COIMAS MIRAGE: LA IZQUIERDA NO PUEDE CALLARSE
Leopoldo Lavín Mujica
Se destapó una olla: la de la compra de armas del Estado chileno. En el primer gobierno de recuperación de la democracia se robaron 15 millones de dólares al erario nacional. Lo dice el propio senador Zaldívar, un ex DC. Increíble. Dos gobiernos de presidentes demócratas cristianos y concertacionistas se lanzan hoy recriminaciones recíprocas acerca de sus responsabilidades en las coimas millonarias. Y un ex democristiano aviva la cueca.
La ciudadanía, de vacaciones, impávida o sobrepasada por el escándalo se calla; lee, observa y procesa la información acerca de la compra de los 25 aviones Mirage a un consorcio Belga que costaron 109 millones de dólares US y de los cuales 15 millones fueron a dar al bolsillo de los operadores civiles y militares del negociado.
El contrato de compra y venta de armamento, un Decreto Supremo firmado por Patricio Aylwin, le cayó al gobierno de su "camarada" Eduardo Frei. Éste, candidato presidencial concertacionista, rasga vestiduras y arremete en el Congreso en contra del gobierno del icono DC, el patriarca Aylwin.
Lo que Frei Jr. calla es que es un deber y una práctica normal y sana de los gobiernos el revisar los contratos firmados por gobiernos anteriores para evitar avalar situaciones de irregularidad como el pago de "comisiones". Es una evidencia que hubo negligencia política fiscalizadora por parte del gobierno de Frei. Es el resultado del continuismo concertacionista.
Otra razón más para construir una alternativa de Izquierda auténtica.
La derecha tendrá todos los pretextos del mundo para justificar en su debido tiempo todo tipo de prácticas corruptas en sus filas. Su candidato presidencial, Sebastián Piñera, ya hizo uso de información privilegiada en el mercado bursátil para enriquecerse especulando.
La imagen de Chile en el exterior acusará el golpe.
De la Izquierda, demasiado ocupada en negociar con la DC y la Concertación cupos en una lista parlamentaria única, no han habido reacciones serias que saquen las conclusiones que se imponen. El silencio, en estos casos, puede ser cómplice.
El hecho descarnado es que mientras el país celebraba el retorno de una democracia pactada, que costó cientos de vidas ciudadanas en la lucha antidictatorial, en la cima del Poder del Estado se instaló una red civil-militar de corrupción.
Es un ex Presidente de la República salido de la DC -orgánica que había gozado de un halo de partido probo-, al cual se le habían perdonado sus errores pro golpistas durante el gobierno del Presidente Allende, el primer salpicado por el affaire. Digámoslo de inmediato con toda sus letras: imposible que tal negociado no hubiera sido conocido por el resto del establishment político binominal.
El cinismo ambiente postula que los Ministros de Defensa y sus allegados se enriquecen rápido. Los negociantes de armas tientan siempre a los políticos y a los militares con un "pacto con el diablo". La falta de educación ética-política y el olor del dinero fácil pero comprometedor los lleva a hundirse en la ignominia.
Ante tal situación de desprestigio de la elite política del régimen postdictadura la pregunta que cabe hacerse es si la izquierda no tendría que mostrar absoluta autonomía política. Esto implica proyectarse como una alternativa ante la ciudadanía y, sobretodo en períodos de crisis, denunciar las prácticas corruptas de quienes se enriquecen con el erario nacional mientras los trabajadores viven la existencia precaria con la incertidumbre permanente de perder sus empleos.
Corolario de lo anterior es debatir con la gente de izquierda acerca del carácter imperativo de levantar una lista parlamentaria propia y escribir con letras de oro en el Programa que un Gobierno de la Izquierda será implacable en la lucha contra la corrupción. Pero eso comienza ahora. Una Izquierda furgón de cola, cortoplazista y miope, interesada prioritariamente en negociar cupos, que no se proyecta al mismo tiempo como una fuerza moral en contra los efectos del neoliberalismo, no construye alternativa.
