EL DÍA EN QUE LA PRESIDENTA DE TODOS LOS CHILENOS SE TRANSFORMÓ EN VERÓNICA MICHELLE BACHELET JERIA O EL TROTECITO PARA IR A VER A FIDEL CASTRO RUZ
Alfredo Peña R.
Confieso dos cuestiones previas. Uno: soy bacheletista, trabajé y voté por ella y me agrada de sobremanera su personalidad auténtica y alegre. Era mi ídola, como dicen los jóvenes. Dos: Ayer se me cayó del pedestal en que la tenía. Ya no es mi ídola, como díjeme a mi mismo cuando la vi por televisión casi trotando por ir a ver a Fidel Castro a la cómoda zona de Siboney, por donde también he trotado un par de veces.
No quiero detenerme en las cuestiones políticas de la visita a Cuba: para eso estamos en un Estado de Derecho (como el que no existe en Cuba) y las opiniones de los políticos chilenos de izquierda, derecha, de centro, de allá y acullá están a la orden de día. Si estuvo bien o mal el viaje, eso es un debate político. Y yo soy sólo "un gásfiter" en política, que era como les decían los economistas de Pinochet a quienes los criticaban.
Lo que me da vuelta en la cabeza y que no me permitió dormir plácidamente es lo que ocurrió infaustamente este jueves a las 11.55 hora de Cuba, 13.55 hora de Chile.
Por si no lo vio, se lo cuento: A esa hora se realizaba una magna ceremonia en la Fundación Salvador Allende de La Habana. La Presidenta Bachelet en primera fila. Había hecho un discurso con emoción hasta casi las lágrimas, al recordar a la familia Allende. Todos embobados escuchando discursos y canciones homenajeando al Presidente mártir.
Entra por el costado derecho, el director de Protocolo chileno, Fernando Ayala, singularmente vestido de guayabera blanca. Va directo donde la Presidenta. Se agacha. Bachelet da vuelta la cara. Le coloca la oreja derecha a Ayala. El susurro dura 20 segundos. Y la Presidenta salta como un resorte, como si el flautista de Hamelín la estuviera llamando y llevándola al paraíso.
Son los quince segundos más dolorosos para mi incipiente úlcera: Bachelet está llena de emoción. Es una niña, una adolescente. Da un pequeño trotecito. Se agita. Sonríe. No ve a nadie, a pesar que en la calurosa sala hay alrededor de 500 almas. No se despide de nadie. No quiere despedirse de nadie.
Y en la sala hay ministros cubanos y chilenos, senadores (sólo chilenos), diputados (también, sólo chilenos), representantes cubanos (parlamentarios elegidos-designados en la singular democracia cubana), embajadores, líderes empresariales, dignatarios de la iglesia y público que quiere verla. Ella no los ve. No quiere verlos. Tiene una sola imagen en su cabeza: saludar y conversar de política con un anciano de 83 años. No es su "príncipe azul", pero se parece en sus ideas revolucionarias de los años 70.
La que sale de esa sala con rumbo al hermoso barrio de Siboney es Verónica Michelle Bachelet Jeria. No es la Presidenta de todos los chilenos.
Una (o un) Presidenta (e) de Chile no sale al medio de una ceremonia sin una razón digna de merecer. En el caso de la Presidenta de Chile, ella ES LA PRESIDENTA DE CHILE. Así con mayúsculas. No es quien quiere ir a conversar con un anciano de 83 años que ni siquiera tiene un cargo protocolar en la propia Cuba, por más que aún mantenga el liderazgo en la isla.
La que salió de la sala donde se realizaba la magna ceremonia no era la Presidenta de Chile. Era Verónica Michelle Bachelet Jeria. La que sufrió los oprobios de la dictadura de Pinochet, la que fue exiliada, la que fue torturada, la que fue humillada, la que a pesar de todos esos dolores, es capaz de llevar a otros viajes (no a éste) a los que fueron cómplices de esos dolores y humillaciones y que hoy la critican. La que vio y escuchó y se sintió extasiada con las ideas revolucionarias del Fidel Castro de los años 60, 70 y 80. La que sintió protección y seguridad en la isla para ella, su familia y sus compañeros de ideas.
Por eso es que creo que la que salió ayer de esa sala no era la Presidenta de Chile, siendo que llevaba el cuerpo de Michelle Bachelet.
A un Presidente de Chile no lo sacan así como lo hicieron con nuestra lidereza. A un Presidente de Chile no lo llevan en un auto sin destino claro por mucho que su acompañante sea el Presidente de Cuba. Un Presidente de Chile nunca debe quedar sin protección personal y ayer Bachelet quedó a merced de los guardias de los hermanos Castro. A un Presidente de Chile se le trata con la dignidad y toda la pompa que merece el respeto por su cargo. No me reúno con ella cuando "a mi se me antoja" por mucho que uno tenga que respetar a los ancianos de 83 años, por pasados de moda que estén.
Les voy a pedir que se imaginen estas imágenes: Pinochet gobernando y está en España (imaginen, no más...) y se acerca el mismo Jefe de Protocolo. Hace el mismo gesto y Pinochet sale trotando con taquicardia en busca de su líder terrenal, el dictador Francisco Franco. Estaría protestando hasta Condorito y exigiendo una explicación en nuestro país.
Yo al menos no veo a Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz Tagle y menos a Ricardo Lagos, interrumpiendo una ceremonia para ir a conversar de política con un anciano. Menos al mediodía. De política se habla en la noche, con un vino Cabernet Sauvignon o un Merlot en Chile o con un ron o un mojito, en Cuba.
Y menos que después, ese mismo anciano, apenas se vaya de su casa en Siboney, Verónica Michelle Bachelet Jeria entregue una columna al diario oficial de Cuba, asestándole una cuchillada por la espalda a la Presidenta de todos los chilenos.
Eso en nuestro país se llama "falta de hombría" y en Cuba una "mariconada"...

que pasa por tu cabecita bachelet dijo
Triste episodio.
15 Febrero 2009 | 10:32 PM