CAIGA QUIEN CAIGA

El tam, tam de la Sexta Región le ha permitido a The Paskin enterarse, sin tener periodistas, de algunos de los escándalos políticos que cotidianamente ocurren por estos parajes.

Fuimos los primeros en denunciar a Sule, el diputado, como denunciado por golpear una dama.

Luego, colocamos a nivel nacional el numerito del PPD en Nancagua. Ahora estamos casi en condiciones de asegurar que se estaría solicitando la clausura de The Paskin ya que pareciera que fuimos denunciados en la Fiscalía de Santa Cruz; el motivo los comentarios que nuestros lectores, por cierto de nancagua, han colocado en nuestro blog.

Si hiciéramos un análisis de lo sucedido, veríamos con espanto que es calcado a lo que ha pasado en otras ocasiones cuando se trata de situaciones reñidas con las buenas costumbres.

De partida, luego de conocido el numerito de las linduras de Nancagua se ha escuchado decir, en este caso a la Carolina Tohá el mantra habitual: investigaremos y sancionaremos; expulsaremos, congelaremos, prescribiremos, juzgaremos, condenaremos y crucificaremos caiga quien caiga.

Todo esto se dice frente al cuerpo mismo del …… es decir, los Srs. Escanilla y Muñoz (Quien dicho sea de paso, vimos sentado en el sillón de su casa realizando declaraciones al periodista del 13 mientras que en la Intendencia, su lugar de trabajo se recibía una licencia médica por 15 días), quienes entendemos, de acuerdo con la costumbre oficial y como ya decíamos anuncian querellas en contra de “quienes resulten responsables”.

Sin lugar a dudas, todo esto es una humareda, juegos de artificio o, como se dice en buen chileno, “emborrachar la perdiz” ya que por larga experiencia, las instituciones – incluyendo en este caso al PPD – saben que no es cierto aquello de que “a la larga todo se sabe y todo se paga”.

El cálculo exacto de aquellos es que a la larga, todos estaremos muertos. Es ahora, a la corta, donde interesa minimizar los daños y sobre todo, primero que todo mantener a flote la barca de la institucionalidad Regional y Nacional del Partido.

De ahí, poco importen Escanilla y Muñoz y todos los demás. O quizás, más exactamente dicho, los que importan son todos los demás, todos los cómplices en las sombras, todos los obsecuentes y complacientes, todas las manos escondidas que redactan los documentos, los acuerdos y palean tierra sobre las huellas. Los primeros, los Escanillas y los Muñoz, son o tienden a ser de pequeño calado; estos últimos son o tienden a ser los peces gordos.

Como sea, es obvio que este tipo de acciones y en verdad, el completo repertorio de conductas ajenas a la honestidad y las buenas costumbres no son posibles sin una red de complicidades.

El delito salvo quizás el más vulgar cogoteo, es casi siempre acción cooperativa y más aún, si se lleva a efecto en los meandros del Estado.

No solo los cómplices son esenciales para llevar a cabo los operativos, sino lo son aún más para el posterior encumbramiento. Este último es tan crucial y se ha llevado a efecto tan sistemáticamente que no es posible recordar NINGÚN caso de escándalo que trajese consigo la revelación de la banda completa de bandidos y menos de sus colaboradores y beneficiados. Es más, nunca ha sucedido que la irregularidad sea descubierta por las instituciones mismas. Se sabe, por delaciones, por acciones de la justicia o por revelaciones de prensa.

De ahí que las advertencias acerca de que se aplicará mano dura y/o se llegará hasta las últimas consecuencias resulten al menos engañosas , si acaso no chistosas.

Esto es lo que tenemos hasta el momento en el caso de Nancagua.

Los moldes vivitos y coleando. Los cómplices, los que encubrieron, avalaron, apoyaron y exigieron el cumplimiento del Pacto de Honor, haciéndose los giles y mirando pal lado como si nada hubiese pasado.

Ahora, se siente ofendidos por los comentarios que se hacen de ellos y piden las penas del infierno para The Paskin.

Acaso no se han preguntado el por qué de esos comentarios.

Se han preguntado qué siente la gente de Nancagua que confió en ellos y que ahora descubre la verdadera y dolorosa realidad. Quizás, ante de sentirse ofendidos, a lo mejor habría sido más sano, un mea culpa y reconocer el error y pedir disculpas a su comuna, pero por cierto, como decía Condorito Corvalán, eso “sería pedirle peras al olmo”.