CON TODO RESPETO, YO NO CREO QUE EXISTA EN CHILE UN ESTADO PRECARIZADO
René Dintrans A.
Más bien, y con el permiso de la Academia, percibo, un Estado absolutizado. En efecto, veo un exceso de poder del Estado. El co-gobierno de la Concertación & la Derecha tiene al pueblo de Chile por las cuerdas, así es, y nadie puede desmentir sin mentir, que un puñado de chilenos, emparentados entre sí controlan al resto, es decir, nos controlan a la inmensa mayoría, a todos los que no estamos en la línea de lo que dicta su estirpe que se emboba con escuchar decir, pomposamente, que se trata de la "aristocracia castellano-vasca", a pesar que es tan mestiza, tan negra, tan india, salvo ligeros matices, como lo es, honrosamente, la clase media o el pueblo.
De aristocrática no tiene nada, tiene si un largo historial, de abusos y de explotación. Se trata de la vulgar clase latifundista refundida con la próspera burguesía industrial, y sobre todo con la financiera.
Lo digo en un tono de amistosa descripción, no de recelo, resentimiento, ni de lamento.
Así es la verdad de las cosas, y la piedra angular de esta dominación, es la famosa Constitución del 80, modificada y puesta al día, por las sucesivas administraciones concertacionistas, que concurrieron con sus altísimos quórum, cada vez que hubo que corregir lo que se les pasó por alto a sus redactores durante la sangrienta oscuridad de la Dictadura.
Para nadie es un secreto que ésta, fue pensada y redactada por esa elite, nadie cree que fue el difunto dictador el que la elaboró, a pesar que se habla tranquilamente de la dictadura de Pinochet, y no de la dictadura de la Derecha, como debiera ser denominada si se quiere llamar pan al pan, y al vino vino.
Desde luego que sería un despropósito achacarle al capataz y a sus gorilas la autoría de tan perfecta Constitución, perfecta dicho en el sentido de prolongar en "democracia", la dictadura de una clase social - la dominante -, sobre el resto de la población.
Y no les costó mucho por lo demás, a los que fueron elegidos con los votos del pueblo mayoritariamente de Izquierda, el darse vuelta la chaqueta.
El neoliberalismo fue proclamado dogma al otro día del mítico triunfo del NO.
De modo que la política económica, la que emana desde los ministerios de Hacienda, no es una muestra de precariedad del Estado, es por el contrario la demostración elocuente de su poder sobrexcitado, de su desmedido e incontrarrestable poder.
El Estado facilita las cosas a los empresarios en desmedro de los obreros. El Estado se resta de fijar precios, de cautelar los derechos de la mayor parte de la población. El Estado reprime con el matonaje uniformado toda manifestación de rebeldía de ese pueblo trabajador que se resiste a ser explotado, abusado, humillado, anulado.
Los poderes del Estado, controlados por el sentimiento de pertenencia de una clase, y con el acicate de jugosos intereses a repartir con la expansión absoluta de les da su hegemonía, han dado los resultados que tenemos a la vista: ser Chile uno de los estados en que existe más desigualdad de ingresos en el planeta, y en que el poder de los sindicatos obreros ha sido reducido a un valor cercano a cero.
Capítulo aparte, es la demostración que el Estado de Chile saca a relucir una ley maldita, la antiterrorista, que consiste en auto-concederse un instrumento que reproduce las facultades omnímodas que tenía el dictador para perseguir a los disidentes, esta vez, contra la elite del pueblo, de la nación mapuche.
Si hasta fuimos increpados por el tío Sam por esta vergüenza, que para todos los chilenos bien informados, no fue novedad el que se denunciara que se aplica sistemáticamente contra los mapuches que se resisten, como es su tradición, a que su pueblo continúe siendo abusado, ahora, por los empresarios forestales e hidroeléctricos, hijos predilectos de la política económica, y protegidos por la convergencia del poder estatal ejecutivo en coordinación de otro poder del estado, el judicial. Mal que mal, estos empresarios se encargan de subir las estadísticas de crecimiento del producto en detrimento de las riquezas naturales no renovables.
Para el pueblo lo que es del pueblo, porque el pueblo se lo ganó.
Así decía una entrañable canción que quedó en el imaginario popular. De manera que su poder debe renacer de su propia acción y todo hombre de buena voluntad que quiera representar al pueblo, debe sumarse al pueblo como uno más. Los líderes son efímeros, juegan su papel en determinados momentos, me refiero a los auténticos líderes populares, a los anónimos luchadores sociales. Si un hombre quiere ganarse el respeto del pueblo, debe ponerse al lado de su lucha social, que no comienza ciertamente cuando es necesario conseguir sus votos.
