ESTO DE SER CANDIDATO PRESIDENCIAL ES LA REHOSTIA.
Luis CASADO
Mucha visibilidad mediática, mucha declaración pública, mucho backstage para el maquillaje, el peinado, el look, el brillo de la mirada y el orden de la indumentaria, para luego desaparecer del radar como un avión cualquiera, desastre debido frecuentemente a que les encontraron las "cajas negras" antes del siniestro. Y si les encuentran las "cajas negras" y el siniestro al mismo tiempo...
¡peor aun!
No hace mucho los candidatos se llamaban Ricardo Lagos, Soledad Alvear (¿te acuerdas de la nota publicada en La Nación: "La candidatura está resuelta"?), José Miguel Insulza, Tomás Hirsh... En épocas no muy remotas hasta Evelyn Matthei, Pablo Longueira y Joaquin Lavín tuvieron ganas de lanzar las suyas, para no mencionar a Eugenio Trivelli.
No es que servidor sea mala leche, pero a mí me da la impresión que intentaron lavarles la cara y pasó como con la mala tela: encogieron.
Con los candidatos que quedan no se puede estar seguro de nada y más vale no imprimir ni folletos ni afiches bajo riesgo de perderlos. Por culpa de las "cajas negras" precisamente.
Yayas que daban por perdonadas, olvidadas y prescritas, pelotazos que habían pasado piola, "ilícitos" por los que había pasado la vieja, "formalizaciones" en las que se usó la goma de borrar, delete all, erase all, terminan siendo pupas más pegajosas que el chicle en los zapatos.
Parece película de Hollywood: un pato malo practicó las cuáticas en un banco y se fugó con la ayuda de la policía y de una embajada extranjera, otro vendió acciones evadiendo el pago de millonarios impuestos al fisco mientras un tercero utilizó las platas de un plan de generación de empleo para sus campañas políticas. Solo faltan Robert de Niro y Joe Pesci. Haciendo de goodies. Porque los baddies ya están.
Así como está el patio, de aquí a diciembre, ¿Quién quedará en pie? Las "familias". Esas que pensaron disponer de un trío de ases y ahora se dan cuenta de que las cartas estaban marcadas.
Mezcolanza de mal cine, con actores de serie "B" y tramas que se confunden unas con otras como en las radionovelas del Escribidor de Vargas Llosa.
Si en "L'écume des jours", -la mágica novela de Boris Vian-, se va encogiendo la casa y sus pasillos van atrapando a la pareja de enamorados, en nuestro culebrón nacional se nos van encogiendo los candidatos, su dudosa envergadura moral, atrapándonos a todos en un lodazal que no presagia nada bueno.
A menos que la Izquierda ose unirse...
