Pedro Marín Mansilla
La actual coyuntura económica y financiera mundial, exacerbada en los medios de comunicación como “crisis mundial”, ha concitado el cíclico oportunismo neoliberal de reducir los costos operacionales de la manera más arcaica y brutal de todas, como es; “la reducción de personal, no sin antes, disminuir las remuneraciones y otros beneficios de los trabajadores”, para que sean estos últimos, los que deban pagar las consecuencias de un sistema político y económico instalado en tiempos de dictadura por los -ya celebres- Chicago Boys y, que se ha mantenido casi incólume hasta el día de hoy.
Este viejo método de endosar a los trabajadores, los errores de un sistema capitalista que ha demostrado en el tiempo, ser una artimaña invariable de oportunismo empresarial para mantenerse cómodos a costa de la gente esforzada, pero desinformada, amen de una insuficiente protección laboral, puesto que casi el 75% de los trabajadores de este país, trabajan en pequeñas empresas con no más de 10 personas en promedio y sin derecho a la negociación por rama productiva, como sucede en la mayoría de los países desarrollados.
Este satisfactorio panorama empresarial hace que las grandes empresas, no vean o perciban otras oportunidades de reducción de costos más inteligente y menos traumática. De esto no se desentiende la mediana y gran minería, puesto que en la mayoría de los casos no son chilenas y su clara intención es llevarse todo lo que puedan al costo más bajo posible y a merced de la débil y antipatriota legislación que las regula.
En efecto, más allá de los desafíos tecnológicos disponibles en la industria y que día a día se van sofisticando de manera sostenida y que las mineras debieran actualizar permanentemente en su aplicación industrial, hay otras formas más inteligentes y favorables para Chile, en cuanto a reducir los costos operacionales en esta industria, como por ejemplo: fundir y refinar el cobre en Chile, lo que permitiría recuperar el oro , la plata, el molibdeno y otros metales preciosos que hoy se van del país, sólo con un valor y concentración estimativa y fija de
Si se fundieran y refinaran los concentrados en Chile, implicaría un aumento de aproximadamente 20.000 nuevos puestos de trabajo, asimismo, el dar valor agregado al producto permitiría reducir fuertemente los costos operacionales directos, además de generar divisas frescas para las arcas del Estado por la venta de los “mal denominados subproductos” y por último, reducir los costos indirectos como son el pagar por fundir en otras latitudes del mundo, así también, bajar los costos de flete por el traslado del concentrado, lo cual en la práctica significa, el embarque de un volumen superior al 300% en comparación al cobre refinado.
Todo esto daría lugar a una diversificaron y fortalecimiento de la industria nacional al grado de evitar otros colapsos futuros a los cuales frecuentemente se enfrenta Chile por ser sólo un exportador de materias primas, pero como ya dije, la mala práctica de reducir los costos mediante la generación de cesantía y reducción de salarios, parece ser lo más viable y sencillo, puesto para ello se cuenta con la venia y complicidad del propio gobierno de este país.
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