HISTORIA NO OFICIAL DEL FRENTE PATRIÓTICO MANUEL RODRÍGUEZ
LOS AÑOS VERDE OLIVA, SEGUNDA PARTE

Combatientes chilenos en Nicaragua.
Los Chilenos Sandinistas
Durante la batalla del Naranjo se terminó de fraguar el prestigio de uno de los muchos chilenos internacionalistas que lucharon en Nicaragua. Su nombre era Osvaldo Roberto Lira. Tanto los oficiales del PC como los nicaragüenses vieron a Lira repeler solitariamente desde los techos de las viviendas campesinas a los aviones de combate. Según relata un ex combatiente, "pasaban los aviones y caían las bombas, pero él se quedó devolviendo el fuego con su fusil AK-47, sin lanzarse a tierra".
Pero si Lira era uno de los más osados del "Batallón Chile", también era un incorregible por lo que sus huellas se perderían mas tarde en tierras salvadoreñas. Tras enamorarse de una combatiente del Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí (FMLN), renunció al PC y a las Fuerzas Armadas cubanas para seguirla, entre 1981 y 1982. Incorporado a la guerrilla de ese país centroamericano, años después moriría en una emboscada del ejército salvadoreño.

Osvaldo Roberto Lira, uno de los chilenos más osados en Nicaragua
En el fragor de la batalla del Naranjo también otro chileno viviría una hora límite. El oficial Rodrigo Morales -hijo de la ex diputada comunista Mireya Baltra- fue encomendado a defender una porción a cualquier precio. Bajo el fuego de artillería y aviación, el chileno tuvo que decidir entre sacrificar a sus hombres o replegarse. Optó por lo último, después de lo cual fue detenido, juzgado por sus compatriotas y condenado a muerte. Según un ex oficial chileno de la isla, cuyo relato es corroborado por otro ex frentista, sólo la intervención de los cubanos y su amistad con el influyente oficial chileno Juan Gutiérrez Fischmann, "El Chele", salvó a Morales de morir. Trasladado a Cuba para evitar mayores conflictos con sus compatriotas, meses después Morales pidió autorización para ir a combatir a Angola, junto a las fuerzas expedicionarias cubanas.
Pese a que Raúl Castro había prohibido que los chilenos fueran a luchar a África -donde Cuba buscaba lucir la preparación de sus tropas regulares-, Morales fue autorizado, ya que necesitaba redimirse ante sus compatriotas. Como uno de los contados chilenos que combatieron por Cuba en Angola, en ese frente Morales se destacó por su valentía y regresó a La Habana convertido en un héroe.
Pero también hubo otros chilenos en Nicaragua que, tras destacar en la lucha, llegaron a ocupar altos cargos dentro del nuevo andamiaje del gobierno sandinista. Durante el conflicto armado, en una conferencia de prensa, el general panameño Omar Torrijos -uno de los máximos aliados de los sandinistas- apareció sentado junto a Galvarino Apablaza, "Salvador", el líder de los oficiales chilenos del PC. Al ser consultado quién era aquel desconocido, Torrijos sólo respondió: "Es mi asesor personal". La anécdota sería profusamente comentada en el "Batallón Chile".

Galvarino Apablaza y Roberto Nordenflycht en Nicaragua.
Sin embargo, al llegar la paz este tipo de situaciones se convertirían a algo más cotidiano. Había que emprender la dura tarea de construir un estado socialista y muchos de los jóvenes del PC se quedaron en Managua, alcanzado un rol más político en la revolución sandinista.
Una parte del destacamento de oficiales colaboró con la creación de las nuevas Fuerzas Armadas nicaragüenses. Otros prestaban servicios en distintas zonas militares del país, como asesores de los jefes de tropa.
Entre estos últimos destacó el joven ingeniero Raúl Pellegrín Friedmann, futuro fundador y comandante del FPMR, quien luego de participar activamente en la lucha, se desempeño como asesor de una Región Militar del ejército sandinista.
Además, otros dos chilenos fueron fundadores de la Fuerza Aérea Sandinista; los dirigentes frentistas Iván Figueroa Araneda, "Gregorio", y "Manuel", ambos ex miembros de la FACH.
En el área de influencia de los chilenos, la de los socialistas sería muy diferente a la de los oficiales del PC. Los primeros colaboraron, más que todo, en tareas de seguridad del Ministerio del Interior nicaragüense. Entre ellos se menciona a un socialista llamado "Mauro", cuyo nombre de pila verdadero era Daniel y que había estado a cargo del MIR en La Habana. Incluso, un chileno ex Mapu OC hoy se jacta de haber sido asesor personal del ministro del Interior Tomás Borge y del sacerdote Ernesto Cardenal, ministro de cultura sandinista.
Otros como el socialista Oscar Carpenter llegaron a desempeñarse en la estructura de seguridad de los comandantes sandinistas. Años después, Carpenter se convertiría en pieza clave de "La Oficina", el organismo creado por Patricio Aylwin para desarticular a la subversión, dirigido por Marcelo Schilling. Desde ese puesto, este socialista se enfrentó a sus antiguos camaradas de Nicaragua, aquellos PC que pasaron por el país centroamericano y después integraron el FPMR. Años después, "Salvador", se referiría despectivamente a Carpenter: "El era conocido como "Jaimitón". Llegó a Nicaragua después del triunfo y trabajaba cuidando las casas de los comandantes sandinistas".
Después del triunfo sandinista muchos chilenos permanecieron en el país ayudando a la formación del nuevo Estado Socialista. Para los que regresaron a La Habana, su bautismo de fuego en Nicaragua les permitiría demostrarles a los cubanos que ellos eran una generación de comunistas distinta a la que había sido derrotada en la UP.
Los Búlgaros
En la segunda mitad de 1981, al ya desarrollado destacamento de chilenos en La Habana se incorporaría una tercera generación que con el correr del tiempo sería considerada el cuerpo de fuerzas especiales del FPMR: los llamados "búlgaros", que habían cumplido una acabada instrucción militar en la república socialista de Bulgaria. Cuando llegaron a Cuba, los "búlgaros" eran sólo 13, pero se distinguieron inmediatamente del resto por su excelente adiestramiento militar. De hecho, casi todos asumieron como instructores en los centros castrenses de la isla.
Su origen se remonta a un centenar de campesinos chilenos que el 9 de septiembre de 1973 viajaron a la URSS para instruirse como tractoristas. Cuando vino el golpe, quedaron olvidados en la ciudad cosaca de Saporoche.
"El resultado fue para esos pobres compañeros muy triste y a mi parecer inhumano", relata Orlando Millas en sus memorias.
Muchos de ellos debieron partir rumbo a Bulgaria con la sola intención de subsistir a un exilio que nunca intuyeron. El resto de los reclutados habían llegado procedentes de Chile o de otros países de la urbe socialista, como Alemania Oriental, conformando un contingente de alrededor de medio centenar de compatriotas.
César Quiroz, un joven militante comunista, formó parte de ese contingente. Había llegado procedente de Finlandia en 1976, buscando algo que lo identificara ideológicamente; "Empecé a buscar algo interesante. Se abrió la posibilidad para los chilenos de formarnos como cuadros militares, no en una escuela común, sino en la Escuela Militar Búlgara. Eso era parte de lo que nos ofrecía la solidaridad internacional". Quiroz estudió cinco años, graduándose con honores como teniente del Ejército Búlgaro.
Otro de los reclutados, José Joaquín Valenzuela Levi, más tarde conocido como el "comandante Ernesto", llegó a tierras búlgaras procedente de la escuela alemana de Wilehlm Pieck. Pese a su juventud, muy pronto se convirtió en el líder indiscutido del contingente chileno en ese país.
En total, los chilenos que se graduaron como oficiales en Bulgaria fueron 30, pero sólo 13 aceptaron la instrucción del partido de ir a Cuba, formulada por el propio ex senador Millas. Pese a que al interior de la colectividad era el mayor opositor a la vía armada, Millas viajó especialmente a la capital búlgara, Sofía, para plantearles el desafío, a principios de 1981.
"A los que aceptamos, Millas se comprometió a facilitarnos los trámites de inmigración. A los que se quedaron les advirtió que no podrían salir de Bulgaria, para evitar filtraciones", relata un ex oficial.
Producto de una formación mucho más pro-soviética, cuando los "búlgaros" llegaron a Cuba -encabezados por José Valenzuela Levi- tuvieron roces con los oficiales chilenos que copaban el aparato y que estaban encabezados por "Salvador", quien no estaba dispuesto a ceder su influencia. Algunos, incluso, veían a los "búlgaros" como extranjeros. "Una vez hubo un paseo y estaban todas las mujeres invitadas, menos nuestras esposas búlgaras", recuerda un ex "búlgaro".

José Valenzuela Levi, líder de los "Búlgaros".
Años más tarde, luego del quiebre del FPMR con el PC en 1987, la mayoría de los "búlgaros" se mantuvieron leales al PC. Sin embargo, la acelerada descomposición pronto terminó por alcanzarlos. En 1989, un informante en la CNI les hizo llegar una lista que tenía ese organismo con los nombres reales de más de cien frentistas, incluida una sospechosa nómina con la descripción demasiado en detalle de todos los "búlgaros". Esta pista y otros indicios más poderosos fueron suficientes para que ex "búlgaros" aseguren hasta hoy que una de las más importantes filtraciones del FPMR -pero no la mayor- surgió de sus filas. Así lo corrobora también un ex miembro de "La Oficina", quien asegura que un "búlgaro" fue "determinante" en la desarticulación del FPMR, aunque no el único frentista que trabajó para ellos.
El Nuevo Ejército Libertador
Desde el inicio del proyecto armado del PC en Cuba, a los chilenos que no se habían enrolado en el destacamento militar se les oculto el destino de sus compatriotas en las FAR. Para ellos el paradero de sus camaradas estaba envuelto en un velo de misterio e incertidumbre. El PC había prohibido hablar del tema a sus militantes, pues la información sobre los reclutados debía mantenerse bajo estricto secreto.
"Se especulaba que se encontraban realizando ejercicios en la sierra o combatiendo en África o Centroamérica, pero en general, durante varios años no supimos nada concreto sobre ellos", confiesa un antiguo militante comunista.
Solo las mujeres o familiares más cercanos estaban quizás al tanto del paradero de los combatientes, pero manejaban la información con sumo recelo. Incluso por largos periodos muchos militantes comunistas se vieron impedidos de abandonar la isla a fin de que el proyecto no se filtrara al exterior.
En una lluviosa tarde de marzo de 1982, durante una reunión de base para los militantes civiles del PC, Orel Viciani anunció que se realizaría una ceremonia de recibimiento a los camaradas que se preparaban militarmente en las FAR. La noticia lleno de alegría y curiosidad a los militantes, pues por fin verían el resultado del ambicioso proyecto ofrecido por Fidel Castro al PC chileno. "Pero deben guardar la información en el secreto mas absoluto, ya saben que el enemigo acecha", advirtió Viciani.
Una semana más tarde los miembros civiles de la juventud y el partido comunista chileno, en su mayoría mujeres y hombres mayores de cuarenta años, repletaban las graderías del teatro de la Central de Trabajadores de Cuba. Los dirigentes del PC ocupaban orgullosos y circunspectos la primera fila de butacas, entre la efervescencia y algarabía del numeroso público. De pronto, tras el toque de atención de una diana, entraron marchando al teatro, encabezados por banderas de Chile, Cuba y el PC, un centenar de soldados chilenos de las FAR, vestidos de impecable tenida verde olivo.
La sala completa estallo de inmediato en aplausos, vítores emocionados y lágrimas. Como un ejército verdadero, con años de entrenamiento riguroso, y muchos ya con experiencia de guerra, los combatientes se formaron marciales en el escenario mientras de fondo resonaban los ecos de la Internacional Comunista.
El escritor chileno Roberto Ampuero, quien, pese a rechazar la oferta de enrolarse en este destacamento, se encontraba presente ese día en el teatro recuerda en uno de sus libros; "Había tantos rostros de camaradas de los cuales no sabia nada desde hacia tiempo, así como tantos otros que creía reconocer aunque ignoraba sus nombres. Y había otros, todos jóvenes, serios y convencidos de su decisión, a los cuales nunca había visto y que habían llegado desde países remotos a cumplir con la patria. Lucían tostados y angulosos, algo delgados, pero saludables. Se veían seguros de si mismos, desafiantes y convencidos de lo que deberían hacer en Chile. Sus familiares los llamaban desde la platea y a ratos todo aquello parecía una gran fiesta de afirmación revolucionaria. El partido mostraba con hechos que no había perdido el tiempo y que constituía la vanguardia del movimiento popular chileno. Estábamos frente a quienes nos salvarían del terror y vengarían la derrota del 11 de septiembre de 1973".
Luego de entonar el himno nacional, y con una emoción que a ratos los desbordaba, los asistentes escucharon las palabras del nuevo encargado del PC en la isla, Rodrigo Rojas; "Camaradas en las FAR; quiero decirles que nos sentimos profundamente honrados de contar al fin con el núcleo del ejercito revolucionario que mañana enfrentara al tirano para salvar a la patria de la dictadura y conducirla al socialismo. Se acabara así la impunidad, pues ya no seremos un pueblo indefenso a merced de los fascistas. A partir de ahora los días de Pinochet están contados".
Un ex militante comunista que también estuvo presente en ese acto confiesa; "Si en aquel instante nos hubiesen preguntado si estábamos dispuestos a desembarcar en Chile para enfrentar a la dictadura, habríamos respondido sin vacilar, y al unísono que si lo estábamos".
En cuanto Rojas cerró sus palabras en medio de estruendosos aplausos, uno de los soldados del nuevo ejército revolucionario de Chile se dirigió a la multitud. Luego de anunciar que el y sus compañeros estarían dispuestos a entregar la vida por la liberación de Chile, lo que mas sorprendió a todos fue su marcado acento cubano al dirigirse a la audiencia. En cuestión de meses los chilenos en las FAR habían hecho suyos, no solo el tono grave y las jotas aspiradas propias de los isleños, sino también el estilo cortante y teatral impuesto por Fidel Castro en sus discursos.
"Eran gente muy revolucionaria, muy dedicada a sus tareas. Hubo muchos chilenos a los que se les entregó tareas de importancia y que se hicieron cubanos en el mejor sentido de la palabra", cuenta otro de los presentes esa tarde.
Orel Viciani sello el acto orgulloso diciendo; "esto es solo una parte de la gente que tenemos en formación. Hay camaradas venidos de Europa, África, América Latina y también desde Chile, y así como ellos, muchos más se preparan en otros países. El partido entero se viste hoy de verde olivo y los demás no tardaran en seguirnos".
Fraguando La Insurrección
Pese a estas muestras de adherencia al partido madre, en 1982 el destacamento militar chileno en Cuba era un hervidero: la mayoría de los oficiales, encabezados por "Salvador" cuestionaban ya entonces su dependencia del PC chileno. El papel de los jóvenes reclutas de las FAR en el triunfo de los sandinistas contribuiría aún más a alejarlos de la tradicional cúpula del partido, pasando a ver con ojos cubanos a una generación de "viejos fracasados", que "no supieron hacer la revolución como corresponde, con armas en la mano".
Aunque dirigentes como Volodia Teitelboim, Américo Zorrilla y Rodrigo Rojas mostraban indisimulado orgullo al referirse a sus muchachos verde olivo, entre los jóvenes cada día aumentaba la distancia con los viejos líderes. "No sabían que a sus espaldas los tratábamos de 'viejos huevones' y 'abuelos caducos'", señala un ex frentista formado en Europa Oriental y que llegó a Cuba en 1981.
En los campos de batalla en Nicaragua los chilenos no sólo habían participado de una campaña victoriosa -que les abrió el entusiasmo por hacer lo mismo en Chile- sino también pelearon codo a codo con algunos de los principales militares de elite de Fidel Castro. Entre éstos estaban varios destacados oficiales cubanos, como los entonces coroneles de Tropas Especiales Tony de la Guardia y Alejandro Ronda. De la Guardia y Ronda -que no escondían su profundo desprecio por la "falta de cojones" de los líderes de la izquierda chilena durante el período de Allende- serían vistos como símbolos a seguir por los jóvenes chilenos.
Además, los otros grandes referentes de los oficiales chilenos estaban en sus propias filas. Entre estos "Salvador" era el líder indiscutido, a quien todos los demás se referían como el "número uno" y que encabezaba las críticas contra la dirigencia del partido, que no se atrevía a enviar un contingente a luchar a Chile.
Pese a esto el PC consideraba a Apablaza uno de sus oficiales más leales. Ningún dirigente supo discernir que a esas alturas la lealtad de Apablaza estaba más cerca de los cubanos, cuyos servicios de inteligencia habían desplegado desde 1978 una política de acercamiento hacia el oficial. "Apablaza y su grupo fueron asumiendo mayores relaciones con el Departamento de Operaciones Especiales de Cuba (DOE), el organismo de inteligencia del Ministerio del Interior y dueño de una visión conspirativa y militarista de la política", afirma un ex dirigente del PC por entonces en la isla.
Pero "Salvador" no era la única voz en La Habana que cuestionaba el inmovilismo del PC. Otra figura destacada era Aníbal Maur, un argentino-chileno que había sido designado por el partido chileno como jefe de la llamada Comisión Elaboradora de la Política Militar. Maur no era miembro del aparato militar, sino un dirigente. Pese a esto, era joven y tan audaz como Apablaza, por lo que tenía ideas mucho más cercanas a las de los veteranos de Nicaragua que a la vieja dirigencia. En Argentina había formado parte del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). De allí había pasado a Cuba, donde se vinculó al PC chileno.
Maur fue uno de los primeros en plantear que el aparato militar del PC debía separarse del partido para iniciar su aventura armada en Chile. "Decía que todos los partidos comunistas alguna vez se han dividido y que, incluso, a veces estos quiebres eran necesarios", recuerda un ex oficial de las FAR, uno de sus más cercanos amigos.
Por esos mismos días "Salvador" comenzó a alentar un debate entre los militares, bajo un título que apuntaba a su razón misma de existencia y a lo que debía ser su relación con el partido madre: "¿Qué somos?". La respuesta sugerida por "Salvador" era tajante: "Somos militares. Y no es necesario ser comunista para formar parte del destacamento". Un oficial que tomó parte en el debate explica: "En un lado estaba el PC, depositario del fracaso de 1973 y con una ambigua postura frente a la línea militar. En la otra vereda estaban los profesionales de las armas, que no estaban dispuestos a ser conducidos por gente que nunca había tomado un fusil".
Testigos de esa época recuerdan un intercambio de ideas entre el ex ministro de Economía de Allende, José Cademártori, encargado del PC en La Habana, y "Salvador". El punto de debate era si el ejército chileno era o no una institución "fascista". Cademártori afirmó que ese término era sólo aplicable a sus altos mandos. "Si sus mandos son fascistas, toda la institución lo es, pues cumple objetivos fascistas", fue la réplica de "Salvador".
Cademártori intentó argumentar mencionando el legado de generales como René Schneider y Carlos Prats. Sin embargo, el dirigente cubano Manuel "Barbarroja" Piñeiro -brazo derecho de Fidel Castro, quien se encontraba presente en la reunión- zanjó la disputa apoyando a "Salvador".
La postura asumida por "Barbarroja" no podía ser más simbólica. En vez de respaldar a una de las mayores autoridades del PC chileno en la isla, el gobierno de La Habana daba todo su apoyo a los jóvenes oficiales. Si éstos querían viajar a Chile para combatir a Pinochet en su mismo territorio, tendrían todo el apoyo de Cuba.
Pese a que los jóvenes militares mantuvieron su afiliación política, la directiva del PC en la isla fue perdiendo el control, y al final hasta el respeto, de los jóvenes. La consecuencia lógica fue que se convirtieron más en soldados de Castro que del PC chileno. "Para ellos la última palabra siempre la tenía Fidel", recuerda un ex dirigente del PC en la isla.
Un ejemplo del distanciamiento de esa generación es lo ocurrido con el hijastro de Volodia Teitelboim, Roberto Nordenflycht, el "comandante Aurelio", quien murió en 1989 cuando preparaba un atentado con explosivos al aeródromo de Tobalaba. Formado en Cuba como oficial de infantería mecanizada y blindados, Nordenflycht -pese a su parentesco- optó por el ala del FPMR que rompió con el PC en 1987.
Enfrentando a La "Contra"
A comienzos de 1983, cuando la guerrilla "Contra" irrumpió en Nicaragua en oposición al gobierno sandinista, los soldados chilenos que residían en Cuba volvieron a Nicaragua. Ahora, para defender al gobierno revolucionario de la poderosa contrainsurgencia alimentada por Estados Unidos.
"Salvador", el líder del destacamento comunista de La Habana, estuvo de acuerdo con la iniciativa de que los chilenos volvieran a combatir. Consideraba que serviría como aliciente para aminorar el descontento de los oficiales que seguían egresando de las academias cubanas y todavía no podían partir a Chile.
Esta vez los chilenos provenientes de Cuba estuvieron a cargo de seis Batallones de Lucha Irregular (BLI), los que se repartieron por las accidentadas zonas de conflicto. La mayoría de ellos provenían de las escuelas militares cubanas José Antonio Maceo y La Cabaña. Incluso fueron a Nicaragua los 10 marinos formados en la Escuela Naval Granma.
También iban cinco "búlgaros", los chilenos formados militarmente en Bulgaria que se habían integrado al ejército cubano en 1981. Su líder, José Valenzuela Levi, fue destinado a las milicias, mientras los otros se desempeñaron en las zonas militares como asesores.
También se integró el "comandante Arturo" o Juan Waldemar Henríquez. Egresado de una academia militar cubana, en 1983 "Arturo" fue asignado al entrenamiento de milicias sandinistas al sur del país.
A cargo de todas las fuerzas chilenas provenientes de Cuba iba una figura que hasta hoy es uno de los hombres más buscados por la justicia chilena y uno de los fundadores del FPMR: Juan Gutiérrez Fischmann, "El Chele". En Nicaragua fue la primera ocasión en que el chileno tuvo una figuración importante.

Juan Gutiérrez Fischmann, "El Chele".
Los conflictos de esta segunda avanzada afloraron muy pronto. "El Chele" se limitó a permanecer en Managua, mientras sus hombres se batían con la "contra" en las zonas rurales y los montes. Todos los fines de semana su mujer viajaba desde La Habana a visitarlo.
El "comandante Arturo", muy luego se convirtió en su más enconado enemigo. "Despreciaba profundamente al ‘Chele', ya que encontraba que era un ‘aparecido', sin más mérito que ser yerno de Raúl Castro", recuerda un ex oficial chileno. Pese a estas diferencias, y debido a su alto grado de experiencia y preparación, en esa época había cinco oficiales chilenos ocupando altas responsabilidades en Managua.
Tiempo más tarde, cuando el general cubano Arnaldo Ochoa fue destinado como jefe de la misión cubana en Nicaragua, todavía estaban los chilenos. El hombre que sería condenado a muerte en 1989 por Fidel Castro -acusado de narcotráfico- sentía una gran simpatía por los oficiales del PC. Incluso, cuando llegó el momento de que tuvieron que partir clandestinamente hacia Chile para integrarse al FPMR, Ochoa se encargó de despedir a uno de ellos. Testigos de la época aún recuerdan que le hizo una despedida en su residencia de Managua a este oficial chileno. Frente a los presentes, Ochoa lo despidió como "el futuro líder de la revolución chilena".
Luego de cumplir funciones militares durante un par de años en Nicaragua, muchos chilenos regresaron a La Habana para preparar su retorno a Chile. Los que habían quedado en Managua regresarían directamente al país unos años después.
El Viraje del PC
Los preparativos para montar una guerra en territorio de Pinochet se aceleraron después de que el PC anunciara formalmente en 1980 la vía armada. Ese año los comunistas chilenos anunciaron al mundo una nueva estrategia para derrotar la dictadura, la que vendría a darle sentido al proyecto de formar oficiales chilenos en Cuba. Desde ese momento el ala "dura" de la izquierda chilena -profundamente influenciada por Moscú, La Habana y Berlín Oriental- se aprestó a respaldar oficialmente lo que se había fraguado silenciosamente en los cuarteles cubanos.
En un discurso transmitido por Radio Moscú, Luis Corvalán, secretario general del PC, dio a conocer la "Política de Rebelión Popular de Masas" (PRPM), que validaba "todas las formas de lucha contra el régimen militar", eufemismo que significaba dar luz verde a la vía armada.
La intervención de Corvalán impactó en Chile y en las agencias de inteligencia occidentales. Un informe de la Oficina de Inteligencia del Departamento de Estado norteamericano, fechado el 23 de junio de 1981 y recientemente desclasificado, consignó: "El hecho que los medios de comunicación soviéticos estén difundiendo la nueva línea del partido indica que Moscú implícitamente ha respaldado este cambio". El despacho secreto llevaba como título; "El Partido Comunista chileno opta por la revolución con la bendición de Moscú".
Diversos expertos en inteligencia de Alemania Oriental, Cuba y Unión Soviética, eran partidarios de aprobar una opción militar contra Pinochet, más aún considerando el éxito de la lucha armada del sandinismo en Nicaragua. Esa opinión reforzaba la posición de los jóvenes oficiales del partido formados en Cuba, cuya experiencia en Nicaragua les permitía creer que el único camino exitoso para enfrentar la dictadura estaba en el campo militar.
Pese a ello, los lideres comunistas se mostraban titubeantes al momento de dar luz verde a esta opción de lucha, lo que exasperaba de sobremanera a los jóvenes oficiales de PC que estaban en Cuba, ansiosos de demostrar en su país lo que habían aprendido en Cuba y en los campos de batalla en Nicaragua.
En 1982, y luego de dos años de hacer oficialmente su anuncio, el PC aun no decidía el momento para enviar su contingente a Chile. Ese año, y ante tanta indecisión, "Salvador" había propuesto a los dirigentes del PC transformar el partido en una organización adaptada para la política militar. Sin embargo, ese planteamiento había sido rechazado, aceptándose en cambio la idea de crear una estructura militar con mando propio. Esa decisión permitiría la formación de un brazo militar con la tarea de desarrollar una estrategia militar para enfrentarse con la dictadura.
Los Informes del SED
Una serie de documentos desclasificados hace algunos años desde los archivos del SED alemán entregan numerosos detalles de la línea seguida por el PC en ese país, la que posteriormente los llevo a gestar la lucha armada en Chile.
"A comienzos de los años 80 se expandió entre nosotros la decepción por el hecho de que hubiera tan pocos combatientes entre los exiliados chilenos en Alemania y Europa en general", asegura Peter Stobinski, encargado en el SED de llevar a cabo la política solidaria hacia Chile. Por eso la RDA no sólo "saludó" la adopción de una política militar por parte del PC -la que se activó especialmente luego del triunfo de la revolución sandinista en julio de 1979-, sino que también la apoyó activamente.
Fue en ese país, donde a mediados de los setenta un grupo de jóvenes intelectuales comunistas -que componían el llamado "círculo de Leipzig"- comenzó a reflexionar sobre la necesidad de "llenar el vacío histórico" del PC en materia militar.
Como los alemanes orientales eran prolijos en dejar constancia de cada conversación que sostenían, de las actas no sólo surge el apoyo del SED a los planes militares del PC, sino también la colaboración prestada por Cuba y la Unión Soviética. De la documentación examinada quedan claramente establecidos los países en que fueron entrenados los cuadros militares y su número, además de la cooperación en otras áreas como infraestructura y armamentos, y la preparación de grupos especiales que tendrían a su cargo la ejecución de secuestros y el asesinato de "verdugos fascistas".
En uno de los documentos, el 13 de abril de 1982, Hermann Axen, miembro del buró político del comité central del SED, le informa a Eric Honecker:
Te transmito una conversación que sostuve el 16 de marzo con Jorge Montes, miembro del comité central del Partido Comunista de Chile y presidente de la comisión militar.
En Berlín, sostuvo reuniones con miembros del comité central del SED, y con la Stasi. Allí expuso los planes de nuestro partido hermano en la organización del trabajo en el terreno militar. En la entrevista participaron Manuel Cantero, de la comisión política del PC de Chile, Rodrigo Rojas, jefe del PC en la RDA, Sergio Ovalle, del comité Central del PC, y Edgar Fries, jefe de la Sección IV del comité central del SED. El compañero Montes explicó que en el pleno del PC en mayo de 1981 se precisó que esta nueva línea política es una "primera orientación hacia formas de lucha armadas que significan un cambio cualitativo en la táctica utilizada hasta ahora". Sin embargo, en las grandes masas esta política aún no cuenta con el apoyo necesario, sostuvo.
Los cuatro puntos prioritarios para el partido son:
1. Fortalecimiento del partido.
2. Formación de dirigentes militares.
3. Influir en el desarrollo del movimiento de masas.
4. Desestabilización del régimen.
Un lugar central tendrá la formación de cuadros armados. En este sentido se han elaborado planes concretos para 1982 y 1983. Estos son necesarios para una amplia escalada de actividades que van desde el lanzamiento de panfletos, manifestaciones callejeras, hasta atentados a objetivos estratégicos o las ejecuciones de verdugos fascistas.
Los planes del PC se concentran fundamentalmente en cuatro áreas:
1. Formación de dirigentes para un aparato militar del partido en Chile.
2. Formación de cuadros de combate como fuerzas estratégicas.
3. Equipamiento con armas.
4. Creación de una infraestructura.
Respecto al punto 1: La formación de dirigentes para el aparato militar ya está en marcha. El aparato está formado por cuatro comisiones con las especializaciones: trabajo militar, defensa, labores en las fuerzas armadas de la Junta, desestabilización del régimen.
Durante las conversaciones de Luis Corvalán con Fidel Castro en La Habana en enero de este año (1982), acordaron la formación de los dirigentes militares que encabezarán y construirán estas misiones en Chile.
Respecto al punto 2: La formación de cuadros de combate presupone la formación de los dirigentes militares. En Cuba ya están siendo entrenados 100 combatientes, que actualmente están siendo ocupados en Cuba y Nicaragua. Corvalán y Fidel Castro acordaron que otros 30 combatientes serán entrenados en 1982. Estos serán integrados a las fuerzas armadas cubanas.
También hemos previsto la formación de grupos especiales. Tenemos la intención de instruir en 1982 alrededor de 100 compañeros en cursos de cuatro a seis meses en los países socialistas. Cuba se mostró dispuesta a encargarse de la formación de 70 hombres, la Unión Soviética de 20, y le pedimos al SED que reciba unos 15 a 20. Como todos los compañeros vendrán desde Chile, también hay que costearles los pasajes. (Sobre este entrenamiento de grupos especiales se entenderán con la Stasi).
En lo esencial se busca para estos grupos especiales dos áreas de entrenamiento:
a) Técnicas de lucha militar;
b) Métodos de secuestro, interrogatorios y otras tareas especiales.
Estos hombres asumirán la dirección de tropas de comando en Chile. Para Santiago prevemos la formación de 90 de estos grupos especiales, cada uno formado por 3 a 5 hombres. Fuera de la capital pretendemos tener otros 90 grupos.
Respecto al punto 3: La obtención de armamento ya no es un problema tras las consultas con los cubanos y soviéticos. El problema reside en el transporte a Chile. La comisión militar del PC ha elaborado siete variantes posibles y el partido está interesado en los consejos del SED o de los órganos pertinentes al respecto.
Respecto al punto 4: En la creación de la infraestructura hay que solucionar los siguientes problemas:
- Obtención de depósitos de armas camuflados.
- Organizar puntos de apoyo médico.
- Abrir talleres mecánicos y eléctricos.
- Equipar laboratorios para la producción de explosivos.
- Instaurar puntos de apoyo aéreos y marítimos para la llegada del armamento.
- Y para estos fines adquirir tierras, inmuebles adecuados y vehículos.
También se le pidió al SED que a los tres pilotos militares chilenos, que actualmente están en un curso de entrenamiento para combatientes latinoamericanos en la Escuela de Kleinmachnow, se les otorgue boletos para viajar a Nicaragua. Bajo la conducción del compañero Vergara deberán ayudar en la construcción de la fuerza aérea nacional de Nicaragua.
"Vámonos a Chile"
Mientras en Moscú, Berlín y Santiago se daban pasos acelerados para implementar la lucha armada anunciada por el PC, en 1983 cundía la inquietud en La Habana. Exasperados por la negativa del partido para autorizarlos a combatir en Chile, los militares formados en Cuba se planteaban la posibilidad de escindirse del PC y de los "viejos caducos" de la dirigencia.
A comienzos de ese año, el aparato militar del PC en La Habana semejaba una granada a punto de estallar en las manos del partido. Muchos de los casi 200 oficiales chilenos que habían pasado por las Fuerzas Armadas cubanas eran ahora veteranos de guerra luego de combatir en Nicaragua, y muchos de ellos bordeaban ya los 30 años.
Entusiasmados por la creciente efervescencia contra Pinochet en Chile, empezaban a mostrar una peligrosa impaciencia por volver al país a combatir la dictadura. "Vámonos a Chile", era la frase recurrente, primero en el secretismo de los cuarteles y luego a viva voz.
Concluida la preparación militar de estos cuadros, lo cierto es que los dirigentes comunistas chilenos no tenían claro que hacer con ellos, considerando que, pese a aceptar la vía armada, no había congruencia entre una opción militar y la política anti-pinochetista que el partido estaba proponiendo a las demás fuerzas políticas de oposición.
Uno de los encargados del PC chileno en la isla, Jacinto Nazar, trataba de calmar los ánimos, a la espera de lo que dispusiera la titubeante dirigencia comunista en Moscú. Esa indecisión exasperaba a algunos oficiales del destacamento, que hablaban nuevamente de "romper" con el partido.
En ese ambiente, un joven oficial formado en la Escuela Militar Antonio Maceo y que había pasado por Nicaragua realizó una huelga para que lo enviaran a Chile. Fue severamente castigado por sus superiores, que conocían su personalidad impulsiva. Su nombre era Vasily Carrillo. En los calurosos días habaneros, los oficiales como Carrillo miraban con desdén a los líderes comunistas, que no se atrevían a enviar al destacamento a Santiago.

Vasily Carrillo Nova
La dirigencia del PC evaluaba, cuando las jornadas de protesta nacional todavía no se realizaban, que aun no estaban dadas las condiciones suficientes como para un levantamiento popular en Chile. Como la negativa del partido a enviar a sus oficiales a Chile se mantendría hasta mediados de 1983, las señales de descontento aumentaron hasta generar alarma en la cúpula del PC. Esta resolvió salir del entuerto culpando de todas las indecisiones a Jacinto Nazar. Utilizado como "chivo expiatorio", el dirigente fue obligado a dejar su puesto como encargado del partido en la isla.
Pese a ello la dirigencia cubana entregaba su irrestricto apoyo a la nueva generación de combatientes chilenos, quienes seguirían presionando al PC hasta conseguir hacer realidad el sueño de volver al país para combatir al régimen de Pinochet.
Los Muchachos De Fidel
El ex agente cubano-argentino Jorge Massetti, fue unos de los cientos de militantes que tuvieron la oportunidad de recibir formación militar en Cuba. Una vez egresado, junto a muchos chilenos, llegaría a integrarse al cerrado círculo castrista de La Habana. Hoy desde su refugio en Miami, y desligado de la doctrina de Fidel Castro, ironiza sobre el pasado y el presente de las generaciones de combatientes que se formaron en las academias cubanas:
La larga marcha del castrismo por América Latina ha encarnado para gran parte de la intelectualidad izquierdista de nuestras sociedades una empresa épica y romántica. La lucha de los desposeídos contra los poderosos. Una guerra necesaria.
Miles de jóvenes latinoamericanos recibimos instrucción en unidades militares cubanas para extranjeros; las míticas bases de Punto Cero y Los Petis. Fuimos los seguidores del "Che" y de Fidel Castro. Cuba, con "generosidad revolucionaria", nos ofreció campos de entrenamiento e instructores.
Con empeño aprendimos a fabricar explosivos, también tiro de infantería, defensa y técnicas de atentados. En las calles de La Habana desarrollamos las prácticas operativas de enmascaramiento, chequeo, contrachequeo, carga y descarga de buzones, pases rápidos, comunicaciones. En fin, todas las prácticas necesarias para convertirnos en verdaderos conspiradores, en los futuros comandantes de la revolución latinoamericana. En nombre del "pueblo", y sin pedirle permiso, comenzamos la guerra para su liberación. Mal aderezados con algunas nociones de marxismo leninismo, el "Qué Hacer" de Lenin y "La historia me absolverá" de Fidel Castro bajo el brazo y, por supuesto, con pistola en la sobaquera, comenzamos nuestra guerra.
Los muertos fueron por miles. La reacción del enemigo no se hizo esperar: las dictaduras militares ennegrecieron la geografía de nuestro continente. Con salvajismo imperdonable, en nombre de la Doctrina de Seguridad Nacional, los militares asesinaron, secuestraron, desaparecieron a todo aquello que oliera a izquierda, a militancia popular, a activismo obrero. La represión fue total y destructiva.
Mientras tanto, en Cuba nuevos reclutas se entrenaban como combatientes para enfrentar las dictaduras. Incluso algunos, sobre todo chilenos, se graduaban en escuelas como oficiales regulares de las Fuerzas Armadas. A pesar de la derrota, persistimos, ya contábamos con nuestro propio ejército; éramos los muchachos de Fidel.
En Nicaragua, en 1979, nos pudimos medir con el enemigo. Chilenos, argentinos, salvadoreños, uruguayos, incluso etarras vascos y brigadistas italianos, asistimos a la convocatoria de la revolución de Fidel. Allí estábamos junto a nuestros hermanos sandinistas en los momentos finales de la guerra contra Somoza. Con ellos festejamos el triunfo. Juntos reprimimos y aniquilamos a lo que quedaba de las fuerzas somocistas. En nombre del internacionalismo proletario, algunos nos integramos a los nuevos y revolucionarios órganos de la Seguridad del Estado Sandinista.
Y no sólo combatimos a la "Contra" de la ex Guardia Nacional, sino también a aquellos burgueses que habían luchado contra Somoza y que después del triunfo -creyéndose el cuento de la democracia- exigían elecciones libres, pretendiendo arrancarles con sufragio lo que los sandinistas, los revolucionarios, habían conquistado a punta de fusil.
En Cuba, los jefazos de Tropas Especiales nos recibían como sus pares. Casas de protocolo o de descanso en la playa estaban a disposición de los cansados guerreros.
Durante los años ‘80, las dictaduras del Cono Sur fueron cayendo, pero no como queríamos nosotros ni Fidel, pues los fusiles hacía rato se habían silenciado. De cualquier modo, se combatía en El Salvador y en Guatemala. Y en Chile, aún estaba Pinochet. Allí sería distinto. El MIR era ya casi inexistente, pero los muchachos del Frente, los jóvenes del PC, ya fogueados en Nicaragua y en tierras africanas, eran verdaderos oficiales cubanos y habían emprendido el camino de la lucha armada en su país. Incluso Fidel los apoyaba.
Pero no, a Chile también llegó la democracia después de un plebiscito. De cualquier modo los frentistas más duros, con apoyo cubano y escindidos del PC, seguirían peleando, golpeando a los burgueses.
También el FPMR fue derrotado. En El Salvador y Guatemala se negoció la paz. De los muchachos de Fidel, quedamos pocos. A pesar de la derrota en nuestros países de origen, algunos quedamos con vida y escapamos al exilio. Los que no murieron están en presidio, y los sobrevivientes con sus vidas destrozadas. Otros se ocultan en la isla, pendientes aún de una nueva misión del Comandante. El eterno Comandante, envejecido y balbuciente, con 42 años en el poder, y ni pensar de que se vaya. Y de verdad lo siento, pero por suerte, no ganamos.
El Concentrado De La Habana
El miércoles 11 de mayo de 1983 se inició como un día cualquiera en Santiago de Chile. Algunos incidentes enturbiaron la mañana, pero en la tarde los santiaguinos se retiraron a sus casas y todo parecía normal. A las ocho de la noche, sin embargo, estalló un ensordecedor caceroleo en las principales ciudades del país y cientos de barricadas interrumpieron el tránsito en las poblaciones. Así partió la primera protesta nacional contra Augusto Pinochet, que dejó dos muertos, 29 heridos y 652 detenidos. Otras tres jornadas de movilización estremecieron al país entre mayo y agosto de ese año. La última, la más violenta, dejó un saldo de 26 muertos y más de un millar de detenidos.
Sin que la oposición lo hubiera previsto, el régimen militar estaba por primera vez a la defensiva. Aunque en primera instancia el PC se vio sobrepasado por los acontecimientos, sus dirigentes pronto concluyeron que había que reaccionar con rapidez.
En junio de 1983, a un mes de la primera protesta nacional, el PC celebró un inédito cónclave en Cuba, a fin de discutir la postura que se adoptaría frente a la creciente efervescencia en Chile.
Bajo el nombre de "Concentrado de La Habana", y en una residencia facilitada por el gobierno cubano, tres grupos internos se vieron las caras: los oficiales formados en la isla, representados por Galvarino Apablaza, el "comandante Salvador"; la dirección del partido en Moscú, representada por Volodia Teiltelboim, y la cúpula clandestina de Gladys Marín, que envió como vocero al ex miembro del Círculo de Berlín, "Ernesto Contreras".
Los oficiales del PC habían costeado de sus bolsillos varios impresos que repartieron a los presentes. Se trataba de cuadernillos con las conclusiones de su experiencia en Nicaragua que, a su juicio, ayudarían en el combate en Chile. Se acentuaban los aspectos militares, como contar con buenas líneas de abastecimiento. Al intervenir en el plenario, el propio comandante "Salvador" hizo hincapié en esas materias.
Ni las palabras de "Salvador" ni los textos fueron bien recibidos por los concurrentes, que buscaban algo más que una mera organización militar para capitalizar las protestas. "La visión de los oficiales era casi escolar. Lo que ahí estábamos discutiendo no era cómo hacer una emboscada, sino la implementación de la Política de Rebelión Popular", recuerda Contreras.
El segundo en hablar fue el ex senador Jorge Montes, miembro del comité central del PC, a nombre de la cúpula de Moscú. Montes defendió la Política de Rebelión Popular, pero también llamó a los oficiales a "evitar el ultrismo" y las "aventuras militaristas". Sus palabras fueron interpretadas como el temor de la vieja guardia sobre un tema que no dominaban ni habían asimilado.
Al final intervino el enviado de Gladys Marín. Contreras aclaró que lo que estaba por ponerse en práctica era "el giro estratégico más importante" en la historia del PC, donde el factor militar era sólo "un componente más de la lucha". Esta tesis, la política militar como parte de un marco amplio y que abarcaba a todo el partido, era el camino que debía seguirse. Mencionó también la idea de atribuir todas las acciones de sabotaje del PC a un supuesto Comando Manuel Rodríguez, nombre que serviría como logo para la nueva política. Hasta los jóvenes militares aplaudieron la exposición. El sector de Gladys Marín parecía ser el único con un plan coherente para aprovechar la creciente movilización en Chile e implementar la insurrección.
El más sorprendido era "Salvador". Apenas el dirigente terminó su alocución, otro oficial se le acercó y le dijo bromeando: "Compay, le salió gente al camino". Compay era el apodo de "Salvador" en la isla.
Esta reunión de la Habana fue el punto concluyente para poner en marcha la vía armada en suelo chileno. Pese a que muchos sectores atribuyeron la decisión final a los altos mandos cubanos, los dirigentes comunistas de aquella época siempre lo han desmentido.
Entrevistada por una revista chilena poco antes de morir en el 2005, la propia Gladys Marín se encargó de aclarar al respecto; "Cuando se llegó a la conclusión de que había que formar militarmente a estos jóvenes chilenos, siempre se pensó que sería para un tiempo posterior, un tiempo democrático. Quienes plantearon el regreso anticipado de estos jóvenes fuimos nosotros. Y siempre asumimos esa responsabilidad. ¿Entonces, de qué son responsables los cubanos? Nosotros fuimos responsables de lo que hicimos y de la solidaridad que solicitamos. Eso fue todo".
Con el ya definitivo visto bueno del PC, en los meses siguientes los primeros oficiales chilenos entrenados en Cuba comenzarían a viajar a Chile con el fin de implementar la resistencia armada contra el régimen de Pinochet.
El nacimiento del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y su cruzada para convertir a Chile en una segunda Nicaragua estaba a punto de hacerse realidad.
Nota: Este capítulo esta basado en una serie de reportajes publicados en el año 2001 por el diario La Tercera, titulados "La Historia Inédita de Los Años Verde Olivo".
PRÓXIMA ENTREGA: NACE EL FPMR

juan dijo
La historia se ve muy interesante,parece una novela de intrigas,y de espionaje. Yo me pregunto?, de que sirvio preparar tantos jovenes,mujeres y hombres,para despues ser utilizados como carne de cañon,mientras las cúpulas del PC estaban tranquilamente en sus lugares de exilio.Lá estrategia del PC nunca ha sido la toma del poder porintermedio la lucha armada en nuestro país. Si no,sú preparación militar habria sido mucho antes,incluso antes del gobierno de la unidad popular,y no solo un grupo se tenía que preparar,si no ,que todo el partido, debíera haberse preparado política y miltarmente para la toma del poder.
En el 1983 empiezan las jornadas de protestas en Chile,muy debiles al principio,para empezar a tomar fuerza posteriormente,y cada vez se hacian más y más numerosas y más masivas.y en esos momentos nace el FPMR,como un brazo armado del PC; impuestos desde afuera y en forma vertical. Organización que empezó a tener mucho arrastre en las poblaciones de Santiago y en otros sectores del país.Y mientras la lucha en contra de la dictadura se iba agudizando, las cúpulas del PC y PS se reunían con la derecha chilena,él sector opositor en esos momento,más el alto mando de las FFAA y el imperialismo norteamericano,para buscar una salida pacifica y negociada del dictador,del "poder" político.Todo esto hecho en el más ectristo secreto,fuera de Chile y a espaldas del pueblo, y de los militantes de izquierda que luchaban para derrocar a la dictadura y construir la sociedad socialista. Todos conocemos lo que sucedio despues y esta ocurriendo ahora. Ahora el partido Comunista se quiere lavar las manos,mientras much@s jovenes que perdiero la vida,en esta aventura armada ideada por el PC,mientra ellos l@s jovenes morian o eran detenidos luchando por sus ideales, lás cúpulas del PC y el PS,iban regresando del exilio,negociando y estrechandole las manos a los que fueron culpable del Golpe de Estado en Chile. Todos esos señores componentes de esas cúpulas partidistas,hoy en día se estan muriendo de viejos,algunos escribiendo sus "memorias",otros ocupando cargos publicos,y los más descarados estan postulando a la Presidencia del país,otros al poder legislativo etc.etc. Total despues de cada cierto tiempo le rinden homenajes a l@s caidos en dictadura,los que murieron afuera,y despues la vida sigue igual.
15 Junio 2009 | 08:26 PM