CHILE, A LUCA EL KILO

¿Qué nación ha aceptado que sus cursos fluviales, cascadas, glaciares, altas cumbres de nieves eternas, tranques y lagos pasen a manos foráneas? Sólo Chile, donde los intereses privados se asocian al mundo político binominal  para controlar el líquido elemento junto a la distribución monopólica de la energía eléctrica.

Arturo Alejandro Muñoz

VENDER ARENA EN el desierto es tan ridículamente inútil como vender hielo en la Antártica. Mercaderes de ilusiones hay en todo lugar, especialmente en Chile, donde proliferan individuos dedicados a comercializar engaños. Pero, en pocos países se da la coincidencia -como en el nuestro- de que existen mil aprovechadores que viven a cuerpo de rey  merced a que hay millones de crédulos.

¿Cuánta porquería inútil se expende en esta enorme estantería bolichera que llamamos pomposamente ‘el mercado chileno'?  Convengamos en un aspecto del asunto principal: en nuestro país no existe industria relevante en asuntos de transformación de la materia prima o recurso natural. Somos, en estricto rigor, meros productores de esos elementos. Agricultores, mineros, leñadores, pescadores  y bolicheros. En ello sí destacamos.

Exportamos frutas, vinos, salmones, cobre, molibdeno y madera, pero nada tenemos que hacer en los más importantes mercados internacionales, como la electrónica, la mecánica,  la farmacología y otras actividades que se transan en el exterior a muy buen precio y, además, rinden jugosas ganancias en términos de intercambio. Si no exportásemos materias primas, tendríamos que dedicarnos a vender ilusiones, como el sistema previsional, las Isapres y otros artilugios que más allá de nuestras fronteras aún son considerados simple charlatanería típica de patrón expoliador.

Lamentablemente, quien al final paga los platos rotos no es el que compra la mercancía espuria, sino quien la recibe, o quien debe usarla.  El caso de la educación superior en manos privadas es el mejor argumento para refrendar lo dicho. Miles de padres comprometen el escuálido presupuesto familiar endeudándose ad eternum  al comprar para sus hijos una ilusión sin cuerpo, esperanzados en que ellos obtengan la calidad de ‘profesionales universitarios' con la cual podrían enfrentar el futuro con perspectivas ciertas de éxito laboral. Quimérica tarea.

Hoy, un egresado de cualquier plantel de educación superior tiene escasas posibilidades de acceder a un trabajo dignamente remunerado si sólo cuenta con aquel cartón extendido por su universidad, sea esta perteneciente al otrora exclusivo círculo de ‘las mejores', o sea aquella cuya razón social señale: "Chilean College Callampini University". Da lo mismo. Para la sociedad neoliberal el éxito se asienta en el dinero, o en las redes sociales de personas que poseen  mucho billete. El talento y la capacidad son bienes que distinguen a ‘los de abajo', y no ameritan remuneraciones suculentas.

Circula un sabroso chiste que define estas situaciones. El sobrino del empresario concurre a las oficinas de su tío para obtener un trabajo.  Lleva en su mano el certificado de enseñanza media, y nada más porque nada más tiene. El tío lo abraza con calidez y le dice que el puesto laboral está esperándolo en esa empresa. "Tienes que elegir entre la subgerencia de comercialización y la gerencia de recursos humanos". El muchacho responde que no está capacitado para enfrentar tanta responsabilidad, y desea comenzar trabajando desde abajo, en una de las unidades de producción, como simple ayudante. "Ah, no, imposible -le responde su tío- para eso debes ser profesional universitario".

Para integrarse a un puesto de trabajo en el que pueda ejercer su profesión, cualquier egresado requerirá de un Magíster o un Doctorado. Pero obtenido en el extranjero, no en uno de esos programas  que se ofrecen en el país y en los que contar con el nuevo cartoncito dependerá exclusivamente de la cantidad de dinero que pueda gastar dispendiosamente en  la consecución del mismo.  El negocio de la venta de ilusiones está primero que todo y se ubica en los colmillos. Al final del animal, en los pelos de la cola, se alojan la inteligencia, el estudio y el esfuerzo.

EL DINERO POR SOBRE LA INTELIGENCIA Y EL ESFUERZO

El sistema neoliberal enseña a sus hijos que la calidad académica de un trabajador está lejos del éxito económico. Lo único que respeta ese sistema es el dinero. No interesa cómo se consiga, lo que importa es que se tenga.  El círculo de hierro conformado por la banca, el gobierno, la política, la empresa y los medios de comunicación, señalan como triunfadores solamente a quienes pueden consumir a destajo. El resto -con o sin título universitario- es simplemente el ‘huésped' donde vive y se nutre el virus economicista.

Las consecuencias de este escenario jamás han sido  motivo de alarma ni preocupación para los poderosos enriquecidos que se adueñaron del país, trozándolo en   medios, cuartos y octavos de kilo que se agenciaron merced a la pusilanimidad y entreguismo de autoridades serviles. ¿Alguien puede desmentirlo?

El ejemplo más destacado se encuentra en las concesiones de autopistas y carreteras, las que pasaron graciosamente a manos extranjeras, pese a que algunas de ellas estaban construidas y en uso diario desde muchos años atrás...como es el caso de Avenida Kennedy o el de Ochagavía (hoy, Autopista Central). Lo mismo sucede con la Ruta Cinco Norte y Ruta Cinco Sur. ¿Alguien, en su sano juicio, podría imaginar a la Quinta Avenida de  Nueva York en manos de un empresario extranjero que cobre peaje por transitar allí?

¿Alguna otra nación ha aceptado que sus cursos fluviales, cascadas, glaciares, altas cumbres de nieves eternas, tranques y lagos pasen a manos foráneas? Sólo Chile, donde los intereses privados se asocian para controlar el líquido elemento junto a la distribución monopólica de energía eléctrica.

Es así que con las aguas, la electricidad, el transporte, la educación, los puertos, los bordes costeros, los ríos, los glaciares, la energía eléctrica, la previsión social, la salud, los aeropuertos, la telefonía, la computación, los bosques, la minería, la prensa, la banca, las autopistas, las calles, los ingresos a las ciudades, etc., etc., en manos privadas (y mayoritariamente foráneas), Chile ha dejado de existir como nación soberana. 

Ello sucede también en la educación, ámbito en manos  de insaciables comerciantes que "educan vendiendo" títulos y certificados. El 80% de las actuales universidades está en poder de intereses privados, y a pesar de ese guarismo indesmentible y preocupante el Estado chileno se esmera en profundizar la dependencia.

Lo que sucedió en Rancagua -a través de las ‘gestiones' efectuadas por algunos diputados- constituye la mejor prueba de lo dicho, ya que en esa ciudad la clase política desechó la posibilidad de disponer de una casa de estudios superiores perteneciente al fisco e, increíble pero real, optó por un feble proyecto privado que culminó alzando una de las más débiles y desprestigiadas universidades existentes en el país. Por cierto, fue un ‘buen negocio' para los creadores durante algunos años.

Aún más, el "caso Rocha" (Universidad Santo Tomás) permitió señalar en su momento, sin lugar a equívoco, el grado de descomposición que caracteriza a muchos de esos planteles privados en los que se insertaron propietarios cuyas personalidades deslindan con la insania, y sus objetivos se entrelazan con la usura y el fraude. Pero ahí estuvo la prensa oficial tratando de minimizar los delitos de aquellos dueños de la férula que hoy expolian a plena conciencia este territorio.

El diario "El Mercurio" hizo ingentes esfuerzos por internalizar en la conciencia de la gente la deshuesada teoría de que el señor Rocha no era un vulgar asesino, sino una persona enferma, un celópata, y que por lo tanto no debía ser castigado severamente ya que era víctima de una enfermedad incurable... "pero era un buen empresario", lo cual -para el ‘decano' de la prensa chilena- constituye el mejor los atenuantes  y permite incluso perdonar asesinatos, golpizas y piromanías. A objeto de no enredarnos, digamos que El Mercurio es el periódico que representa y orienta al empresariado chileno desde hace más de un siglo.

No cuesta mucho, entonces, imaginar qué calidad moral y objetivos verdaderos tendría un posible gobierno en manos de empresarios...y empresarios ultraderechistas además...familisteriales, predadores, antitrabajadores.

Sólo quedaría la esperanza de rezarle a San Lenin para impedir que el neoliberalismo rampante venda Chile completamente.