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La Coctelera

THE PASKIN, UN DIARIO DELIRANTE Y DE MALA LECHE

PARA PONERNOS DE RODILLA NOS TIENEN QUE CORTAR LAS PIERNAS

14 Junio 2009

HISTORIA NO OFICIAL DEL FRENTE PATRIÓTICO MANUEL RODRÍGUEZ

01.- Los Años Verde Olivo

Galvarino Apablaza y Raúl Pellegrín en La Habana

La "Solidaridad" Cubana

La larga trama de la historia que daría nacimiento al Frente Patriótico Manuel Rodríguez comenzó en Cuba, solo un par de años después del golpe militar de 1973. Para ese entonces gran parte de los militantes comunistas y socialistas que habían escapado de la represión desatada en Chile, desalentados y masticando la amargura de la derrota, habían recalado en la isla caribeña en busca del amparo del gobierno de Fidel Castro.

Desde que habían llegado en sucesivas oleadas, los chilenos habían percibido dos facetas de la solidaridad cubana. La primera era una genuina intención por acogerlos. Pese a la mala situación económica del país, los chilenos recibieron departamentos y trabajos, postergando incluso a los cubanos. Pero al mismo tiempo también existía -y con el tiempo adquiriría mayor intensidad- una reprimenda a su fracaso. Esto último se traducía en enrostrarles su falta de habilidad, y lo que es peor, de valentía para hacer su revolución.

"Les faltó un Fidel y les faltaron cojones", es una frase que muchos chilenos escucharon. En momentos de ira, a los chilenos los trataban con uno de los más fuertes epítetos en Cuba: "Comemierda".

Primero en voz baja, luego sin tapujos, las autoridades locales consideraban a la izquierda chilena, y especialmente a los comunistas, responsable de su derrota. No habían sabido "defender sus conquistas", era el dictamen. Los chilenos sufrieron el desprecio de una elite gobernante que, para muchos, es sobre todo "machista-leninista" y cuyo mayor orgullo es haber llegado al poder por las armas y ser una espina en la garganta de la mayor potencia militar del mundo.

Fieles a la máxima de Ernest Hemingway -para quien "ser cobarde es la peor desgracia que le puede ocurrir a un ser humano"- los dirigentes de La Habana decían que no podían comprender que el golpe militar encontrara escasa resistencia, ni que los líderes de la UP huyeran sin "disparar un chícharo", como dicen los cubanos. El propio Fidel Castro había comentado a sus cercanos que la de los chilenos no fue una "derrota productiva", ya que, salvo Allende, ni siquiera dejó mártires, como su fracasado asalto al Cuartel Moncada, en 1953. Por "derrota productiva" se entendía al menos un legado de héroes caídos en combate para servir de ejemplos de lucha a los sobrevivientes. Esa visión crítica de la dirigencia de la UP -sobre todo de aquellos que alardearon que iban a incendiar el país y luego huyeron sin resistir- caló hondo, especialmente en las nuevas generaciones.

"La visión de los cubanos del fracaso chileno era terrible y por ello se los humillaba constantemente", dice el ex agente de inteligencia cubano, Jorge Masetti. "El razonamiento en Cuba era que los chilenos eran unos pendejos, lo que en Cuba quiere decir cobardes. Se decía que no habían defendido a Allende, que eso en Cuba no habría pasado". Incluso, los comentarios llegaban a la gente común. En más de una ocasión, cuando iba un chileno a una casa, no faltaba quien le dijera: "¿Y por qué no te quedaste a pelear?".

Contribuyó a exacerbar este clima de recriminaciones el que, en los primeros días, todos los chilenos fueron alojados en los más elegantes hoteles de la isla. En el hotel Presidente de La Habana, el ambiente inicial era tan depresivo que durante una reunión del comité de la Unidad Popular realizado en sus salones y después de haber escuchado largo rato los debates, uno de los chilenos miró el desorden en que estaban las instalaciones y dijo: "¿Y esta huevá querían hacer en Chile?".

La culpa que sentían los chilenos bajo el sol del caribe se repetía también en Moscú y en Berlín Oriental, urbes donde se habían instalado las máximas cúpulas del PC y el PS, respectivamente. En esas naciones, sus anfitriones les recalcarían continuamente que ellos sí habían sabido aplicar la máxima de Lenin: "La revolución no sólo hay que conquistarla, sino que hay que saber defenderla". Las cúpulas máximas de la izquierda chilena tomarían nota de esa discusión. Y es imposible entender lo que posteriormente sería el viraje del PC hacia la vía armada sin tener en cuenta esta fuerte presión político-sicológica.

La Oferta de Castro

Un caluroso día de junio de 1974 aterrizó en La Habana el máximo dirigente del PC chileno en el exilio, Volodia Teitelboim, quien residía en Moscú y lideraba el partido en reemplazo del secretario general, Luis Corvalán, detenido en la isla Dawson. En el aeropuerto José Martí, Teitelboim fue recibido por los dirigentes chilenos del PC en Cuba, Rodrigo Rojas, Orel Viciani y Julieta Campusano.

La principal actividad de Teitelboim fue una cita en el Palacio de la Revolución, donde acudió con Rodrigo Rojas para entrevistarse con Fidel Castro. El gobernante los recibió en su despacho con su hermano Raúl, segundo hombre del régimen; el jefe de la inteligencia cubana y máximo implicado en exportar de la revolución, Manuel "Barbarroja" Piñeiro y el viceprimer ministro Carlos Rafael Rodríguez. Excepto Raúl, todos habían estado en Chile durante la UP.

Como siempre, Castro monopolizó la palabra. A sus 48 años, seguía siendo el icono revolucionario latinoamericano. Sus interlocutores chilenos, en cambio, estaban marcados por una derrota que el mundo socialista les enrostraba día a día. "El gran error del gobierno de Allende fue no contar con una fuerza militar que lo defendiera", sentenció Castro.

Acto seguido, frente a sus perplejos interlocutores, Castro lanzó su propuesta para revertir la derrota; iniciar en las Fuerzas Armadas Revolucionarias Cubanas (FAR) un ambicioso proceso de formación de jóvenes comunistas chilenos, los que serían admitidos en escuelas de elite para graduarse como oficiales de carrera.

"Estos muchachos se formarán para que no vuelva a ocurrir la derrota de 1973", argumentó Castro y aseguró que los nuevos militares serían "para defender al futuro gobierno democrático... no para tomar el poder por asalto".

La última salvedad que el comandante puso sobre la mesa fue la siguiente: "Serán militantes suyos, pero yo seré dueño de darle la formación militar que estime conveniente". Las FAR contaban con cientos de asesores soviéticos, altamente calificados. "Todos nuestros oficiales piensan en ruso", acotó orgulloso Raúl Castro.

Teitelboim y Rojas aceptaron y agradecieron la inesperada oferta. Concluido el encuentro, Castro se despidió afectuosamente de los chilenos. Antes de abandonar la sala, el comandante señaló: "Este acuerdo lo voy a guardar yo en mi caja fuerte, porque es el acta de nacimiento de un nuevo ejército democrático para Chile".

Al matricular al contingente del PC en la escuela Camilo Cienfuegos, Fidel por primera vez abrió a un grupo extranjero las puertas de una escuela militar para oficiales de carrera. Se trataría ahora de una formación castrense en el sentido clásico, profesional, y no de simples insurgentes. Hasta ese momento La Habana solo había instruido en sus escuelas de guerrilla a los militantes chilenos del MIR.

"Fue un gesto absolutamente inédito: ya no se trataba de especialistas en sabotajes ni atentados, sino de la tentativa más audaz de crear un ejército paralelo en otro país", señala un ex dirigente del PC, actualmente retirado del partido.

"Los alemanes orientales, por ejemplo, dieron todo tipo de ayuda a la izquierda chilena, pero jamás permitieron que un chileno vistiera su uniforme militar", explica otro ex comunista formado en la isla. Según un alto dirigente del PC a quien Rodrigo Rojas le relató detalles del encuentro ese mismo día, negarse al ofrecimiento de Castro era "impresentable".

Si bien representaba un enorme giro en la tradición del partido, Teitelboim y Rojas aceptaron la oferta sin mayores reflexiones ni debates y la mantuvieron en estricto secreto por largo tiempo, sin informar, incluso, a la dirigencia al interior de Chile, encabezada por el ex sindicalista Víctor Díaz.

Inmediatamente instalaciones cubanas de entrenamiento militar del más alto nivel fueron puestas a disposición de los jóvenes comunistas chilenos. Bases como Punto Cero, Pinar del Río, o las Escuelas Militares Camilo Cienfuegos y José Antonio Maceo serian el punto de partida para los hombres que posteriormente formarían las filas del FPMR.

El Test De Los Cojones

Al subir a los buses verde olivo que los llevarían a la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, en 1975, los estudiantes comunistas chilenos iban cantando a coro. En el campus de Girón de la Universidad de La Habana, toda la facultad de Medicina fue testigo de la escena. La dirigencia cubana así lo había dispuesto. En la simbología castrista, era una señal de que comenzaba el largo camino en que la izquierda chilena expiaría sus culpas. A gran parte de ese grupo la historia le depararía un camino inédito. Ellos serian los primeros chilenos en formar parte del "Ejercito de Fidel".

La gran mayoría de esos jóvenes habían llegado a Cuba un año y medio antes del golpe, gracias a una invitación hecha por Fidel Castro durante su maratónica visita a Chile, entre noviembre y diciembre de 1971. En esa visita Castro ofreció 100 cupos para que jóvenes militantes de la UP, rigurosamente seleccionados, estudiaran gratis la carrera en la Universidad de La Habana. Un segundo grupo conformado por otro centenar llegó a Cuba en marzo de 1973. Casi todos eran humildes jóvenes comunistas y socialistas, aunque también había algunos miembros de la juventud del Mapu Obrero Campesino. Para todos ellos no había sido fácil la integración a la Cuba socialista y muchos la recuerdan como una época dura, salpicada por las disputas internas por el proceso político chileno y por el duro estudio, que hizo a más de la mitad desertar en los primeros años. Además, luego del golpe militar para muchos la alternativa de regresar a Chile se había desvanecido por completo.

Solo meses antes, los estudiantes de medicina habían sido citados a las oficinas del Comité Chile Antifascista de La Habana, en el barrio de El Vedado. Según relata un ex miembro del comité central del PC que residía en la isla, allí los esperaban el dirigente y ex diputado Orel Viciani, quien a cada uno le hizo una invitación formal: dejar sus estudios para transformarse en cadetes militares. "Nos dijeron que en ese momento, los fusiles eran más importantes que los libros para derrotar a la dictadura", relata uno de los reclutados. La gran mayoría aceptó la oferta. Habían vivido el naufragio de la UP, muchos tenían familiares desaparecidos y querían imitar a los exitosos revolucionarios cubanos.

"Había una suerte de gran remordimiento, se hablaban cosas terribles de la represión en Chile. En ese contexto moral, era muy difícil decir que no", relata el mismo testigo.

Sólo en contados casos la respuesta fue negativa. El estudiante Pedro Marín argumentó que quería aportar a la lucha, pero como médico. Se ganó el repudio de sus compañeros. Años después, Marín se "reivindicaría" combatiendo en Nicaragua e ingresando a Chile para integrarse a la red del FPMR encargada de darle asistencia médica a los combatientes.

El escritor Roberto Ampuero, quien hoy reside en Miami, también recibió la invitación para unirse a este destacamento, pero la desechó. Años mas tarde, en uno de sus escritos, justificó sus razones; "En 1975, en una tarde asfixiante y húmeda de La Habana, los dirigentes del Partido Comunista me citaron a una mansión de El Vedado para reclutarme como cadete para las escuelas militares de las FAR. Seríamos, supuestamente, los oficiales del ejército popular de un futuro Chile socialista. En ese momento, dos años después del golpe, el partido apostaba por la "crítica de las armas", la misma que había desechado sabiamente en el pasado. Guiado por un fogonazo de racionalidad, que se alimentaba de la convicción de que en Chile no bastarían unas columnas de rebeldes barbudos para derrotar al ejército chileno, rompí desilusionado con la tienda política. Quizás a eso le deba que aún esté entre los vivos. Muchos compatriotas jóvenes, militantes de partidos de izquierda, ingresaron entonces voluntariamente a las FAR cubanas, se hicieron oficiales y combatieron en guerras de Centroamérica y África. Suponían tal vez que esa experiencia en los trópicos les serviría más tarde para tomar el poder en Chile. Algunos cayeron en tierras lejanas, otros decidieron olvidar para siempre ese pasado y hay quienes realizaron acciones armadas y terroristas en el país. Todos ellos son piezas de un sorprendente y vasto plan, fraguado por políticos, que fracasó, significó frustraciones y también sangre, y del cual la mayoría de los chilenos nada sabe".

Entre los jóvenes que si habían adherido a la propuesta cubana estaba un activo militante comunista que había sido expulsado de Chile en 1974. Su nombre era Galvarino Apablaza Guerra -posteriormente conocido como el "comandante Salvador"- un joven de 25 años, al que la historia le depararía un papel protagónico en la insurrección armada chilena, pues llegaría a ser el máximo dirigente y cerebro político del FPMR.

En ese contexto, como Ministro de Defensa y segundo hombre del régimen cubano, Raúl Castro seria el responsable de la formación de los oficiales chilenos, a los cuales se sumaría su yerno, el chileno Juan Gutiérrez Fischmann, "El Chele".

La mayoría de los chilenos entraron a la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, la más prestigiosa de Cuba, a un curso de un año destinado a perfeccionar a oficiales jóvenes para mandos superiores.

"Los chilenos compartían las aulas y los dormitorios con nosotros y estaban distribuidos sobre todo en artillería terrestre y antiaérea", relata el ex capitán cubano Lázaro Betancourt, quién ingresó a la Camilo Cienfuegos en 1978.

A fin de llenar todos los cupos disponibles en la isla, muy pronto el primer contingente de ex estudiantes de medicina se hizo pequeño, por lo que el PC chileno comenzó a mirar hacia su militancia en otros países. Gracias a esto, en 1976 la isla empezó a recibir a hijos de chilenos exiliados en Europa Oriental que también deseaban enrolarse. Como el programa era secreto, estos jóvenes simplemente "desaparecían" de sus ciudades de residencia alemanas o soviéticas. Muchas veces ni sus padres sabían que estaban en Cuba.

Un ejemplo que marcó la senda de esta nueva oleada fue Raúl Pellegrín Friedmann, -conocido como el "comandante José Miguel"- quien en 1975 se trasladó con su familia desde Frankfurt para alistarse en la Camilo Cienfuegos.

Raúl Pellegrin, durante su exilio en Alemania Oriental.

A medida que transcurrió el tiempo, el destacamento chileno del PC se fue pareciendo cada vez más a un pequeño ejército a medida que Castro amplió su oferta, incorporando más centros de instrucción al proyecto. Un ex oficial chileno del ejército cubano, estima que en 1982 se habían formado en la isla por lo menos 200 compatriotas como oficiales, distribuidos en especialidades que iban desde blindados hasta pilotos de helicóptero.

Según un ex exiliado que estuvo en Cuba en esos años y que conoció a varios reclutas, la temida Dirección General de Inteligencia cubana (DGI) también enroló a algunos chilenos, mediante un programa especial de ese organismo para captar a cadetes de la Escuela Camilo Cienfuegos como agentes, sin que se enteraran sus compañeros. Incluso, diez chilenos pasaron por la Escuela Naval cubana Granma.

"Contábamos con todas las especialidades. Si el FPMR no llegó a tener pilotos de aviones de combate fue porque los pilotos cubanos se formaban en la Unión Soviética", se jacta un ex frentista que en 1991 fue gravemente herido en una acción en Santiago, donde fue el único sobreviviente.

Una vez graduados, los oficiales chilenos se integraron sin distingos a la oficialidad isleña: vestían de verde olivo, cumplían turnos guardias y estaban bajo oficiales superiores cubanos. Casi todos pertenecían al PC. La excepción era un puñado de socialistas, "no más de diez", asegura un protagonista de esos días. Con el correr de los años, decenas de otros chilenos pasarían por las aulas militares cubanas.

La escuela José Antonio Maceo -ubicada en Santiago de Cuba- recibió en 1982 al primer contingente de chilenos llegado íntegramente del interior de Chile. Habían salido clandestinamente del país para entrenarse en la isla. Estos jóvenes pasarían mas tarde a ser los mandos medios del Frente, ya que los comandantes se habían formado en el Ejército.

Campos de instrucción cubanos

Como ese mismo año el centro trasladó sus instalaciones a un complejo militar en la Isla de la Juventud -frente a las costas del sur de Cuba- los miembros de esa generación fueron bautizados como "los jóvenes". Mientras los "camilitos" tenían una formación militar estándar que completaron con cursos posteriores, los "jóvenes" accedieron a una formación completa de oficiales, partiendo como cadetes y egresando de alférez. Teórica y técnicamente estaban mejor preparados.

La Reunión De Kuntseva

En agosto de 1977 tuvo lugar en la Unión Soviética el primer pleno del comité central del Partido Comunista chileno en el exilio. El lugar escogido fue una cabaña que perteneció a Stalin, en el espeso bosque de Kuntseva, al suroeste de Moscú. La mayoría de los dirigentes lo ignoraba, pero en esa cita iban a escuchar por primera vez a "Salvador", Sergio Galvarino Apablaza, el líder de los oficiales del PC formados en las escuelas militares cubanas.

En sus memorias, el dirigente Luis Corvalán recuerda: "Sólo cuando salí al exilio me impuse del esfuerzo que habían hecho los compañeros del exterior en la preparación de cuadros militares y cuánto había avanzado el partido en este aspecto. En el pleno de agosto habló uno de esos cuadros, "Salvador". Desde el fondo de la sala avanzó hacia la presidencia de la asamblea, se cuadró como militar y, dirigiéndose a mí, habló también como militar. Dijo: -¡Compañero secretario general, permiso para dirigirle la palabra al pleno!".

Otros testimonios que corroboran esta historia detallan la sorpresa que causó el ingreso de Apablaza. Vestido con el uniforme verde olivo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas (FAR), "Salvador" taconeó sus botas y habló con inconfundible acento caribeño. Al dirigirse a la audiencia, "Salvador" sintetizo el pensamiento de los jóvenes oficiales chilenos que se preparaban en Cuba, en una intervención breve y concisa. En ese entonces eran muy pocos los líderes del PC que sabían que, desde 1975, más de 200 jóvenes comunistas habían ingresado a las Fuerzas Armadas Cubanas para formarse como soldados de "un nuevo ejército para Chile", según ofreciera Fidel Castro.

El ex senador Orlando Millas -en ese entonces tercero en la línea de mando comunista- reconoce en sus memorias que sólo se enteró del proyecto meses después y a grandes rasgos, en una reunión en Moscú con Volodia Teitelboim, Manuel Cantero y Gladys Marín; "Fue en esa oportunidad cuando supe del acuerdo al que habían llegado en La Habana dirigentes de los respectivos partidos, para que contingentes de militantes comunistas chilenos fuesen aceptados como alumnos en calidad de cadetes de la Escuela Militar de Cuba, manteniendo sus deberes disciplinarios de afiliados al PC, que podría disponer en cualquier momento de ellos para asignarles las tareas que determinásemos. La dirección del partido que actuaba en Chile, enterada mas tarde, no había hecho reparos y se entendía otorgado su consentimiento. El asunto implicaba mucho y nunca se debatió debidamente. Lo cierto es que al incorporarme al Coordinador Exterior muchas preocupaciones estaban dirigidas a la incorporación de nuestros noveles cadetes. Un dirigente estimaba que contribuir al enrolamiento era cuestión de honor revolucionario para las familias del partido y para los más meritorios jóvenes comunistas del exilio. Más tarde conocí a los muchachos, flor y nata de nuestra gente, de condiciones personales superlativas. Se reclutó para esta tarea a lo mejor de lo mejor de la nueva generación del exilio. Me impresionó conocerlos en Cuba. Era un grupo noble y valiente".

La Escuela en Alemania

Pero no solo Cuba fue escenario de la formación de jóvenes militantes chilenos en pos de una respuesta armada al régimen militar de Pinochet. Jorge Gillies fue un dirigente del Mapu Obrero Campesino que estuvo cinco años a cargo de los jóvenes que llegaban a Alemania Oriental y que ingresaban a las escuelas de cuadros que habían sido abiertas para los chilenos. Indica que además de preocuparse de sus notas, tenía que dirigir las cartas a sus familias en Chile, aunque siempre manteniendo el secreto sobre el lugar donde estaban sus hijos. Para no despertar sospechas de los organismos de Pinochet, las cartas eran remitidas desde países europeos occidentales, donde se suponía que los muchachos cursaban una beca universitaria.

"Se abrieron dos escuelas para chilenos en la RDA -dice Gillies- la del Partido Socialista Unificado Alemán estaba ubicada en Kleinmachnow, cerca de Berlín. La otra era la escuela de Wilhelm Pieck, para los cuadros jóvenes, y que yo llegué a conocer muy bien. Eran cursos políticos de nueve o 10 meses, en que se hacía un estudio sobre teoría marxista-leninista y su aplicación a la realidad concreta de Chile. Pero entre las dos escuelas había una diferencia. La de Kleinmachnow era la escuela del partido único alemán, que abrió un curso especial para los chilenos, mientras que la otra era una escuela internacional para estudiantes del tercer mundo, entre los que los chilenos eran una delegación más."

Calcula que fueron "centenares" los chilenos que pasaron por los centros de instrucción marxista-leninista en Alemania del Este, a los que en varias ocasiones seguían cursos de entrenamiento militar en Cuba, Bulgaria o en la propia RDA.

El caso de José Joaquín Valenzuela Levi, el "comandante Ernesto" del FPMR -quien dirigió el atentado contra Augusto Pinochet- es el más famoso, aunque Jorge Gillies no recuerda haber visto a Valenzuela Levi durante sus constantes visitas a Wilhelm Pieck, ya que la delegación chilena era una de las más numerosas en esa escuela de cuadros, ubicada al noreste de Berlín Oriental. Luego de su formación en la RDA, Valenzuela Levi partió a Bulgaria y desde allí a Cuba, para sumarse a los chilenos que se instruían en la isla. Sin embargo, Gillies aclara que la trayectoria seguida por este combatiente es una excepción, ya que la gran mayoría de los jóvenes que pasaban por ese centro y que llegaron a estar a su cargo siguieron caminos diversos. "Destacados parlamentarios, empresarios y ejecutivos actuales pasaron por ahí. Pero que cada cual decida si quiere contar esa experiencia, porque yo no voy a dar nombres".

La escuela alemana de Wilhelm Pieck.

Una Invitación a La Guerra

En 1978, tres años después de que en Cuba se iniciara el plan de formación militar para jóvenes exiliados chilenos en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, cundía el desánimo entre los jóvenes uniformados del PC. Pese a la generosa oferta de Fidel Castro de entrenarlos en los institutos militares de la isla para crear "un nuevo ejército democrático para Chile", la desazón de no poder ir a combatir contra Pinochet a Chile había hecho mella incluso entre los líderes de estos jóvenes. El propio "Salvador" -número uno de este contingente- barajaba en esa época la posibilidad de abandonar las filas. Otros tantos ya habían expresado sus deseos de cursar su baja, relata un ex comunista.

Según "Salvador" esos fueron momentos de profunda crisis dentro del destacamento; "Nuestra preparación militar fue concebida para la organización de un cuerpo de fuerzas armadas democráticas dentro de un posible gobierno popular y nuestra incorporación a esas estructuras. En ese momento, fruto de la lejanía, esa posibilidad se iba alejando y nuestro contingente entró en crisis. La mayoría de los hombres quería retomar las carreras que habían dejado a punto de terminar. Otros habían configurado su estabilidad emocional, y sentimental en Cuba. Los rigores de la vida militar hacían dudar a muchos de proseguir la carrera. Hubo un altísimo porcentaje de deserción".

Sin embargo, un acontecimiento internacional se convertiría en la "válvula de escape" para las fuerzas chilenas del PC. A fines de 1978, Fidel Castro necesitaba reforzar la ofensiva sandinista contra Somoza con oficiales calificados. La Habana había jugado un papel crucial en la insurrección nicaragüense -financió y entrenó a los tres grupos que formaban el Frente Sandinista de Liberación Nacional, creado a sus instancias-, pero no podía enviar un contingente cubano para no provocar una fuerte reacción de Estados Unidos. Nicaragua era un trofeo muy preciado por el líder cubano, ya que estaba en vías de convertirse en el único país latinoamericano -después de Cuba- donde mostraba la viabilidad de que la izquierda llegara al poder por la vía de las armas.

El primer pensamiento de Castro fue "invitar" al MIR chileno para ir a luchar a Nicaragua. De todos los movimientos procrastristas de América Latina, este grupo siempre había sido considerado el hijo predilecto de La Habana.

Los miristas cumplían con todos los requisitos pedidos por La Habana a sus seguidores: arrojo, radicalismo y lealtad irrestricta a la senda revolucionaria castrista. Los líderes del movimiento chileno cumplían con el prototipo del revolucionario romántico acuñado por Fidel y el Che Guevara en la Sierra Maestra: brillantes, ilustrados y bien parecidos. En La Habana eran conocidos como la vanguardia "más sexy de América Latina".

Por ello, cuando el movimiento decretó un "repliegue táctico" tras la muerte de Miguel Enríquez en 1974, la isla recibió con los brazos abiertos a los diezmados cuadros que llegaron desde Chile. Los miristas comenzaron a preparar su vuelta al país en la llamada "Operación Retorno" en 1980 bajo los atentos ojos cubanos que pusieron a su disposición los centros de adiestramiento de Punto Cero y la Cordillera de los Órganos. Fue entonces cuando el propio Fidel le planteó a la cúpula mirista en Cuba que fueran a combatir a Nicaragua. Sin embargo, según relata un ex combatiente chileno, Castro recibió un balde de agua fría durante el encuentro.

"Nuestros cuadros se están preparando para ir a luchar a Chile y no a Nicaragua", fue la respuesta de sus interlocutores, al rechazar la invitación del comandante cubano. La postura del MIR fue considerada una afrenta para Castro. El episodio marcaría el inicio del declive de la influencia del MIR en Cuba y, por ende, en su lucha contra el régimen militar chileno.

"En ese momento se quebró la confianza entre los seguidores de Miguel Enríquez y La Habana", afirma un ex frentista que se enteró de los hechos por boca de los propios cubanos.

Ante esta negativa y limitado a proporcionar abastecimiento logístico, Castro decidió que era la mejor oportunidad para que los jóvenes oficiales del PC chileno, formados en las escuelas militares de la isla, tuvieran su prueba de fuego y demostraran en terreno todo lo que habían aprendido. Fidel Castro pidió autorización a Luis Corvalán -secretario general del PC, establecido en la isla luego de ser liberado por los militares en Chile-, para mandar a Nicaragua a aquellos oficiales sin ejército a asumir responsabilidades militares.

"Estos sí que tienen cojones", fue la reacción de Castro tras reunirse con medio centenar de oficiales chilenos del PC a fines de 1978, cuando estos aceptaron de inmediato el ofrecimiento. Posteriormente a este grupo se unirían algunos jóvenes militantes socialistas, quienes en Nicaragua conformarían el mítico "Batallón Chile". Con esta invitación, los hombres del PC calmarían en parte la inquietud que se anidaba entre sus filas, descorazonadas por no poder ir a combatir a Chile.

El "Batallón Chile"

El "Batallón Chile" avanzaba con dificultad. El fuego de la artillería y la aviación enemiga interfería continuamente en su desplazamiento bajo el tórrido sol de Nicaragua. Pese a ello, el casi centenar de chilenos destinados a este pelotón en el Frente Sur marchaba entusiasmado bajo las órdenes del celebre comandante Edén Pastora.

El destacamento del Partido Comunista chileno había comenzado a desembarcar en Nicaragua a inicios de 1979, proveniente de Cuba. Muy luego -en mayo de ese año- el Frente Sandinista inició su ofensiva final, convirtiendo la lucha de guerrillas en una batalla regular. Desde el sur del país, las tropas chilenas participaron en las batallas más cruciales contra el gobierno dictatorial de Anastasio Somoza y, pocos meses después, entrarían victoriosas a Managua.

Durante los seis meses de enfrentamientos, los chilenos se ganaron la fama de profesionales y "duros". De todos los voluntarios extranjeros que ayudaban a los sandinistas, los chilenos eran los únicos que tenían una formación militar rigurosa. Su especialidad más apreciada eran sus conocimientos en artillería terrestre y antiaérea, a la que pertenecía el grueso del contingente enviado por La Habana.

El ex agente de inteligencia cubano Jorge Masetti -también veterano de Nicaragua- relata en unos de sus libros la diferencia entre estos oficiales y los guerrilleros nicaragüenses. En una ocasión se encontró con un oficial chileno que gritaba desesperadamente por su walkie-talkie: "¡Dime cuántos son!, ¡Está bien, pero coño, dime cuántos son!". Al acercarse Masetti, el combatiente chileno le explicó que una avanzada enemiga se había atrincherado en una colina cercana y habían enviado un destacamento para desalojarlos. El problema era que cada vez que le preguntaba al nicaragüense el número de enemigos, éste le respondía: "¡Un montón, compa! ¡Montonazo!".

"El contraste entre el chileno, de formación militar académica, y el compañero nicaragüense de formación guerrillera, y el diálogo absurdo que sostenían, me parecía de lo más cómico", escribió Masetti.

Pero los chilenos no eran los únicos extranjeros en tierra nicaragüense. Los cinco mil hombres en armas con que contaban los sandinistas incluían a voluntarios colombianos, argentinos, uruguayos, brasileños y centroamericanos. Todo el movimiento revolucionario del continente se había desplazado en apoyo del único país que -después de Cuba- estaba a punto de tomar el poder por la vía armada.

Al acercarse la hora final para los sandinistas, a fines de mayo de 1979, uno de los más decisivos combates del Frente Sur se libró en la zona del Naranjo. La Guardia Nacional de Somoza intentaba por todos los medios expulsar a los sandinistas que dominaban varias colinas de la zona. En pocos días la lucha se transformó en un rotundo triunfo para los sandinistas. A esa profunda cuña abierta en el Frente Sur se sumó, el 4 de junio, una huelga nacional liderada por el mando sandinista. La balanza se inclinaba inexorablemente a favor de la insurrección.

La noche del 17 de julio de 1979 Anastasio Somoza huyó a Estados Unidos en su avión particular. Menos de 48 horas después, los rebeldes entraron a la capital.

Al amanecer del 20 de julio el destacamento chileno ingresó junto a las victoriosas tropas sandinistas por los suburbios de Managua. Los sandinistas habían demostrado que la revolución armada podía ser posible. A los chilenos, su valentía los había librado del sentimiento de culpa que los corroía desde el 11 de septiembre de 1973. La izquierda continental celebraba. "En Nicaragua se reinvidicó una generación derrotada", sostiene el analista José Rodríguez Elizondo.

Un combatiente del Frente Sur sería el primer hombre que ingresó ese día al búnker de Somoza. Era el internacionalista español "Gustavo", o en realidad el oficial cubano Tony de la Guardia. La leyenda cuenta que junto a él iba el líder del "Batallón Chile": el "comandante Salvador", el chileno Galvarino Apablaza Guerra.

 "Salvador" junto a un grupo de combatientes sandinistas.

 El balance de la participación del "Batallón Chile" resultaría por demás alentador. Algunos de sus integrantes recuerdan hoy esa experiencia sintiéndose participes de un hecho histórico; "La sandinista fue la última revolución triunfante del siglo veinte. Por tanto, haber participado en ella tenía un significado especial para nosotros que fuimos protagonistas directos. Habíamos entrado a pie por la frontera sur, por Peñas Blancas. Estábamos a la lucha guerrillera del Frente Sur. No hay palabras para describir los sentimientos que teníamos. Recordábamos también el dolor de haber perdido a dos compañeros; Days Huerta Lillo, quien fue abatido por las esquirlas de una bomba somocista. En tanto, esos mismos días previos al triunfo, otros tres compañeros resultaron heridos al enfrentar los agónicos combates de la Guardia Nacional Somocista. Uno de ellos, Edgardo Lagos Aguirre también falleció".

Según Orlando Millas, testigo directo de aquellos años, los oficiales chilenos eran "un grupo de muchachos altamente capacitados" y que habían logrado un justificado prestigio en su paso por Nicaragua; "Adquirí aún mayor conciencia de sus méritos al recorrer en Nicaragua los campos de batalla en que contribuyeron a derrotar la Guardia Nacional de Somoza y al escuchar la valoración de ellos que hacía el general Arnaldo Ochoa", relataría Millas.

Otro escrito de la investigadora chilena Virginia Vidal grafica la importancia que tuvieron los chilenos una vez finalizado el conflicto; "Después del triunfo del Frente Sandinista, los vencedores se fueron a sus casas a celebrar con sus madres, sus esposas, sus novias, sus amigos. Pero un grupo de elite quedó sólo, porque no tenían a nadie en ese país: los combatientes chilenos al mando del comandante Salvador. Les habían asignado el bunker de Somoza. Encontraron un caos, luego que los prófugos somocistas se llevaron todo lo que pudieron. Cualquiera hubiera quemado todo ese basural, pero ser chileno es ser cachurero. Entonces, el grupo empezó a revisar el papelerío y a clasificarlo. Eran valiosos documentos de lo que había sido la tiranía. Años después entrevisté a altos dirigentes sandinistas que afirmaron con satisfacción que esa labor de los soldados chilenos había sido la base de la organización del servicio de inteligencia de Nicaragua. También reconocieron la importante participación de ellos en otras altas tareas militares".

También el propio "comandante Salvador" relató al respecto: "Sin lugar a dudas teníamos amplias posibilidades de quedarnos, pero nosotros jamás lo pensamos. Se nos reconocía un aporte importantísimo en defensa de la soberanía y de la revolución nicaragüense. Pero añorábamos regresar a Chile. Entre otras cosas, la lucha en Nicaragua nos condujo a un acercamiento al país y consolidó el contingente haciéndonos ver más nítida la vía para llegar a Chile. Desechamos establecernos a pesar de las condiciones óptimas. Empezamos a vivir en función de la realidad chilena. El Partido Comunista nos tomó más en serio y dejó de vernos en la perspectiva original de que nos incorporáramos cuando todo estuviera resuelto. Antes el PC no vislumbraba un camino para nosotros: había que seguir siendo oficiales cubanos. Desde ahí comienza a pesar la gran incidencia e insistencia nuestra".

En un informe del 3 de octubre de 1979, la dirigencia comunista chilena también tomaba nota del triunfo sandinista. Según una conversación registrada en los archivos secretos alemanes, desclasificados en 1998, el secretario general del PC, Luis Corvalán, le informó a Friedl Trappen, alto funcionario en Alemania Oriental que "los jóvenes del PC chileno entrenados en Cuba pasaron con éxito por Nicaragua, aunque hubo que lamentar la muerte de dos de ellos. En total, hay 76 hombres nuestros que han alcanzado el grado de oficiales en las tropas sandinistas. Uno de ellos es actualmente asesor personal de Jaime Ortega, comandante en jefe de las fuerzas armadas de Nicaragua".

Un ex oficial chileno del ejército cubano, hoy radicado en Alemania, confirma que cuando en 1979 el contingente chileno fue enviado a luchar a Nicaragua, su número ya era considerable, llegando casi al centenar.

Los servicios secretos norteamericanos tampoco dejaron de consignar los hechos. Después de informar que los militantes exiliados de la izquierda chilena "integraron la lucha contra Somoza", un informe del Departamento de Estado consignó: "El cambio de énfasis en la retórica del Partido Comunista Chileno en los años '80 (la vía armada) es una respuesta al ejemplo de Nicaragua".

Pese a haberse abstenido de enviar tropas regulares cubanas al campo de batalla, Fidel Castro siempre mantuvo un ojo vigilante sobre lo que sucedía con "sus muchachos" en el campo de batalla. A su guía en tierras nicaragüenses, el español Tony de la Guardia -protagonista de las mayores aventuras conspirativas cubanas- Castro le había ordenado: "Mantén un ojo puesto en la guardia somocista y el otro en la plana mayor sandinista", relata en uno de sus libros el ex miembro del círculo de hierro de Castro, Norberto Fuentes.

Otro agente cubano que pasó por tierra nicaragüense fue el entonces coronel Alejandro Ronda Marrero. Encumbrado después a jefe de la división cubana de Tropas Especiales, en el campo de batalla sandinista estableció estrechos lazos con los chilenos del PC. Años después, Ronda sería el cubano responsable de la internación de armas de Carrizal Bajo.

SIGA LEYENDO, LOS AÑOS VERDE OLIVA, SEGUNDA PARTE

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

sergio d

sergio d dijo

muy interesante esta historia. ojala que siga publicandose

15 Junio 2009 | 06:01 AM

juan

juan dijo

Despues de haber leido esta y la segunda parte,veo que hay muchos pasajes de la historia que no se ajustan verdaderamente a la realidad,en contenido e intenciones(hasta el momento por lo menos),vamos a ver que pasa en la tercera parte?.Yo le pido disculpas al que escribio este articulo,pero de acuerdo a mi pequeña experiencia vivida durante la UP,y despues durante todos los años de la dictadura,veo que algunas cosas muy importantes no se ajustan a los hechos ni a la situación de aquellos momentos.De todas maneras esto sirve de lección:Que la lucha armada no se puede imponer desde afuera ni menos el Socialismo.No olvidemos que despues de la Segunda Guerra Mundial,la ex Unión Soviética impuso a la fuerza, sistemas socialistas en los paíse del Este ,los cuale fueron todos al fracaso.Allende lo dijo en uno de sus primeros discurso"el Socialismo no se instaura por decreto" se debe construir desde abajo.

15 Junio 2009 | 08:45 PM

juan

juan dijo

Despues de haber leído la tercera parte de la historia a uno le da más rabia. Y le pido disculpas a l@s del frente que todavía estan vivos,como también a la memoria de l@s que murieron. Pero uno se da cuenta como todos estos jovenes fueron utilizado como carne de cañon,por el Glorioso Partido Comunista(que de comunista no tiene nada(*)para sus propio fines políticos y partidistas.Todos ellos o ellas luchaban por un ideal,sin saber que por detras el PC tenía otros planes.Al gunos murieron combatiendo a la dictadura,otros fueron asesinados(y los hacian pasar por enfrentamientos),otros fueron detenidos,y otros fueron detenidoa a traición en el gobierno de Alwin,en pleno retorno a la "Democracia"(??).Y algunos estan presos fuera de Chile. Mientras tanto hoy en día,la cúpula del Partido Comunista,la de ahora y de siempre,estan tomando acuerdos,estan negociando algunos cupos en el Parlamento con los mismos sectores políticos que lo hicieron hace 20 años atras.Aliandose con ellos para que todo siga igual.Vuelven a traicionar al pueblo de nuevo,y vuelven a traicionar a sus martires,y tod@s los que murieron combatiendo a la dictadura por construir una sociedad diferente. Total se conforman,conque le pongan el nombre de algunos de ellos en alguna calle o recintos deportivos,hacen muy lindos homenajes en nombre de todos ellos,todos los años tienen el descaro de hacer el festival de los abrazos,como si estuvieramos en el mejor de los países y en plena democracia.Y se cagan(perdonenme la expresión)en la memoria de todas las victimas de la dictadura pino chetista.El PC nunca ha sido un partido revolucionario,siempre ha sido un partido electorero,y como alguien me dijo una vez"el PC es un mal necesario para el sistema capitalista"toda vez que éste partido siempre ha servido de colchon de amortiguación en los conflistos sociales.Si no,lean su historia,y lamentablemente para el pueblo chileno,el partido de los socioslistos(Escalona y compañia va por las mismas). El PC nunca ha hecho la revolución en ningun país del mundo!.
(*)Les pido que se hagan un tiempo,y lean aúnque no esten de acuerdo, el manifiesto que hizo Carlos Marx,sobre el verdadero caracter y programa que debiera tener el Partido Comunista.El libro se llama "El Manifiesto del Partido Comunista",y ahí se van a dar cuenta que el PC actual, no tiene nada que ver con esé partido.
Para no dejar duda alguna,el actual Partido Comunista de Cuba nacio despues del triunfo de la Revolución cubana.El que había antes era colaborador de la dictadura de Batista,por eso,muchos militantes de ese partido,tuvieron que renunciar a él,para poder desarrollar la lucha armada y poder hacer la Revolución.
Saludos Rebeldes

18 Junio 2009 | 09:53 AM

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