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THE PASKIN, UN DIARIO DELIRANTE Y DE MALA LECHE

PARA PONERNOS DE RODILLA NOS TIENEN QUE CORTAR LAS PIERNAS

28 Junio 2009

ESPECIAL DE EDUCACIÓN: TRES DE RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS

 ESTADO DOCENTE DESCENTRALIZADO

Rafael Luis Gumucio Riva

El Chile neoliberal está muy lejos de ser un país descentralizado; por cierto que no basta con la elección de consejeros regionales, ni siquiera con la meta más alta en el sentido de que los intendentes y gobernadores surjan de la soberanía popular; se hace necesario el impulso de políticas más audaces para llevar a cabo una verdadera regionalización. En el fondo, las municipalidades además de disímiles en cuanto a recursos y conectividad, demuestran serias dificultades en la gestión de la educación: no es lo mismo una escuela Básica o un Liceo en las Condes o en Providencia que en Pudahuel, San Miguel, Cerro Navia. La municipalización no ha hecho más que aumentar la segregación en nuestro sistema educacional, que prueba que la herencia de Pinochet ha sido un verdadero fracaso.

Las escuelas y liceos municipales no constituyen ninguna novedad en nuestra historia de la enseñanza: los conservadores, partidarios de la libertad de enseñanza durante la república parlamentaria aplicaron, radicalmente, la famosa comuna autónoma, utopía suiza del líder conservador marqués de  Irarrázabal, para oponerse al famoso Estado docente. De más está decir que esa supuesta municipalización no sólo llevó a la corrupción, sino también al más absoluto fracaso, pues las corporaciones edilicias estaban podridas a causa del clientelismo y la influencia de los gamonales locales.

Me permito dudar de la eficacia respecto a la inversión de los 600 millones de dólares en municipalidades, que han demostrado ser bastante ineficientes en la gestión de la educación pública; incluso, algunos alcaldes -entre ellos el de Valparaíso- son partidarios de entregar las escuelas y liceos a administración del Ministerio del ramo. Es cierto que en la rica tradición del socialismo chileno está la idea del poder comunal y de una amplia descentralización del Estado: baste leer la Constitución socialista, propuesta por Luis Emilio Recabarren, a comienzos del siglo XX, sin embargo, hoy por hoy, el neoliberalismo ha destruido toda expresión de participación  y aun mas de  poder popular, ubicado en las comunas. En todos los planos de la vida ciudadana se hace necesario un mayor protagonismo del Estado en diferentes ámbitos, como el transporte, hoy regentado por los bancos y empresas privadas; lo mismo ocurre con la educación municipal y privada. Si nos referimos solamente a la calidad de los aprendizajes, estos son notoriamente deficientes tanto  en las escuelas municipales, como en las particulares subvencionadas. Creo que no basta con aumentar el aporte del estado  -lo que es muy loable- si siquiera con el control de calidad por medio de la Superintendencia de Educación, sino que se requiere de una cirugía profunda que, en el caso chileno, es la formación de un Estado docente descentralizado.

Después de múltiples reformas, que constituyen verdaderos parches, hemos podido comprobar que el resultado de los programas focalizados del Ministerio de Educación, como el P-900 y los respectivos Meces, han sido bastante pobres. Es evidente que un sistema mixto, tan complejo como el chileno, en que la administración de las escuelas reside en las municipales y en los privados, el rol del Ministerio de Educación, además de magro, tarde o temprano tenía que caer en la más completa ineficiencia. Pienso que sería mejor sincerar la situación entregando al Estado la tutoría y administración de las escuelas públicas, centrando la inversión de los cuantiosos fondos destinados a las escuelas, a aquellas que deben cumplir una función educativa de calidad, destinada a los más pobres.

Es cierto que la Superintendencia tendrá derecho a cerrar los establecimientos educaciones, cuyos resultados sean deficientes, sin embargo, los indicadores de calidad, como el Simce y la PSU, están basados en el concepto gerencial de calidad total que he analizado, latamente, en artículos anteriores. Por cierto estas mediciones, especialmente cuantitativas, se contraponen a una concepción liberadora de la educación popular.

A mi entender, la formación del docente sigue siendo el elemento eje para combatir la segregación y mala calidad de la educación. En los primeros años de la educación pública rural y de las comunas pobres de las grandes ciudades deberían destinarse los mejores profesores, con sueldos acordes a su excelencia académica y estabilidad laboral, -que la derecha quiere destruir derogando el estatuto Docente - para provocar aprendizajes significativos y de calidad, desde la más tierna infancia. Las escuelas pedagógicas. Además de tener docentes de calidad y con verdadera vocación, deberían centrarse en la promoción de cualidades docentes. Si a esto agregamos la formación de consejos escolares, dotados de poderes normativos que les permitan gestionar la escuela, tendríamos una educación participativa, democrática, igualitaria y liberadora, aspectos centrales de lo que me atrevo a llamar Estado docente descentralizado.

 

DISPAREN CONTRA EL PROFESOR

Rafael  Luis Gumucio Rivas

Los tecnócratas del Ministerio de Educación, como buenos funcionarios del despotismo ilustrado de la Concertación, están convencidos de que con aplicar una reforma educacional, copiada de la española, se producirá el milagro de acortar la brecha monstruosa entre la educación para ricos y para pobres. Este  marasmo educativo,  viene desde 1910 cuando el profesor Alejandro Venegas -seudónimo doctor Julio Valdés Canje En sinceridad Chile 1910 -, conociendo directamente el trabajo de aula, constataba que los abogados hacían clase de historia, los médicos, de biología y los carniceros operaban. Francisco Antonio Encina en  Nuestra inferioridad económica  insistía en dejar de lado la educación enciclopedista y libresca por una enseñanza económica Cuenta Joaquín Edwards Bello que en el liceo memorizaban las diversas fases de la reproducción del cangrejo. A pesar de las  reformas realizadas durante los gobiernos de Carlos Ibáñez del Campo, (1827), las del profesor Pedro Aguirre Cerda, (1938), Eduardo Frei Montalva, (1965) y Eduardito Lázaro Frei Ruiz-Tagle, sólo podemos constatar un aumento en la cobertura educacional y lógicas evoluciones técnicas, propias del cambio de época.

En lo que respecta a la calidad, no estamos mucho mejor que en el Centenario: todos los SIMCE prueban una enorme diferencia entre los colegios particulares y los municipalizados; en la educación básica ya comienza a verse los distintos destinos entre ricos y pobres. La reciente evaluación de 10.000 docentes, de la cual se restaron 5.000 enseñantes, es demostrativa del desastre de la famosa reforma educativa: el 37% de los profesores demostraron sólo capacidades básicas, es decir, aplican un método conductista, no tienen idea del constructivismo, creen que las pruebas sólo se aplican para premiar o castigar, sin considerar que la evaluación debe ser siempre formativa, lo que equivale a afirmar las capacidades de los alumnos y corregir sus deficiencias. Las universidades no ayudan a formar verdaderos educadores, sino que se limitan a entregar contenidos repetitivos; además, los profesores continúan con bajas remuneraciones, incluso, hay municipios que ni siquiera les pagan las cotizaciones provisionales  y no se valoran las competencias docentes. Los cursillos de capacitación, pasantías y viajes al extranjero son una broma. En 1906 un profesor ganaba menos que un  fogonero, obrero del salitre, inspector de ferrocarriles.: el aspecto miserable del preceptor provocaba las burlas de sus  alumnos.

Es fácil encontrar un chivo expiatorio: el profesor quien es, a su vez, víctima de una educación que es sólo un negocio para sostenedores y tecnócratas. Bajo el concepto neoliberal darwiniano, en que sólo se salvan los más capacitadas -económicamente - es  imposible llevar a cabo una revolución educativa, que comience buscando la igualdad desde la pre-básica, como sueña la bien intencionada abeja reina, Michelle Bachelet. Mucho me temo que el Bicentenario que se aproxima nos encontremos en el mismo  desastre  educativo que en 1910.

 

LA EDUCACIÓN CHILENA: DE GUATEMALA A GUATEPEOR

Rafael Luis Gumucio Rivas      

Aún tengo en la retina aquella absurda ceremonia en la cual los jefes políticos, tanto de la Concertación, como de la Alianza, se tomaban de las manos a la par celebraban jubilosos el que todos ellos llamaban "histórico Acuerdo", respecto a Ley general de Educación, en uno de aquellos salones del Palacio del Zorro - La Moneda -. Como todos estos leoninos pactos, es siempre la derecha la triunfadora y la educación sigue siendo un buen negociado, especialmente para los sostenedores de establecimientos privados. Dicha celebración parecía un verdadero festival de vanidades, similar al de Viña del Mar: al final, la gaviota de oro se la llevaron los Larraínes y Cía. Ltda., con la repetida canción de la libertad de educación que, en Chile, es libertinaje del lucro.

De nada sirvieron las buenas propuestas - desde los "pingüinos", pasando por el Colegio de Profesores y numerosos educadores de verdad - para terminar con el lucro de quienes se enriquecen a costa del dinero de todos los ciudadanos. No cabe duda, hoy más que nunca, de que debemos reemplazar el sistema de educación actual por un Estado docente descentralizado: una educación de calidad, versus una educación de mercado. El gobierno ha funcionado siempre sobre la base de victorias a lo Pirro: se creía que un a superintendencia de educación y una agencia privada de calidad podrían controlar esta ansia ilimitada de lucro y de usufructo de fondos públicos del cuales hacen gala los sostenedores privados. El último escándalo prueba que susodicho control es absolutamente ineficiente frente a un país dominado por la utopía del mercado neoliberal.

La historia de Chile, a comienzos del siglo pasado era, a mi modo de ver, muy útil para entender con detenimiento los escándalos que ocurren en la actualidad, informados muy superficialmente por los Diarios de la derecha duopólica. En 1900, Enrique MacIver denunció, en el Ateneo de Santiago, lo que él llamaba la crisis moral donde, una de sus raíces emanaba del sistema educacional. Creo firmemente que, ad portan del Bicentenario, está viviendo una nueva crisis, que no sólo es moral, sino que descomposición política: del Transantiago pasamos a Ferrocarriles, del MopGate y las coimas, a la educación y seguía  Corría el billete, como titula su libro un conocido escritor.

La Concertación jamás tuvo la voluntad de poner fin al caramelo envenenado que le heredara el Corrupto, asesino y ladrón Augusto Pinochet y prefirió el pacto entre castas con la Alianza: se trataba de la política de los "acuerdos", de mantener incólume la utopía neoliberal. Así son los mismos tecnócratas y burócratas que se reparten el queso de loas dineros fiscales.

Los Seremis, secretarios ministeriales en cada Región, son un legado de la dictadura, aparentemente con objetivo de regionalizar el país. La verdad es que son ministros en chico, una especia de gamonales provincianos, que se sienten deslumbrados ante el poder y que, por diversos motivos, no han logrado, dentro de sus respectivas tribus políticas, altos cargos en la administración fiscal. Como siempre, pagan los chicos por los grandes y, como consecuencia, es muy posible que terminen siendo los únicos responsables de lo que se llama, en forma sutil, "desprolijidades administrativas" o "faltas benignas de control contable". Es como si la educación fuera tarea exclusiva de contadores, o como si bastara con buenos balances para administrar el poder. Además de tecnocrático, el gobierno es ineficiente, por lo cual debiéramos concluir que las cabezas de huevo no sirven para nada. Esto de la desprolijidad sólo se la tragan los muy ingenuos.

La pillería, la falsificación, el fraude y otros vicios, son verdaderas instituciones nacionales, por algo la figura del macuco y el muñequero han sido admirada en nuestra historia, pero lo importante es no ser descubierto. Que los sostenedores falsifiquen libros de asistencia para aumentar el lucro, en base subvenciones, no es nada nuevo en Chile: en el pasado se hacían votar a los muertos y se compraban los votos. Nada cuesta colocar alumnos inexistentes como geniales estudiantes o, en otros casos, niños perfectamente normales, como minusválidos, el papel aguanta todo. Según los sostenedores, estaríamos plagados de Pico de la Mirándola - es decir, en presencia de grandes sabios, ausentes de las escuelas-.

Como siempre ocurre en estos casos, no se sabe, a ciencia cierta, el monto de los dineros no respaldados; según la Contraloría, ascenderían a 262 mil millones de pesos. Según la ministra del Ramo, estos gastos están perfectamente justificados y no se ha perdido un solo peso. El ciudadano queda con cuello, es decir, termina sin comprender nada, o ¿puede ser una de las tantas "calumnias" de la oposición o simplemente desórdenes contables? Al fin y al cabo, lo que sí está claro es el constante abuso fraudulento de los sostenedores de un sistema privado, donde predomina un moral de mercader y una política apartada de la ética.

Como lo escribieran Luis Barros y Ximena Vergara en su libro, El modo de ser aristocrático, refiriéndose a la crisis de los años 20 del siglo pasado, "es una crisis de estancamiento y de descomposición, es la reacción ante un orden de cosas que ha entregado todos los privilegios a una minoría cerrada absolutamente en sí misma al extremo de dejar sin definición social al resto". Nos encontramos ante dos castas, múltiples tribus, dos plutocracias que se disputan el poder sin proyecto político, sin sueños y con un gran desprecio por los ciudadanos.

Esta historia de los descuidos y desórdenes administrativos y contables -ojalá fuera sólo eso - viene desde tiempos muy remotos de nuestra historia: en los años 20 se repartían entre los parlamentarios las tierras fiscales, en Magallanes, en las concesiones salitreras en el norte y los dineros destinados  a los albergues de cesantes: existía una especie de complicidad corporativa que hacía imposible denunciar estos escándalos, so pena de ser considerado un traidor o un díscolo. El senador Joaquín Echenique se atrevió a acusar a sus colegas, costándole el aislamiento por parte de sus pares; incluso, el diario Claridad, de la Federación de Estudiantes de Chile, reconoció el valor de este honrado senado: "Diríase que el senador Echenique defiende el dinero del fisco como si fuera suyo..." (Góngora, 1986:121).

Es cierto que la derecha carece de autoridad moral - son Catones con el marrueco abierto - pues callaron e, incluso, defendieron los latrocinios del tirano Pinochet, sin embargo, hacen falta personas valientes y transparentes  como el senador Echenique -, al menos, la Contraloría ha sacado la voz  para transparentar los procedimientos administrativos.

En el Chile monárquico presidencialista, las facultades fiscalizadores de la Cámara de Diputados se convierten en una broma; incluso la interpelación, que es una institución adecuada en un régimen parlamentario - pues conlleva la caída del Gabinete - en el presidencialismo se convierte en un circo de preguntas y respuestas, destinadas mas bien a dar gusto al público de la Sala que dilucidar el objeto y el fondo de la interpelación. Siempre termina en los tantos empates morales a la chilena.

 

 

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