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La Coctelera

THE PASKIN, UN DIARIO DELIRANTE Y DE MALA LECHE

PARA PONERNOS DE RODILLA NOS TIENEN QUE CORTAR LAS PIERNAS

20 Junio 2009

MARCO ANTONIO ENRÍQUEZ-OMINAMI EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS

 Patricio Araya 

Nunca tanto como hoy el popular refrán "en el país de los ciegos el  tuerto es rey", podría tener tanto sentido. Ahora, si ése país tiene  lugar en el espacio de la posmodernidad, el pato está en el horno,  compañeros. Y si el tuerto y los ciegos son chilenos, la cena está servida. Sospecho que el refrán de marras es más chileno de lo  imaginable. Alguien debe haberlo echado a correr para que no  olvidáramos lo frágiles que somos como sociedad, lo vulnerable que  somos a la obnubilación.

¿Por qué olvidar lo asombrados que resultamos el verano pasado frente  a esa muñeca gigante de cobre que "caminaba" por la plaza, mientras  sus gestores catalanes se reían a carcajadas de nuestra imbecilidad  macondiana ante al hielo del Melquíades de turno?

Mi difunta abuela Sabina decía que nuestra generosidad criolla era  ilimitada, que aquí cualquiera llegaba del extranjero con una mano  por delante y la otra por atrás, hablando "raro", y en un santiamén  acababa amarrando los perros con longaniza, y en la generación 

siguiente tenía a los chilenos trapeando sus pisos. Eso era y sigue  siendo verdad, como también lo es en su sentido ulterior, esto es,  que así como en Chile no cuesta nada hacer fortuna, tampoco cuesta  mucho ser brillante, o hacer que el resto se convenza de ello, aunque  no sea real. Si bien es cierto que no somos el paraíso de la  estulticia (debe haber otros más tarados que nosotros), tampoco somos  la tierra prometida de la inteligencia humana, ni mucho menos, de la  inteligencia emocional.

A estas alturas ya es posible colegir que MEO (Marco Antonio Enríquez- Ominami, el diputado díscolo, el sobrino odiado por Camilo) se perfila como el candidato "ideal" a cualquiera de esas cosas que los  chilenos validamos de buenas a primeras, como los requisitos para un  cargo de elección popular; por un lado, MEO es el "tuerto" que puede erguirse en medio de la mediocridad reinante, y sin mayor esfuerzo,  conseguir que algunos lo confiesen como su placer culpable: es el  menos malo, qué vamos a hacer, es lo que hay nomás. Y, por otro lado,  MEO es el chileno posmoderno por antonomasia: narcisista, hedonista,  consumista e individualista. Si frente a la necesidad de perfilar  candidatos presidenciales mezclamos la escasa calidad disponible y  los atributos descritos para la posmodernidad, el resultado es el  típico "producto" del marketing actual: un candidato mediático y de  bajo perfil intelectual, es decir, un candidato más preocupado de la forma que del fondo, de las encuestas que del contenido de su discurso.

El columnista Patricio Dussaillant (La Tercera, 24/05/09) dice que  MEO ha desplegado "una acertada estrategia de medios que, hasta  ahora, le permitió subir en las encuestas". Y en términos ideológicos  y programáticos, Dussaillant sostiene que MEO "dio a conocer ideas que lo alejan de su militancia y pensamientos socialistas: cambio  sustancial del estatuto docente, rebajar impuestos, privatizar un  porcentaje de las empresas estatales. En la línea correcta de lo que  necesita el país, pero desconcertante para muchos de sus potenciales electores".

MEO EN LA POSMODERNIDAD

MEO forma parte de ese escuálido porcentaje de "blancos" que le da dramático sentido a nuestro Apartheid chilensis, de donde surge la dirigencia criolla; él proviene de una familia ungida, con tradición  y estirpe, una minoría; y como si fuera poco, la historia de su padre Miguel Enríquez puede ser consultada en todos los idiomas de la tierra, porque es una leyenda. MEO fue educado en Francia, y a su regreso asistió a los mejores colegios de la aristocracia santiaguina, y pertenece por derecho propio a la "clase política" (a la oligarquía partidaria), es decir, su destino connatural es dirigir  el país. Lo tiene todo a su favor, partiendo por sus nombres  imperiales (Marco Antonio) y sus tres apellidos de niño bien (uno  mítico, otro poderoso, y el materno, vinoso), méritos suficientes  como para pasar por caja a cobrar el premio (o su capricho de ser rey).

Por sobre todas las cosas, MEO se ama asimismo; él ama su cabello, se lo acaricia como si fuera un rockstar promocionando Head and  Shoulders, o un Ricky Martin más machito, es común verlo haciendo ese  gesto canyengue de los futbolistas idolatrados por la TV shilena, y a  los que el comediante Daniel Alcaíno inmortalizó a través de su personaje Peter Veneno, como el paradigma del fanfarrón kitsch; a MEO, sólo le falta el chicle en la boca.

MEO no busca el placer en los lugares comunes de los socialistas de tomo y lomo (de tinto y de res), su placer es tomar café con su amigo Escobar, o en los catering de sus producciones cinematográficas; el hedonismo de MEO se escribe con letras doradas a bordo de su Cherokee (tal vez una tibia expresión de su complicidad neoliberal), visitando a su oftalmólogo de Vitacura (tal vez otro guiño neoliberal a la salud privada) o recibiendo visitas en su oficina congresal mientras  graba el reality de su entretenida vida de "servidor público", o en las avenidas de alguna ciudad como Miami, acompañado de su esposa diva, que alucina con ser primera dama; MEO no le bolsearía un pucho a Pancho Bucat, en una esquina cualquiera, ni estaría dispuesto a escuchar sus teorías conspirativas; ni a tomarse una chela en un tugurio con un compañero cesante.

Quizás el rasgo más posmoderno de MEO sea esa conjunción narcisista-hedonista-consumista: su individualismo. Sorprende su afán por tener dos padres a la vez, dos apellidos, un pasado y un presente simultáneos, sorprende que hable de sus "dos" hijas, cuando en rigor la primera tiene padre propio (el periodista Eugenio Cornejo). ¿Acaso MEO tarja a su modo las partes de la historia que le incomodan o le sobran?

El distinguido abogado de la plaza, Roberto Ávila Toledo, asegura en esta misma prestigiosa tribuna que "el liderazgo de Marco es nuevo, distinto, rápido, contradictorio (...) no tiene metarrelato (¿quién lo tiene?)".

Como dicen los abogados: a confesión de partes, relevo de pruebas. Si hay un reclamo que podamos hacerle a la posmodernidad, es que ésta barrió con el relato épico; la gran politique está demodé, ya no cuentan las grandes historias, ningún político hoy día podría juntar  un millar de adherentes en una alameda y convencerlos de sus ideas;  lo de hoy es la persuasión, no la convicción; lo que cuenta es el encanto personal, no la ideología. Los grandes relatos fueron reemplazados por historias personales. El mejor ejemplo de ello es la historia personal de una pediatra hija de un general muerto en la cárcel y de su paso por una villa donde la torturaron y de su posterior exilio y de lo difícil que le resultó ser separada y asumir una maternidad en solitario y lo mucho que tuvo que luchar con sus coroneles para que la reconocieran como su representante en una papeleta para terminar esquivando las zancadillas y pese a ello ser la más popular...

MEO, no le debes nada a la izquierda. Sólo le debes un poco de humildad a tu historia. Te sobra un guión y un apellido.

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

 Marco el super stars

Marco el super stars dijo

Gotesca exposición en los medios, carecia de ideas y si las tiene son símiles al dinero del neoliberalismo, dos parlametarios íconos freak de la confusión política, demagogia y facilismo.¿Como no va a ser seductora esta imagen? rompe los esquemas de la fomedad con que se hace políca, dando lecciones de comunicación y manejo de medios, es una verdadera lástima que tanta vacuedad y chabacaneria pierda en primera vuelta, representa al Chileno promedio, loco, narciso, edonista,egoista, incogruente,aspiracional, exitista,inestable,latin lovers. Todos los ingredientes necesarios para ser una estrella en los medios,un Rock Star, pero para su desgraica, elegimos un presidente, no un gerente ni menos un alusinante demente, bien por el "loco lindo" que le entrega oxigeno a la politica, mal, por su opción sin contenido, me recurda mucho al chico reality Alvaro Valero y su frase "yo amo a Valero" sería un gran animador en cualquier late show.

28 Junio 2009 | 04:15 AM

felipe rojas

felipe rojas dijo

no pueden ser tan cara de raja y entrar de una cn la critica individual, que el narcismo, aue el individualismo, etec. etc...
Este MEO es solo el producto de la trancision, no le den tanto color, si esta claro que es lo emnos peror que hay en el escenario. Ni Arrate ni Navarro se han mojado y sacrificado tanto el poto politico. la izquierda conservadora tal como la derecha fascista no pueden seguir gobernando. Si hay neoliberalismo en lo economico, pero en lo politico, se puede decir que existe un neo estalinismo. escalona, tellier, etc.. que mejor prueba de ello. se hacen los hvns pero estan en el poder, en el gobierno o aspiran a el utilizando las mismas pillerias que usaron durante todo el siglo 20, siempre con el mismo fin, darle el poder en bandeja a la derecha o abiertamente pa frenar procesos revolucionarios. esta claro, MEO no es ningun revolucionario, pero emientras sea una amenaza para los fachos y para los estalinistas del ps y pc, lo apoyo.

29 Junio 2009 | 07:17 PM

Julius

Julius dijo

Yo Marco
Yo Meo
Yo ... cago

Meo: es la vìa post modernista al neoliberalismo piñerista.

El pueblo es sabio y lo ha rebautizado como Cagómeo.
Habla de los políticos y los privilegios de la elite gobernante
con un pituto de 15 palos al mes.

Los miristas le hicieron olitas al gobierno de Allende
que terminaron en una cruel dictadura. Los miristas
sobrevivientes se hiecieron ricos en el exilio dorado
en Pari$ o como el Ma$ Marambio Cuba hicieron buenos
negocios mientra el pueblo de mamaba el insilio.

El pijecitos al comienzo del gobierno de Bachelet en
su momento mas debil le hacian olitas y ahora se
quieren lucir con su popularidad.

Como decia Victor Jara, Ud. no es na se lo pasa mañoseando
su dignidad. Cualquiera es discolo con un buen billete
y publicitado por El Mercurio, Megavision, Piñeravision y La
Tercera. Es un fenomeno mediatico creado por la derecha
para despues de contralar el poder economico, militar, judicial
legislativo tomar el poder ejecutivo lo unico que le falta con el apoyo de Carlos Ominami y su hijito adoptivo.

Recuerdo un programa comico en la Tv: Una madre llama a su hijo:

"Ya marquito dejese de jugar al candidato" cuando te infla la derecha la que se infla y el pueblo sufre las penurias a las que la conduce esta manga de pequeños burgueses que algun filosofo llamo los prostitutos de la sociedad que siempre caen parados y bien pagaos.

5 Octubre 2009 | 07:25 PM

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