ingresar a la universidad si no ha mejorado mi estándar de vida? A la luz de los hechos fue una absurda pérdida de tiempo, y por sobre todo de dinero, pues el único saldo permanente es una deuda asfixiante que veo casi imposible de amortizar si las condiciones laborales continúan por la misma senda. Por diversos motivos no cancelé la primera cuota de mi crédito del Fondo Solidario. Se me penalizó alevosamente, pues al año siguiente debía un millón de pesos y la oficina de cobranza me ofreció repactarlos en tres cuotas (mi sueldo no cubría siquiera una y tampoco es factible desprenderse del salario por 90 días). Como figuraba en los registros de Dicom, y aún lo hago, la banca tampoco me presta dinero. ¿Alguna idea?
No tengo prejuicios ni vergüenza para emplearme en labores ajenas a mi profesión. Intenté trabajar en una librería de usados, repartiendo volantes, atendiendo llamados en un call center, pero estoy demasiado calificada para esa clase de empleo. Sin nada en las manos, colaboré con mi padre, comerciante independiente, en la venta de bolsas plásticas.
Es curioso el énfasis que Gobierno y parlamentarios colocan en el imperativo de mejorar el acceso y calidad de nuestra educación. No sería políticamente correcto afirmar que, en la práctica, una licencia de enseñanza media y una temprana militancia partidista suplen cualquier carencia académica. Lo veo en Rancagua, donde el alcalde Carlos Arellano no prosiguió estudios después de completar cuarto medio. Chilenos y chilenas conocimos los casos de los ex subsecretarios de Chiledeportes, Catalina Depassier y Ricardo Vorphal, el ex director de EFE, Luis Ajenjo, y el ex superintendente de Valores y Seguros, Alberto Etchegaray. Es cierto que algunos cargos no exigen la posesión de título y que la proliferación de universidades ha desvalorizado la tenencia de un cartón. Pero elevar a rango de autoridad a gente sin formación académica habla de una sociedad mediocre e intelectualmente pobre.
Los estudios superiores no son credencial suficiente para acceder a un empleo digno. A veces, no alcanzan siquiera para conseguir un trabajo de segunda. Durante julio, debido a las urgencias económicas y la frustración de realizar únicamente quehaceres domésticos, acepté la "oferta" del diario electrónico El Cachapoal, sin contrato y por la suma mensual de cien mil pesos. Resultado: regalé mis servicios profesionales. Hasta la fecha no se me cancela el monto acordado.

Y dijo
Y:
Le contesto la Presi.
Le Pagó el cachapoal
9 Septiembre 2007 | 03:33 PM