CAPITÁN PESADILLA (SIGUE VIVO)

El lindo se botó a chorongo con los polis, les echó la foca encima y nombró a su parentela parlamentaria para evitar el parte y “la cana”. Terminó durmiendo en el suelo de un calabozo, en medio de chinches, delincuentes, drogadictos y borrachos.

Toleranzia me había advertido. “Tienes que reivindicarte porque apareció “Che Garufa” y también anda en terreno y nos prometió la mejor de las exclusivas. Lo que pasa Pesadilla, es que te anduviste aburguesando, igual que la modelito de la Junaeb, el Romero el González y el Pallamar, y ahora sacai la vuelta y no mandas nada”.

Eso fue como que en mi espalda clavaran un cuchillo cocinero. Nunca me habían comparado con tal tropa de ineptos. Pero bueno, tenía que hacer la pega. Estaba mal. Casi al borde del colapso depresivo. Decidí ir a tomarme un copete y pasar las penas, los retos de Toleranzia, y además, los enojos de la asamblea vaguística que quería saciar su sed opinóloga y copuchenta con un buen escrito.

Al otro día me levanté temprano. A las siete de la mañana estaba trotando por Alameda. Pasaron 10 minutos y controlaba mi circulación sanguínea y los ritmos cardiacos, cuando de pronto, un vehículo blanco, modelo Chery, del año 2008, pasa cerca de la acera. Miré el semáforo y el conductor pasó en rojo, a exceso de velocidad.

Me pareció cara conocida. Iba por Alameda en dirección poniente y en esa misma arteria, con calle Rubio, fue detenido por efectivos de Carabineros que realizaban un control de tránsito.

“YO..OOO..S..O..OOY HERMANO DE UN DIII.II..PUTADO…”

Los Carabineros no lo podían creer y yo tampoco. Me acerqué a observar. Era ni más ni menos que el ex Concejal del PPD, Alexis Valenzuela, el mismo que reclamaba contra un diario porque había perdido su reelección tras la publicación donde se daba cuenta de actos de violencia intrafamiliar contra su esposa Anita. El mismo que en esa oportunidad amenazó a Carabineros y al medio de comunicación con sendas querellas, como si fueran responsables de los actos y numeritos especiales que se manda el molde.

Bueno, a todo esto le piden documentos y que salga del vehículo. Apenas se podía sostener en pie. El Carabinero le señala “usted está en manifiesto estado de ebriedad y así no puede conducir. Será detenido por guiar bajo la influencia del alcohol”.

A lo que el molde responde “y quién chucha se cree usted. No sabe que yo tengo un hermano diputado, que mi hermana era seremi, que mi otro hermano fue candidato a alcalde, que yo fui concejal, que mi perro se llama “Charlitos”, que mi gato tiene Sida, y que me tomé toda las weás que habían en el camino”.

Ante tanta incoherencia los policías optaron por detenerlo. El muchacho, el bebé de Rancagua, aquel joven que postulaba a ser un gran líder político, estaba sumido en el más absoluto alcoholismo producto de quizás qué problema familiar.

No somos quienes para juzgarlo, porque entendemos el drama, pero para qué andamos con weás si nosotros somos más curaos que el acusado. La diferencia, es en qué circunstancias, cómo, dónde y por último, no manejamos borrachos.

DURMIÓ EN EL SUELO DEL CALABOZO”

La alta oficialidad de Carabineros se enteró de lo sucedido. Varios llegaron a observar al modelito de autoridad, perdón, ex autoridad, que hoy dormía en el suelo de un calabozo, en medio de los chinches, baratas y pulgas. Donde el resto de los detenidos había incluso orinado.

Estaba recostado, pasando la mona, durmiendo, junto a delincuentes, drogadictos y estafadores de poca monta. Todo era hedor en ese cubículo de cemento y puertas metálicas. Tal vez, la vida de Alexis Valenzuela, había empezado a oler mal hace rato.

“Es ver a una persona muy descompuesta. A mí me sorprendió verlo en ese estado. Jamás me imaginé que un ex concejal, a poco de haber perdido la elección, quedara en semejante estado. Creo que está mal”, dijo una fuente policial cercana que pudo apreciar esa escena con lujo de detalles.

Lo llevaron luego a tomarse la alcoholemia en el hospital regional y el médico de turno dictaminó “Manifiesto Estado de Ebriedad”. Finalmente, y casi al mediodía, el fiscal de turno dictaminó la libertad del sujeto, el que tuvo que retirarse, pero a pie, hasta su casa.

Semejante exclusiva no se la podía negar a mi amigo Toleranzia. Y además, la comparto con ustedes. Eso sí, igual Pesadilla se sigue cagando al resto. No hay caso. Esta está mejor que la de “Che Garufa”. Y eso que ni me moví de mi escritorio.