INGENIEROS CHANTAS Y AUTORIDADES INEFICIENTES SON RESPONSABLES DEL LENTO DESPLOME DEL MALL DEL CENTRO

Arturo Alejandro Muñoz 

RECUERDO QUE HACE cinco o más años escribí un artículo en el cual critiqué severamente a los ingenieros chilenos, calificándoles de ser  "los peores egresados universitarios", si se les comparaba con otros profesionales como abogados, médicos, sicólogos, profesores, químicos, geógrafos, contadores, etc. En esa ocasión aseguré que los incas habían sido constructores de mucha mayor calidad que nuestros ingenierillos, ya que los puentes levantados por los hijos del sol llevaban siglos resistiendo lluvias, terremotos, avenidas de ríos, etc.,...en cambio, los puentes recién construidos por nuestros insignes ingenieros universitarios se doblaban como pañuelo de cueca ante la primera arremetida de un río colmado de aguas lluvias, o ante una sacudida de la tierra por efectos de un sismo. 

Hoy me veo en la obligación de reafirmar lo dicho hace sesenta meses, pues la "maestría ingenieril y arquitectónica" de nuestros profesionales no me deja otra opción. Como argumento para sustentar lo dicho recurro al edificio multi comercial que la gente conoce con el nombre de "Mall del Centro" en Rancagua, y que no tiene más de 12 años de uso. ¡Se está hundiendo! ¿No lo sabía usted? Bien, pues, ahora ya está informado. Ah...aclaro: se está hundiendo físicamente, se está desplomando...¡¡cataplum!! Fallas estructurales, ingenieriles, de estudio de suelos, de suelas y de badanas...todo fue chanta, mula, al tuntún. Muy ‘a la chilena'...muy a ‘lo ingeniero criollo'. 

Por ello en este momento se encuentra en plena construcción el nuevo Mall, ubicado donde antiguamente estaba el Pasaje Rex, en el Paseo Independencia, a lo largo de la calle Astorga hasta doblar hacia el oriente por calle Cuevas. A esa nueva dirección deberán trasladarse pronto los mismos locales comerciales -incluyendo el ya indispensable ‘patio de comidas'- que hoy pueblan el tembleque Mall de calle Astorga.

Es de esperar que esta vez nuestros ingenieros le den el palo al gato y no presten de nuevo el molde para que los suban al columpio o los lancen por el balancín de la crítica mordaz.  Así como también es de esperar que en el nuevo Mall podamos deleitarnos con algún espacio dedicado a la cultura, y no solamente con nichos de consumo caracterizados por ofertas falsas, liquidaciones mentirosas y una excesiva presencia de acrílicos y civilización chatarra que resulta desechable no bien se ha adquirido alguna mercadería innecesaria, pero ‘a la moda'.

¿Cuánto dinero se dilapidó en un monstruo de cemento, metal y vidrios construido a la birulí? ¿La plata invertida allí era mía? Sí y no......pues en una u otra forma los dueños de esa obra fallida consiguieron sus billetes (y siguen haciéndolo) gracias a los pequeños ‘aportes' que miles de personas -al igual que yo- realizan diariamente vía consumo, impuestos e incluso a través de juegos de azar y aportes en colectas. Definitivamente, los propietarios de una empresa como la reseñada, jamás perderán dinero en términos absolutos...¡¡jamás!!  Somos nosotros, los simples ciudadanos, quienes de verdad empobrecemos significativamente cada vez que los ‘patroncitos' hacen  mal un negocio.

Pero, ojo, pestaña y ceja, ya que en estos avatares hay también enorme responsabilidad  de las autoridades políticas, como es el caso del municipio rancagüino, cuya Dirección de Obras entregó el insoslayable Certificado de Recepción Final de Obra, autorizando la puesta en acción del Mall del Centro. Uno tiene derecho a preguntar si los profesionales del  municipio habrán, realmente, revisado los planos, estudio de suelos, calidad y resistencia del material,  calidad de las instalaciones eléctricas y sanitarias, así como analizado el cumplimiento de normas de construcción  y otros detalles que por cierto escapan a quien  no trabaja en el rubro. Los resultados hablan por sí mismos, y permiten asegurar que los profesionales de la Municipalidad de Rancagua, tanto como los del  MINVU, no cumplieron con sus responsabilidades administrativas. Eso está más que claro luego de los hechos conocidos.

El caso del Mall del centro no es aislado ni tampoco debe observarse como un asunto solitario, pues en Rancagua -y a lo largo del país también- se ha hecho habitual que luego de terminarse un trabajo de infraestructura vial, como por ejemplo construir y habilitar un paso bajo nivel, el público usuario espera casi con sonrisas irónicas que se deje caer la primera lluvia fuerte sobre el sitio para, de ese modo, constatar que el paso bajo nivel se transforma en una especie de lago intransitable que, además, fagocita automóviles y deteriora microbuses y camiones.

Del mismo modo, la ciudadanía mira con escepticismo toda inauguración de viviendas sociales, ya que barrunta que  en el invierno temprano muchas de esas casas o edificios de departamentos deberán ser envueltos en plásticos para evitar que el agua lluvia inunde pasillos y piezas. O que la humedad hará rápidos estragos  en muros y cielos rasos, convirtiendo lo que se suponía era una vivienda digna, en vulgar covacha inhabitable. 

Algunos defensores de ingenieros y arquitectos dirán que el problema, la responsabilidad o la explicación a tanta desventura, no debe ser achacada a los profesionales mismos, sino a los directivos de las empresas constructoras y/o a los dirigentes de las ‘instituciones que funcionan', toda vez que son ellos quienes determinan la calidad de los materiales y el cumplimiento o incumplimiento de las especificaciones técnicas de las construcciones. 

No puedo estar más en desacuerdo con una opinión de ese tenor, pues si de ello se tratara (que los directivos son quienes disponen la calidad de los materiales),  veríamos entonces a médicos operando con cortacartones y sin anestesia. Por mucho que la incidencia del presupuesto económico sea grande,  nunca podrá reemplazar ni asfixiar a la  calidad y dignidad del profesional a cargo de la obra. Es así que, por ejemplo,  ningún profesor aceptará  enseñar Historia a sus alumnos sin, a la vez, enseñarles Geografía...porque el ‘patrón' de turno desea no gastar el presupuesto disponible.

En fin, mejor retomemos el asunto central de este artículo. Algo -malo, por cierto- está ocurriendo desde hace  más de dos décadas en nuestras universidades, especialmente en aquellas carreras o profesiones que dicen relación con las matemáticas, la física y la geometría. Sus egresados no responden a las impetraciones técnicas de los tiempos actuales.

Y ello podemos comprobarlo en eventos concretos, indesmentibles, desgraciadamente convertidos ya en rutina, pues tales deficiencias ingenieriles no afectan exclusivamente al mundo fiscal (MINVU, Municipios, MOP, etc.), sino también -como hemos destacado en estas líneas- al área privada. A menos que yo esté muy falto de información y el Mall del Centro en Rancagua sea una obra fiscal.

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