HISTORIAS DE MEDIO SIGLO
UN ‘CABALLO MEDIOPELO' GOBERNÓ CHILE
Por ARTALEX

Cuando se hace cualquier análisis político respecto del comportamiento ‘constitucional y democrático' de las fuerzas armadas chilenas, indefectiblemente resulta perentorio recurrir al mismo ejemplo de inicio, al epítome de la brutal estupidez y disociación nacional: Carlos Ibáñez del Campo. El ‘Caballo' Ibáñez (según el pueblo)...el ‘Mediopelo' Ibáñez (según la exigua aristocracia pelotillehuense).
Este militar, uniformado mental desde el momento en que la partera le pegó dos palmadas en las nalgas al nacer, siempre pensó que la más alta instancia del poder político (La Moneda) merecía contar con algún bendito General en el sillón de O'Higgins (otro ‘héroe' del cual podríamos mencionar mil y una barbaridades, como el asesinato de los hermanos Carrera y el de Rodríguez Erdoíza, verdadero baluarte del auténtico pueblo chileno, o el entreguismo del gobierno o'higginiano a la logia argentina de San Martín y Monteagudo).
Respecto de Ibáñez del Campo, solamente para graficar aquellos hechos en los que tuvo responsabilidad directa, podemos mencionar:
1.- Participó como oficial de ejército, en medida importante, en el golpe de estado contra Arturo Alessandri Palma el año 1924.
2.- Cuando el 09 de febrero de 1927 se produjo la renuncia del ministro de Interior Manuel Rivas Vicuña (reemplazado por Carlos Ibáñez), el poder del Presidente Emiliano Figueroa quedó muy debilitado. El Presidente Figueroa renunció el 07 de abril de 1927, y Carlos Ibáñez tomó el mando en calidad de Vicepresidente. Convocó a elecciones presidenciales y levantó su candidatura, dirigiendo un manifiesto en el que expresó su voluntad de continuar el desarrollo del programa de gobierno que inspiró la revolución de 1924. Asumió la presidencia el 21 de julio de 1927.
3.- Chile resultó muy afectado por la crisis económica de 1929. En 1931, por ejemplo, más del 60 por ciento de los trabajadores de la minería quedó cesante. Afloró el descontento popular que había estado tanto tiempo reprimido. Los estudiantes de la Universidad de Chile se declararon en huelga tomándose la Casa Central. Los estudiantes de la Universidad Católica adhirieron a este movimiento y hubo enfrentamientos armados. Una huelga general en todo el país vino a agravar la situación.
Viendo la seriedad de los hechos y la imposibilidad de solucionarlos, Ibáñez dimitió el 26 de julio de 1931 partiendo al exilio a Argentina, agregando a lo anterior el que estudiantes, obreros e incluso empleados fiscales y mucha clase media había decidido tomarse las calles y luchar frontalmente contra un gobierno que, en ese momento, gran parte del país consideraba que era ya una verdadera dictadura, o una tiranía.
4.- Regresó de su exilio y se presentó como candidato en las elecciones presidenciales de 1938. Fue apoyado por el Partido Nacional Socialista (los ‘nazis' criollos), pero en medio de la campaña, el 05 de septiembre del 38, se produjo un intento nazi de golpe de Estado que terminó con la matanza del Seguro Obrero, lo que significó el fin de la candidatura de Ibáñez, quien renunció y entregó -a contrapelo y rechinando dientes- su apoyo al Frente Popular encabezado en ese momento por Pedro Aguirre Cerda.
5.- Siendo Presidente de la República el señor Pedro Aguirre Cerda, reproduce Ibáñez en las filas del Ejército un lamentable hecho que la Historia recogió con el nombre del "Ariostazo" (1939). Bien, pues, Ariosto Herrera, general de ejército, descendiente del héroe de la Guerra del Pacífico, Eleuterio Ramírez, había sido llamado a retiro pocos meses antes debido a su aversión hacia los comunistas que formaban parte del Frente Popular gobernante. El general Herrera se había negado a desfilar frente a La Moneda pues consideraba que había ‘muchas banderas rojas' cerca de sus tropas.
Decidido a acabar con el "régimen comunistoide del Negro Aguirre" (se refería, racistamente, al Pdte. Aguirre Cerda), el general Ariosto Herrera acudió al regimiento Tacna, donde solicitó el apoyo de los oficiales (pero solamente consiguió el apoyo de dos de ellos). Allí esperó el concurso activo y bélico del resto del Ejército. Al no ocurrir lo anterior, el movimiento fue rápidamente reprimido. Tras un teatral e inocuo simulacro de suicidio el general Ariosto Herrera se entregó a las autoridades judiciales y políticas. El desquiciado militar, ya rodeado y sin posibilidad alguna de escapar, había "solicitado a sus captores permiso para suicidarse", el cual le fue negado...entonces, simplemente, botó su arma y se entregó.
Según se dijo en su momento, detrás del Ariostazo se encontraba Carlos Ibáñez del Campo, quien no pudo ser juzgado por los hechos anteriores ya que huyó a Argentina dispuesto a encontrar cobijo y protección en la persona de Juan Domingo Perón, su amigo y camarada ideológico, aunque primero se había asilado en la embajada del Paraguay.
6.- El 04 de noviembre de 1952 Carlos Ibáñez regresó a La Moneda después de una elección legítimamente ganada. Contaba con un 46,8% del apoyo de sectores muy heterogéneos. En breves meses, impensadamente, se manifestó adversario de la derecha aristocrática ya que esta le consideró ‘milico de medio pelo' (sic), amigo y admirador del argentino Juan Domingo Perón y rezago extemporáneo del antiguo fascismo encabezado por el asesinado Benito Mussolini.
No obstante, la masa electoral -el pueblo- cansada de tanta politiquería y traiciones ideológicas (recordar el gobierno de González Videla, la Ley ‘Mordaza' y la persecución al Partido Comunista además de la huida de Pablo Neruda), le entregó su apoyo al ex dictador Ibáñez, cuyo símbolo de campaña había sido una escoba...exactamente, una escoba para -según él- ‘barrer' la inmundicia que estaba depositada en La Moneda y en el Congreso.
Durante su gobierno se contrató a la Misión Klein Sack, consultora norteamericana que propuso un plan estabilizador de la economía. Esta consultora hizo una serie de propuestas de orientación ultra liberal, por lo que en un principio contó con el respaldo de la derecha económica. Sin embargo, la gran mayoría de las recomendaciones no pudo ser puesta en práctica y el aspecto económico continuó en caída libre en la misma medida que el país aumentaba su dependencia de los Estados Unidos de Norteamérica.
La inflación disparada y una cesantía creciente gatillaron el año 1957 la gran huelga nacional encabezada por la CUT (dirigida entonces por Clotario Blest). Se le llamó "la huelga de la chaucha", debido a que el detonante fue finalmente el alza de los pasajes de la locomoción colectiva en Santiago. Hubo severos enfrentamientos con la policía y el ejército; Ibáñez decretó toque de queda y estado de sitio; decenas de personas murieron en los combate callejeros, hasta que finalmente el gobierno cedió y la escasa imagen pública que le restaba a Ibáñez del Campo se diluyó por completo.
Viendo que sus ilusiones proto-fascistas se encontraban cada vez con menos fuerza y definitivamente superadas por los acontecimiento mundiales, Ibáñez, el 27 de marzo de 1958, en el ambiente de pre campaña presidencial, permitió y apoyó la creación del Bloque de Saneamiento Democrático, una alianza de centro izquierda destinada a detener electoralmente a la derecha (su gran adversaria política y clasista al final del período presidencial).
Contó con el apoyo de ese Bloque Democrático para la promulgación de importantes leyes: se aprobó la cédula única de votación y el cierre de las secretarías electorales 48 horas antes de las elecciones. Esta ley fue un importante avance contra el cohecho.
Luego, se derogó la Ley de Defensa de la Democracia, permitiendo la incorporación de la votación comunista. Todo ello gracias a que Ibáñez, al final de su período, buscó aliarse con la izquierda chilena. Finalmente, dejó la presidencia en 1958, ya casi sin arrastre político, para fallecer -olvidado y poco apreciado por el pueblo- el 28 de abril de 1960, pueblo que a partir de entonces consideró que el ‘milicaje' era un sector social indigno de apropiarse de la conducción política y administrativa del país.
De este ‘ejemplar' de militar-carabinero, sedicioso, pro Peronista y golpista por antonomasia, surgirían más tarde los representantes de un fascismo renovado, como Roberto Viaux Marambio, Augusto Pinochet , Manuel Contreras, José Toribio Merino, César Mendoza y Gustavo Leigh,
La acción ‘republicana' de estos militares está refrendada por miles de asesinados, torturados, exiliados y encarcelados, pero la ‘obra' de aquel gobierno de facto es defendida y apoyada por muchos dirigentes de la derecha política, la que sustenta su agrado por los hechos dictatoriales intentando suavizarlos mediante el añadido de algunos aditamentos seudos democráticos, refritos cercanos a los que promueven derechistas europeos como el francés Sarkozy, los españoles pro Franquistas de apellidos Aznar y Rajoy, junto al colombiano (de dudosa ralea política y moral) Álvaro Uribe.
Se crea o no, se dude o se cuestione, la verdad es que el general chileno Carlos Ibáñez del Campo, en la larga época que deambuló política y militarmente -entre los años 1925 y 1958-, fue el principal impulsor de un sistema atentatorio a la democracia institucional, y en gran medida engalanó la que posteriormente sería la trágica Política de Seguridad Nacional implantada a sangre y fuego por Estados Unidos en América Latina, iniciada con el golpe de estado propinado en Brasil por el general Humberto Castelo Branco, el año 1964, y terminada -cual guinda de una torta sangrienta y amarga- por Augusto Pinochet y la terrorífica ‘Operación Cóndor'.
