Rafael Luís Gumucio Rivas
La política debiera ser una activad noble, pero cuando se trata del poder por el poder, sin objetivos, sin sueños, se prostituye y se precipita a los bajos fondos. Es cierto que la política no es un asunto de monjes epicurianos – que buscan el placer y evitan el dolor – sino una actividad social que, a veces, exige ensuciarse las manos: no siempre la ética congenia con el poder, pero la relación entre los políticos y los negocios termina enlodando la política. Es un poco de esto lo que ha ocurrido en el Chile transaccional. Los partidos políticos son necesarios para la democracia siempre y cuando canalicen las expectativas de la ciudadanía hacia el Estado: en una democracia sin ciudadanos, como la chilena, sólo puede existir la hegemonía de las plutocracias, las oligarquías y las castas.
Tanto
El Chile de hoy es manejado por burócratas y tecnócratas, sean estos de
En diecisiete años los partidos de
En un artículo anterior había señalado que todos los partidos políticos han perdido votación desde
En toda decadencia lo viejo se niega a morir: los líderes y dirigentes, acostumbrados por diecisiete años a manejar de determinada forma, les es muy difícil cambiar los males hábitos adquiridos en tan largo período. Es esto lo que está ocurriendo tanto en
La idea de la vanalización de la política no es nueva en la filosofía: ya Platón planteó el gobierno de los filósofos; posteriormente, Saint Simon, el profundo de los llamados socialistas utópicos, visualizó la administración de las cosas en reemplazo del Estado; en este pensador, los leguleyos, los curas, los políticos, eran las clases ociosas – los zánganos- contra las abejas laboriosas, cuya mejor expresión eran los banqueros y empresarios, incluso planteó un parlamento newtoniano, que estuviera presidido por estos financistas - si hubiera sabido que en la reciente crisis estas clases están sindicadas como las culpables del colapso económico y financiero-. El neoliberal Hayek repite un parlamento no muy distinto al del noble francés, ahora compuesto por los vencedores del mercado.
En una política banalizada quienes dominan son loas tecnócratas, acompañados de operadores políticos, cuya única capacidad se reduce a manipular el poder de la administración pública. ¿Qué ocurre con los partidos políticos en esta jaula de hierro? La lucha se reduce al canibalismo: se trata de aniquilar al rival para conservar el poder; cada dirigente actúa más en razón de intereses personales y de grupo, que el bien común del partido.
El PPD, por ejemplo, carece de una ideología que le dé sustento: está integrado por diversos retazos de antiguos partidos: ex Mapu, IC, comunistas y radicales. Sus pensamientos pueden ir desde los tecnócratas de Expansiva hasta el ecologismo de Guido Girardi. El PPD, de partido instrumental, cuyo santo patrono, Ricardo Lagos, se ha convertido en una agrupación tipo Art Nouveau, pues en él pueden convivir, sin problema, personajes de los más diversos orígenes y creencias, que hacen muy difícil, para el lego, captar qué los une que no sea la administración del Estado.
El PPD es un poco el patito feo, tanto para los demócrata cristianos, como para los socialistas; da la impresión de que les disputa una cierta parte del electorado menos ideologizado; su presidente actual, Pepe Auth, es una especie de hippie, aparentemente anacrónico en pleno, siglo XXI; no tiene nada que ver con los pokemones, pelolais, ni ondulais, tampoco se enmarca dentro de la cultura guachaca. En menos de un mes ha proclamado a cuanto candidato pasa por su mente, especialmente a Eduardo Frei, un genial estadista con lenguaje un poco rural y, ahora, provocando la lipiria del comisario del pueblo, Camilo Escalona, designa al dueño del partido, Ricardo Lagos Escobar.
El PPD no ha dejado de ser adolescente, en fondo sigue siendo un partido instrumental, con intenciones de convertirse en el más nuevo y renovado de los partidos de
Auth y Escalona, como los payasos del circo, se han lanzado todo tipo de improperios para, posteriormente, ponerse en la buena. Escalona acusa a Auth de provocar divisiones en el partido socialista apoyando a los críticos de su autoritaria dirección.
El Partido Socialista no es ni la sombra de la agrupación revolucionaria soñada por sus fundadores; hoy sólo se trata de humanizar el neo liberalismo y, sobretodo, de convertirse en un partido gobernante que se distribuye los cargos; el concepto de disciplina, propiciado por la directiva de Escalona, no difiere mucho de los métodos de la ex RDA. La nueva izquierda se ha apropiado del partido, logrando el apoyo de los apitutados militantes para elegir a Camilo Escalona como su presidente. Ya nada queda de la libertad de debate que caracterizó a este partido. Si bien hay algunos que mantienen los postulados de izquierda, estos son rápidamente opacados por el poder burocrático y autoritario de la directiva.
El programa de gobierno debe ser seguido al pie de la letra, tan como
En a Democracia Cristiana, el partido más golpeado por la decadencia, no se visualiza ninguna autocrítica, salvo la pretensión de los llamados “príncipes”, Orrego, Undurraga e Ignacio Walter, que muy ridículamente quieren convertirse en Obamas chilenos, y sólo les alcanza para líderes de Comuna. El drama de
Poco se puede esperar de una política tan estrecha como la actual. Estamos muy lejos, lamentablemente, de una redignificación de la política; mucho me temo que nos pueda ocurrir algo similar a Venezuela o a Italia. Se dice que nos salvamos por la inexistencia de un líder populista, pero en situaciones de crisis aguda puede aparecer.
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