Vago Anónimo

Las razones

¿Hay que hacer desaparecer el PS?

La firme, ¡Sí!

No más tarde que ayer el PS, -esa casa de locos en el seno de la cual, y ya es decir, bajo el puño algo tembloroso de Escalona, un Ricardo Lagos se creía Bonaparte, un José Miguel Insulza se veía en Talleyrand y un Marcelo Schiling intentaba vestirse con las ropas de Fouché-, terminó por parecerse a los Balcanes: cada corriente se petrificó en etnia, depuró el territorio del cual pudo apoderarse, ubicó a su cabeza un toqui, un jefe de guerra que vendió al militante de a pie al mejor postor.

Desde entonces habría que compararlo más bien al Cáucaso. Incluso Osetia del Sur y Abjasia hicieron secesión, una tribu, una tendencia, ésta se acercará a la DC, la otra se ofrecerá al PPD, hay quién piensa que Piñera no es tan malo e incluso quién va a felicitar a Novoa, el flamante nuevo presidente del Senado.

No se trata de excomulgar la "idea" socialista, que de todos modos, como todas las ideas, sobrevivirá a todas las condenas e incluso, gran hazaña, a sus propios defensores.

¡Sería el colmo no poder ser "socialista" cuando se puede ser Legionario de Cristo, miembro del Opus Dei, pretender que el universo fue creado en seis días ni uno más ni uno menos, o bien adorar el mercado, preconizar y practicar el retorno a la ley de jungla, yendo demasiado frecuentemente hasta comportarse como un esclavista!

Los mundos modelados y las sociedades que vinieron con ellos siempre fueron, previamente, mundos imaginados y sociedades pensadas. Ahora bien, raramente, sin duda, hemos tenido tanta necesidad de imaginar otro mundo y de pensar otro modelo de sociedad.

Vivimos una mutación económica, social y cultural de tal amplitud que o bien somos colectivamente capaces de movilizar, en el mejor de los casos, la dinámica en provecho de nuestro propio modelo, o bien, en el peor, seremos nosotros mismos los que seremos modelados por esta dinámica ya enloquecida.

He ahí porqué vuelven a ser necesarios los portadores de alternativas. Y por el contrario, son inútiles los simples sustitutos de su propio proceso de auto reproducción.

En este sentido, un partido como aquél en que se ha transformado el Partido Socialista no sirve para nada.

Sólo su desaparición podría favorecer la emergencia de nuevas fuerzas que, gracias a nuevas alianzas, permitiría ampliar el universo de lo posible.

El PS, encerrado en el mundo de ayer, utiliza un discurso de antes de ayer como coartada a su sumisión a la peores desviaciones del mundo de hoy, incapaz como es de preparar, de pensar y de anticipar el mundo de mañana.

Razón más que suficiente para que el PS desaparezca. 

El nuevo capitalismo, financiarizado y deshumanizado como nunca en su historia, está expulsando ineluctablemente de su esfera de dominación los avances del liberalismo emancipador del individuo y los aportes del reformismo democrático portador de emancipación colectiva, sin que el PS esté en situación de oponerle el menor contra proyecto social, humanista.

Razón más que suficiente para que el PS desaparezca.

Frente a la ofensiva más brutal, más eficaz, y sin duda más inteligente, de los últimos treinta y cinco años, por las fuerzas de regresión, ofensivas que se pudo vencer en los años setenta gracias a la unidad del pueblo, el PS aparece como un obstáculo a la construcción de toda nueva alternativa.

Razón más que suficiente para que el PS desaparezca.

Porque está prohibido, por angelismo ideológico, confrontar el desafío lanzado por una dinámica neoliberal intrínsecamente portadora de inseguridad, y porque la lucha contra la inseguridad se ve limitada al combate contra el pequeño delincuente olvidando de adrede la precariedad potenciada por el dominio del gran capital con el cual se colabora.

Porque a  fuerza de querer hacer del individuo el instrumento casi pasivo del determinismo social, se ha contribuido a hacerle aceptar el mundo tal cual es, sin pensar el mundo como debiese ser.

Porque ha perdido el contacto con aquellos para los cuales la seguridad está prioritariamente constituida por la libertad, osaremos decir la simple posibilidad, de ganarse la vida.

Porque por pusilanimidad conceptual ha desertado y abandonado el terreno ineludible de la lucha social a los "extraparlamentarios" y "díscolos" de todo tipo.

Porque ha favorecido la desvalorización económica y social del trabajo, iniciada por los eliminadores  neoliberales, participando imprudentemente a su desvalorización ontológica.

Porque ha aceptado e intenta hacer aceptar la educación y la salud como fuente de lucro, y participa  activamente, testaferros mediante, en la colecta de los beneficios.

Porque en vez de proclamar la unidad de la nación latinoamericana se suma a los aullidos xenófobos y nacionalistas del neofascismo local.

Porque protege y profundiza la institucionalidad legada por la dictadura y el modelo económico que satisface las ansias de rentabilidad exacerbada de capitales nacionales y extranjeros.

Porque ha llevado hasta la esquizofrenia más lamentable el divorcio de las palabras con las cosas que suponen designar.

Porque las traiciones patentes que lo minan son el fruto de las traiciones latentes en que navega.

Porque al amor universalista del género humano sustituyó poco a poco el odio sado-ombliguista de sí mismo.

Porque en vez de movilizar desmoraliza, y que en vez del ministerio de las masas prefiere la Sub-secretaría de la tribalidad.

Porque ha terminado por despreciar al pueblo que le falta, instrumentalizando con este fin el concepto abusivamente utilizado de "progresismo".

Porque ha puesto, para dispararle en la espalda a los suyos, el ardor que ya no consagra en convencer a los suyos de dispararle al enemigo.

Porque sus dirigentes se integraron poco a poco, existencialmente y mentalmente, a la "esfera" que sus propios militantes, excluidos de ella, aborrecen. 

Porque ha integrado en su seno, y sólo en su seno, todos los antagonismos y todas las contradicciones de las cuales pretendía ser la solución en el seno de la sociedad.

Porque, en un solo empeño, niega la realidad y asesina los sueños, hunde los reencuentros y sabotea las resistencias.

Por todas estas razones es de urgente urgencia hacer desaparecer al PS.

No en las mazmorras de la dictadura, ni en las profundidades del océano en el que arrojaron los restos mortales de los desaparecidos, ni en los directorios de las multinacionales que frecuentan sus dirigentes, ni en las elegantes oficinas dispuestas para quienes construyen su propio futuro en las sinecuras que distribuye el imperio, ni en la fusión confusión de una entelequia única para correr tras una Internacional agonizante.

Simplemente proclamando su disolución.

Para hacer posible el renacimiento de la organización popular, para resucitar a los muertos a los que se les falta el respeto cada vez que se les sepulta con flores hipócritas.

Para salvar el socialismo como idea, hay que comenzar por hacer desaparecer el PS.