¿ADMINISTRACIÓN COMUNAL O PRODUCTORA DE EVENTOS?

Municipios rurales poseen bajísimos presupuestos y escasas posibilidades reales para incrementarlos. Pese a ello, gastan gran parte de sus dineros en reiterados shows y eventos artísticos de calidad más que discutible, con el único propósito de ‘marear' a la población evitando que esta se dedique a ‘pensar comuna'.  Un ejemplo de ello es la nueva administración edilicia  en Coltauco, que lleva solamente dos meses de gestión y ya ha financiado CUATRO eventos masivos de cumbias, salsas y bailoteos...asuntos que el alcalde considera actividades netamente ‘culturales' (¿?).  

Arturo Alejandro Muñoz

SOLAMENTE DOS VECES en mi larga vida he tenido que asistir obligado por circunstancias laborales a presenciar -y de algún modo, participar- en festivales populares. La primera ocasión en que debí estar en uno de ellos ocurrió hace ya  lejanas décadas, cuando el profesor Patricio García nos endilgó un trabajo de investigación sociológica en terreno, específicamente en el Festival de Piedra Roja, en Santiago, que fue el émulo chilensis de Woodstock.

Era el año 1970 y nosotros, en ese entonces jóvenes universitarios, creíamos que el mundo nos pertenecería apenas lográsemos titularnos. Fui a los Dominicos, asistí durante dos jornadas al festival de Piedra Roja y, a decir verdad, lo pasé ‘chancho'. A mi trabajo investigativo, con exposición y todo, el Pato García lo calificó con nota 6,0. Todo un éxito para un alumno de tan exigente académico (García dirigiría luego, desde 1971 a 1973, la exitosa Editorial Quimantú, hecha cenizas y polvo por los ‘cultísimos' integrantes de la brutal Junta Militar de Gobierno).

Pero, lo que aprendí y   vivencié directamente en los Dominicos resultó impagable e inigualable. Ello sigue siendo uno de mis escasos motivos de orgullo profesional, pues un evento como el realizado en Piedra Roja jamás ha vuelto a repetirse en este Chile melancólico, pusilánime y doble estándar.

Muchas décadas después -ahora, en el año 2009- otro ‘jefe' (Luigi Salerno) me solicitó que estuviera presente al menos en una de las jornadas del Festival de Verano organizado por la Municipalidad de Coltauco, el cual se llevaría a efecto en el estadio de ese Municipio. Recordé Piedra Roja, los hippies, la rebeldía, la nueva conciencia juvenil, las chiquillas y muchachos decididos a desafiar el establishment de esos años, el amor libre, la música, la pugna popular por construir una sociedad más justa y solidaria, la alianza obrero-estudiantil-poblacional dispuesta a combatir las desigualdades y entregar un ejemplo al mundo derribando las barreras del clasismo y la soberbia patronal.

Piedra Roja fue un evento musical, al menos así comenzó, que a decir  verdad tuvo un alma distinta, una conciencia explosiva que delineó rumbos sociopolíticos nuevos, atrevidos,  a tal grado que imbuyó de energías frescas a una sociedad hasta entonces muy provinciana y demasiado dependiente del establishment norteamericano. A partir de ese evento, la juventud chilena dijo 'Presente' y marcó camino señero cuyo recorrido de solamente tres años -hasta el fatal golpe de estado del 73- delineó el atisbo de una patria distinta, solidaria, justiciera, soberna e independiente.

¿Habría algo de aquello -un  mínimo atisbo al menos- en un festival  veraniego de una comuna rural dirigida por un alcalde (supuestamente) socialista en esta primera década del siglo veintiuno?  ¿Habría algún retazo rescatable del Chile solidario y valiente del año 1970? ¿Me reencontraría con los casi olvidados aspectos culturales que la izquierda (la de verdad) siempre ha impulsado? Eso esperé, ya que después de todo, en Coltauco hay ahora una  novel administración ‘socialista' que fue electa luego de una larga presencia edilicia de la derecha conservadora, por lo que era dable suponer que algo de lo mencionado podría encontrar allí, incubándose desde las cenizas de la igualdad y la cultura.  Craso,  grueso y total error. Y enorme decepción también.

Lo que presencié en los terrenos del Estadio Municipal de Coltauco la noche del sábado 14 de febrero pasado, fue, a no dudar, una inevitable comprobación de cuánto ha  cambiado su ideario (¿o lo ha traicionado?)  la vieja tienda de Ampuero, Allende y Almeyda, que hoy confunde -al menos en muchas comunas rurales-‘chabacanería' con ‘pueblo', y ‘farándula barata' con ‘gobierno comunal'.

Consignemos un hecho cierto, un asunto que ha dado la pauta para que de un extremo se pueda pasar al opuesto absoluto: durante la larga administración UDI-RN (con Rosa Vial a la cabeza del municipio), a Coltauco se le prohibió ponerse al día, ‘aggiornarse', integrarse a la década de este nuevo siglo, democratizarse y abandonar los rasgos de un extemporáneo inquilinaje que aún sigue presente merced a la soberbia e imposición patronal de cuatro o cinco familias de hacendados y latifundistas que gobiernan el lugar desde tiempos remotos.

Es así que a lo largo de doce años, los coltauquinos hubieron de mirar con ojos de carneros degollados lo que se realizaba en comunas aledañas como Doñihue, Peumo, San Vicente, etc. Allá, la gente disfrutaba -cuatro o cinco veces al año- de eventos musicales, de shows y espectáculos, donde los vecinos podían ver, en persona y casi  cara a cara, a ciertos artistas de la farándula televisiva y a cantantes de moda, o de semi-moda.  Mientras tanto, en Coltauco, la administración puritana derechista organizaba anualmente dos o tres fiestas criollas y privaba a su gente de espectáculos masivos populares como los realizados en otras comunas. Por cierto, los eventos realmente culturales fueron escasísimos en esos doce años,  rescatándose únicamente la Escuela de Música y algunas obras de teatro presentadas en el gimnasio y liceo municipal. Eso, y nada más. Por tanto, ni cultura ni espectáculos fueron actividades de común ocurrencia. Pero la carencia de shows faranduleros quedó presente en el alma coltauquina como un pesado fardo de retraso y aislamiento.

Hasta que, por fin, llegaron los socialistas de nuevo cuño, aquellos que defienden el neoliberalismo y administran la herencia pinochetista con  amor y dedicación absoluta. Decidieron dar un golpe de timón en la comuna imprimiéndole un extraño giro a ciertos eventos, ya que para ellos ‘cultura' es, por ejemplo, escuchar al "doble de Zalo Reyes", más conocido como el "Gorrión" de no sé dónde.  La nueva administración municipal coltauquina está convencida de que eso es "cultura", y lo jura sobre la Biblia porque en realidad (esto no es una ofensa gratuita, sino una verdad del tamaño de una catedral)  es lo único que  le resulta posible de digerir, ya que todo aquello que esta actual administración no es capaz de  bailar, trotar, tragar, chupar, silbar o aletear, le significa simplemente un asunto ininteligible y lejano, tan lejano e ignoto como leer a Sartre o escuchar declamar poesía a Armando Uribe. "Cultura" entonces, pasa a ser la cumbia, la salsa, el chiste picante, el griterío psicopático de mil jovenzuelos(as) berreando para que algún ‘artista' se empelote en el escenario y lance una o más prendas al respetable.

Ante un estupendo marco de público que bordeaba las tres mil personas, el mentado Festival de Verano organizado por el municipio de Coltauco fue mucho de  eso, o mejor dicho, fue únicamente eso. Incluso el locutor, presentador o animador -que luego supimos era ni más ni menos que uno de los dos Relacionadores Públicos del Municipio (¿dos?, sí, dos, aunque usted no lo crea)- cometió imprudentes chascarros, dignos sólo de propagandistas políticos de tercera o cuarta categoría. Del simple tropezón producto de la  carencia de  profesionalismo, pasó con vertiginosa rapidez al "yanaconismo" alabando cual profeta bautismal al alcalde para que este hiciese subir al escenario a su esposa ("nuestra Primera Dama comunal", dijo el desafortunado animador) para besarla en público y "agradecerle por haberle dado tres hijas hermosas", con lo que el edil creyó festejar de esa laya el día de San Valentín, "o de los enamorados y del amor", fecha inventada por los dueños de los mismos establecimientos comerciales que esquilman a la gente y que, además, explotan sin misericordia a sus propios empleados, esos que el Partido Socialista dice defender. ¿Quién entiende algo de tamaña incoherencia e inconsecuencia ideológica? 

Un bodrio...si todo eso sigue siendo considerado "cultura" por la administración edilicia. Una vergüenza, si ello constituye la base del actual gobierno comunal.

LO QUE NINGUNA ADMINISTRACIÓN MUNICIPAL DEBE OLVIDAR

Pareciera que es muy profundo el abismo que separa a las autoridades municipales de las necesidades de la población, pues en esa hondonada mueren definitivamente las esperanzas que los ciudadanos pusieron en aquellos candidatos a los que entregaron sus preferencias electorales.

El error comienza cuando las autoridades edilicias creen que deben gobernar "para sí mismos o para el país y su historia", y no para la comuna y su gente. Si de gobernar el país se trata, allí están los mandatarios, ministros y legisladores de ambas cámaras encargados de tal tarea. En cambio, alcaldes y concejales deben "administrar la comuna que los electores colocaron en sus manos", lo cual significa atender y satisfacer las solicitudes de la gente expresadas en impetraciones comunitarias avaladas por necesidades tangibles. Desgraciadamente, esto es considerado por algunos alcaldes como tareas menores, y creen que sus cargos se asemejan y/o superan las responsabilidades de un legislador (sea este senador o diputado), pero en beneficio propio y de su cohorte de serviles. 

También es dable toparse por ahí, en alguna comuna alejada de las grandes metrópolis, con alcaldes que se consideran a sí mismos entes políticos más trascendentes y vitales que un Presidente de la República. A este tipo de espécimen el mote de "Gatopardo" le cae de perillas, pues se trata de caudillejos cuya fuerza real se diluye no bien abandonan la comuna para efectuar un trámite personal en la ciudad más cercana, donde política y socialmente pesan menos que un suspiro en un canasto.

Por cierto, también hay alcaldes dignos de ser aplaudidos, reelegidos y públicamente felicitados. Son los menos. Desgraciadamente no conozco ninguno con esos atributos...quizá los lectores puedan echar más luz al respecto, pues tengo algunos amigos que aseguran que existen personas como las así destacadas, aunque  jamás han podido identificar a  ninguna de ellas con  nombre, apellido, comuna y tienda política. A lo mejor esos ediles existen, pero se encuentran atrapados por la fantasía popular y andan de viaje turístico en el Caleuche, y yo, escéptico incurable, estoy criticándolos injustamente.

Consignemos un acuerdo tácito: la mayoría de las autoridades comunales en nuestro país empuja proyectos que a la población poco importan,  mientras que aquellas necesidades que esa misma población estima insoslayables, son desestimadas (o desconocidas) por las autoridades. Entonces, como una forma de justificar su triunfo en las elecciones, muchos ediles barruntan -equivocadamente- que la gente sólo quiere jarana, fiestas, shows, bailongos y tomateras. Convencidos de ello, esos alcaldes comprometen gravemente parte importante del escaso presupuesto municipal organizando, sistemática y quincenalmente, fiestocas populares para que la gente se obnubile, se maree y olvide no sólo exigir lo esencial sino también las penurias que la llevarían a impetrar lo principal.

En el caso de Coltauco, cumplidos recién los dos primeros meses de gestión administrativa "socialista", la comuna ha presenciado ya CUATRO eventos masivos, o shows populares, en los que actuaron algunos escasos "famosos" y un alto  número de imitadores, ‘dobles' y similares.  Contratados por el municipio, obviamente; y no son nada de baratos. Ah...ojo, pestaña y ceja, porque en abril viene la Fiesta de la Vendimia (a la que el alcalde desea cambiarle el nombre, como si ello fuese condición sine qua non para atraer turistas de allá y de acullá), evento que tradicionalmente ha sido el más relevante en la comuna y, por tanto, ocupa  un significativo volumen del presupuesto municipal.   Nadie discute que la recreación constituye parte significativa del bienestar, pero aunque es bueno el cilantro.

Desde la perspectiva netamente comunal, a la gente le interesan asuntos de vital relevancia para sus barrios y poblaciones, como por ejemplo: veredas , calzadas y calles asfaltadas; buena iluminación en calles y plazas para evitar ilícitos cometidos por delincuentes, o para impedir que se ‘achoclonen' grupos de muchachotes drogadictos y ebrios en una esquina;  también interesa a la gente contar con un eficiente sistema de retiro de desperdicios domiciliarios (léase ‘basura'), así como transitar por calles y veredas limpias y en buen estado, ojalá arboladas y con plazas hermosas,  rodeadas de jardines y juegos para los niños;  por cierto, la locomoción colectiva es uno de los puntos esenciales,  aunque desgraciadamente en este asunto los alcaldes poco y nada pueden hacer legalmente (aunque sí  cabe la posibilidad de que los ediles ‘hinchen las nueces' a otras autoridades para mejorar esos servicios); y por último, Salud y Educación -que son los sectores generalmente débiles de toda administración municipal- pero que representan el más alto ‘peak' de interés ciudadano.

En fin, quizás estoy pidiendo demasiado y de forma apresurada, ya que parafraseando a un viejo relator deportivo (de los buenos, de los inolvidables), puedo decir que "esto recién comienza, señores, esto va a comenzar".  Cuando el municipio deje el chacoteo a un lado y enfrente los problemas y necesidades de la comuna, recién entonces podrá otorgársele carácter de seriedad a la actual administración.