Miguel Ángel Solar 

Injustamente ha sido combatida la fiebre. El libro de  pediatría de Meneghello, el más internacional sobre temas médicos editado por algún chileno,  dice en la  tercera edición, página 479: "teóricamente la fiebre ni debería bajarse, porque probablemente es ella misma la que autoelimina muchas veces infecciones, sobre todo  víricas".  Anteriormente el mismo texto expresa: "... para el médico, la fiebre es en primer lugar una voz de alerta de la existencia de enfermedad.... señal de buen pronóstico en muchas enfermedades  y seguramente real agente terapéutico en otras.  No se ha podido demostrar que la fiebre aún alta, sea  capaz de dañar ningún tejido".

En un artículo de la Revista de Pediatría Norteamericana, Kluger en  1980, cuenta que "estudios con animales infectados con bacterias y virus han demostrado, que las fiebres moderadas elevan las tasas  de sobrevida"; es decir se mueren menos en comparación con aquellos a los cuales se les baja la fiebre.

Para los autores anteriores, la fiebre no sería un enemigo, sino un estimulador de las defensas. Por lo demás con sus calofríos el organismo hace un gran esfuerzo para producirla.  Sin embargo, algunos la combaten porque supuestamente quieren evitar la convulsión febril; pero citando de nuevo a Meneghello leemos que "la fiebre es capaz de dar -sobre todo en el ascenso inicial- convulsiones simples en los  niños susceptibles a ellas, pero las  convulsiones simples no son peligrosas, sencillamente porque por  definición, son fugaces y además no es usual  que se repitan en la misma enfermedad".  Si las convulsiones febriles se  producen, sobre todo en el ascenso inicial, no tendría sentido bajar la fiebre para que no se produzca la convulsión, si la fiebre está alta, la convulsión no se  produjo y, si se baja, corremos  el riesgo de que vuelva a subir y allí sí tener una convulsión.

A los datos bibliográficos debemos agregar, en defensa de la fiebre, una  reflexión de sentido común  y que las  madres entienden con toda facilidad.  El paciente con fiebre sufre  un  decaimiento y en el caso del niño, éste  busca espontáneamente el reposo, incluso en cama, lo cual es un hecho favorable para la enfermedad; si  bajamos la fiebre provocamos una falsa  sensación de mejoría y de bienestar, ilusoria pues el antipirético no es enemigo de virus sino, según Kluger, amigo del  virus, y  el paciente tiende a estar levantado y si es niño a salir al patio para cansarse, mojarse o asolearse, corriendo así el riesgos de presentar una complicación  bacteriana como es la bronconeumonia.  La fiebre peligrosa o Hipertemia (sobre 41,5º), se da sólo en niños  deshidratados que no tienen agua para  eliminar calor mediante la sudoración.

La conducta ante la fiebre debiera ser de respeto e hidratación; en el caso de malestar, ventilar y ayudar a bajar un poquito el calor aplicando en la piel compresas con agua ‘deshumedecida' como decían  nuestras abuelas.

En clínica médica siempre se ha considerado prudente respetar el signo temperatura para poder observar la  evolución de la enfermedad.  En el caso  de la fiebre de los resfríos y gripes, esto es aún más importante, pues en el curso de esa enfermedad la temperatura tenderá a descender espontáneamente, si la evolución es normal. Un curso descendente interrumpido por un alza, es una señal importante de la  aparición de una complicación bacteriana, como es la neumonía y que  requiere un cambio de conducta.  Si  estamos usando antipiréticos, perdemos un signo que anuncia una  complicación.

Entonces, si todo es tan claro, ¿por qué los médicos bajan la fiebre? En mi opinión, por dejarnos llevar por la cultura hedonística que considera el dolor como el mal, cuando sólo es una reacción frente a él; apagar la reacción, facilita el avance del agresor y hoy día, nada menos que un nuevo virus amenaza: el de la gripe porcina, el H1N1, lleva ya decenas de muertos.... ¿no será por bajar la fiebre?