"GOBIERNOS DIGNOS Y TIMORATOS, DONDE HAYA QUESOS NO MANDÉIS GATOS"
Rafael Luis Gumucio Rivas.
La moraleja del fabulista colombiano, Rafael Pombo, puede ser aplicada a nuestros gobiernos dignos y timoratos de la Concertación. El cobre se ha convertido en un queso de primera calidad: en pocos años su precio ha crecido desde 88 centavos la libra, a 2.75 U.S.; como nunca he aprendido matemáticas - gracias a nuestra genial educación - no he podido calcular la cantidad de millones de dólares que reposan en las arcas fiscales.
Hace tiempo, cuando Chile era un país pobre, pero honrado, el presidente Salvador Allende llamaba al cobre "el sueldo de Chile"; todos, ingenuamente, creíamos que cuando aumentaba su precio nuestro sobre mensual tenía más billetes. En la República, los gatos eran pocos y controlados por la necesario relación entre la ética y la política. Por lo demás, el cobre era de todos los chilenos y nos sentíamos orgullosos de ello.
Hoy, la gran mayoría de los yacimientos del cobre son privados y los gatos canadienses y australianos son tanto más hambrientos que los antiguos propietarios ingleses del salitre y los norteamericanos del cobre. Al menos, nuestros oligarcas de comienzos del siglo cobraban un 50% por cada quintal de salitre, como royalty, y a los norteamericanos, Salvador Allende no les pagó nada por ganancias indebidas, a raíz de la nacionalización. Canadienses y australianos pagan cero impuesto y costó un mundo que se aprobara, en el Congreso, el cobro de un 3% de royalty. Del salitre, sólo quedó el hoyo y la chatarra; para qué hablar del oro que, actualmente, está a 600 U.S. Los canadienses abandonaron las minas de oro del Inca, en el Valle del Elqui, sin pagar un cinco al Fisco y, ahora, pretenden explotar Pascua Lama, en la Tercera Región. Como se puede ver, nuestros gobiernos dignos y timoratos han dejado el queso en las fauces de los hambrientos gatos.
Pero también hay felinos nacionales: son los famosos "Chicago Boys", huérfanos del especulador y pillín, Daniel López Pinochet; no contento con haber comprado, a precio de huevo, las más rentables empresas fiscales, ahora ambicionan privatizar CODELCO, Enap y la CAP; los argumentos siempre son los mismos: el Estado administra mal; no tiene por qué meterse en materias económicas; las empresas fiscales son corruptas e ineficientes. Sólo debe reinar el mercado y eliminar a los parásitos, como diría uno de los clásicos del neoliberalismo; incluso, no falta un ex pinochetista que acuse a las empresas fiscales de ser mucho más millonarias que las privatizadas por Daniel López. Es que la ambición de estos gatos es ilimitada: quieren agregar a la totalidad de las empresas las AFP, Isapres, Universidades, la millonaria CODELCO; ¡Mire qué gatos tan frescolines!.
Sostengo que en Chile conviven dos plutocracias: la primera surgió en la época de Daniel López, convirtiendo a empleados públicos de la dictadura en millonarios empresarios -el caso de Ponce Leroux el yernísimo, puede constituirse en un biografía emblemática -; estos nuevos ricos no corren ningún riesgo para lograr, año a año, utilidades estratosféricas; el mercado competitivo es una burla: el Ipsa está compuesta por empresas que se reparten el mercado y no compiten entre ellas. La segunda plutocracia está integrada por empleados públicos que, por tantos años de poder y de relaciones con la derecha, en lo que se llama la "democracia de los Acuerdos" o, mejor, dicho, la alianza plutocrática. Estos "exitosos" barones han dejado de ser peligrosos revolucionarios para convertirse en unos muy talentosos empresarios, como es el caso de Óscar Guillermo Garretón, manager de cuanta empresa nacional o internacional de la plaza; Enrique Correa y Eugenio Toroni, geniales lobistas de empresas mineras extranjeras y de un cuanto hay; los ex pechoños cristianos tampoco lo hacen mal: integran, sin problema, los Consejos de cualquier empresa, con la condición de que esta sea rentable.
En las empresas fiscales ocurre lo mismo, las sillas musicales se aplican a la perfección: pasan del Banco del Estado a un ministerio, de este a un canal nacional, de CODELCO a la CORFO, de un puerto privatizado a la aduana y así suma y sigue. Como en el juego infantil de pillarse, sugiero al lector construir un mapa para saber dónde están los eternos plutócratas de la Concertación.
Decir que Chile es menos corrupto que los demás países de América Latina y colocarlo en un buen lugar en las clasificadoras de corrupción es demasiada autocomplacencia; la comparación es papaya, sin embargo, Juan Pablo Dávila Dávila, hoy un santo pastor, despelucó, con toda impunidad, a CODELCO pagando sólo, por evasión tributaria, tres años en una cómoda cárcel; para qué hablar de Inverlik y la CORFO y el famoso chiste del profesor Lagos, acerca del jarrón y el Mop-Gate sigue hasta nuestros días.
Un ex ministro de Obras Públicas califica todos estos casos como un "exceso de amiguismo", una forma muy piadosa para hablar del poco cuidado respecto al queso fiscal; es cierto que hay que distinguir entre lo ilegal y lo éticamente inaceptable. Es muy posible que los sobresueldos y las indemnizaciones, a todo evento, no sean ilegales pero, al menos, demuestra una falta de cuidado con el dinero de todos los chilenos y una ofensa para quienes ganan un sueldo vital.
Por lo demás, el bono a los ejecutivos de CODELCO se autodetermina por una buena gestión, cuando la verdad, es que la rentabilidad de la empresa se debe al alto precio del cobre y la capacidad de los chinos para comprar en forma ilimitada; CODELCO es una empresa estatal que, a diferencia de las privadas, no tiene por qué pagar bonos por eficiencia: no son acaso los ejecutivos servidores públicos y no tecnócratas, manipuladores del mercado? Mientras la ética esté divorciada de la política, será muy difícil reencantar a los ciudadanos.
