La Operación Alondra

 

El "comandante Ramiro" detenido por la policía brasileña

 

El Secuestro De Washington Olivetto

Cuando nada hacia pensar que el FPMR retomaría sus acciones armadas, y poco y nada se sabía del paradero de sus lideres, el 2 de febrero del 2002 una noticia procedente de Sao Paulo, Brasil, sacudió a los organismos de seguridad y a la opinión publica chilena. En la localidad de Serra Negra, cercana a esa ciudad brasileña, se había logrado detener a seis implicados en el secuestro del empresario brasileño Washington Olivetto. Entre los detenidos estaba el líder del grupo de secuestradores, el chileno Mauricio Hernández Norambuena, el buscado "comandante Ramiro" del FPMR, además de otros 2 compatriotas pertenecientes al MIR; Alfredo Canales Moreno y Marco Antonio Rodriguez, mas 2 colombianos y una argentina.

La policía brasileña caería rápidamente en cuenta que no trataban con delincuentes comunes, sino con verdaderos especialistas en estas lides, quienes procedían -según sus propias declaraciones- con la finalidad de lograr financiamiento para sus actividades revolucionarias. Mayor fue su sorpresa al enterarse que tenían ante ellos, ni más ni menos que al buscado "comandante Ramiro" extensamente conocido por su prontuario como experimentado extremista difundido por la Interpol.

Con la captura de "Ramiro" y la de sus colaboradores comenzarían a conocerse detalles de la fallida "Operación Alondra", nombre con que fue bautizada la acción, y que culminó con la liberación, sano y salvo, del empresario brasileño. Una finca de 3.000 metros cuadrados en Serra Negra, a 150 kilómetros de Sao Paulo, sirvió de "casa de seguridad" para los frentistas implicados en el secuestro. La vivienda está enclavada en el barrio de Posses y, según declaró "Ramiro" a la policía, la seleccionaron porque está en una región "muy bucólica" y parecida al campo y montañas chilenas. El grupo aparentaba gozar de un período de vacaciones.

Un par de meses antes de arrendar la parcela, los frentistas habrían ingresado al país por diferentes pasos. Luego de ello se reunieron en Sao Paulo para dar los último ajustes al plan que consideraba etapas tales como la distribución de roles y el apoyo logístico. El "comandante Ramiro" distribuyó órdenes a los cerca de 14 miembros de su equipo. Pero no lo hizo directamente, pues siempre fue cuidadoso de operar con segmentos compartimentados. De esta forma sólo sus cercanos colaboradores operaban en su entorno inmediato y otros eran los encargados de las operaciones en la calle y demás servicios domésticos como la compra de comida.

Luego de establecer quién sería su víctima, se habrían realizado trabajos de constatación de rutinas de Olivetto para detectar cuáles eran sus rutas y los horarios en que la realizaba. Durante los últimos días antes del secuestro -alrededor de una semana- la labor de los secuestradores se centró incluso en confirmar cuál era el lugar más apropiado para el secuestro, cuyo costo pudo alcanzar durante el tiempo que se mantuvo (53 días) unos 100 mil dólares.

Olivetto estuvo encerrado en un cubículo pequeño, sin ventanas y era sometido a una rutina estresante con luces y sonidos estridentes. La "celda" de Olivetto fue construida en el espacio que correspondía a un armario. Estaba a 10 centímetros del piso, elaborada en madera y revestida con materiales aislantes para evitar la filtración del ruido. El prisionero era vigilado por dos cámaras de video ubicadas en la parte superior de la puerta y por un agujero en la pared.

Permanentemente, "Ramiro" hacía ver a sus cómplices que nada referido con la seguridad estaba demás. Por eso estableció un sistema de contacto entre la finca y la casa en que estaba secuestrado Olivetto. Según se ha podido indagar, era el propio Ramiro el que estableció turnos para chequear por teléfono celular, las novedades de la casa del barrio Brooklin.

En la finca, "Ramiro" y su grupo botaban el estrés con algunos cigarrillos de marihuana y con paseos por el patio de la residencia. En especial, en torno a una piscina con que contaba el inmueble. Por lo general uno se encargaba, al menos dos veces al día, de hacer las veces de correo entre la finca y la casa en que estaba Olivetto, para ver que los custodios del empresario no tuviesen carencias.

Para la seguridad externa también había quien se preocupara. Según lo que se ha podido establecer, algunos de los acompañantes de "Ramiro" caminaban por el perímetro de la parcela de Sierra Negra vigilando que no hubiese alguien extraño. Cuando había que salir de la casa, siempre quedaba alguien cuidando, quien debía -al igual que los custodios de Olivetto- reportarse por teléfono celular cada ciertos minutos. Dentro de esta rutina, los secuestradores mantenían contactos con la familia del plagiado. Para esto no usaban teléfonos móviles, sino que preferían las casetas públicas emplazados en sectores apartados de la finca en caso que los organismos especializados pudieran detectarlos.

En medio de la anterior rutina fue que la policía llegó hasta los secuestradores. El pago de un arriendo en dólares por parte de "Ramiro", avivó las suspicacias del dueño de la parcela. De esta manera la policía llegó hasta ellos. Eso sí, sin saber frente a quién estaban, en un principio. Sólo luego de que un policía, Djahy Tucci, se percatara de que había unas cartas de Olivetto a su familia, los efectivos ligaron a los detenidos con el caso del empresario plagiado por quien pedían un rescate de 10 millones de dólares.

Luego de ser detenidos, el policía Wagner Giudice, responsable de las investigaciones, los interrogó uno a uno. Posteriormente vino un arrebato de ira de Ramiro, ya cuando la libertad de Olivetto era casi un hecho. El "comandante" reprendió a sus subalternos por no haber destruido las cartas de Olivetto. "Cómo son tan estúpidos... como se les ocurre", fueron los gritos del oficial frentista.

Asimismo, en el inmueble en que estaba cautivo Olivetto -en el barrio Brooklin, en calle Kansas 40- se encontraron jeringas desechables, condones, un libro de poesía mexicana y postales del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. En el segundo piso se halló ropa y colchones, además de un equipo radiotransmisor para monitorear los movimientos de la policía. Entre las especies que encontró la policía brasileña cuando ingresó a la parcela de Serra Negra, había dos armas calibre 9 milímetros con la numeración de la serie borrada y que en la empuñadura tenían el logo de Carabineros de Chile.

Sobre la mesa había disquetes, botellas de ron cubano, CD-ROMs y varias cartas que fueron escritas por el publicista secuestrado a su familia, en las que pedía que pagaran el rescate solicitado y nombres de otros empresarios e industriales que podrían ser futuras víctimas de dicho grupo. En los armarios había mucha ropa sin uso, algunas incluso con las etiquetas, botellas de bebidas alcohólicas, material electrónico, pelucas y bigotes. También se encontraron libros, un notebook y una máquina fotográfica con una película. De dicha película fueron rescatadas alrededor de 28 fotografías, lo que permitió ampliar la búsqueda de otros implicados.

Fue así como la policía encontró una foto del mirista Miguel Armando Villabela, cuyo pasaporte falso fue hallado en la casa de seguridad del barrio Villa María en Sao Paulo. En el retrato que estaba en Serra Negra, éste aparece relajado en una playa de Ilhabella. Algo similar ocurre con Alfredo Canales, detenido en la cárcel de alta seguridad de Taubaté. El mirista -quien estuvo detenido en Chile por asaltar un banco y un camión de valores-, además de guardar un retrato con unos amigos, mantuvo la tranquilidad durante el plagio de Olivetto y posó con un sombrero mexicano para una fotografía en Serra Negra.

Mauricio Hernández Norambuena no fue la excepción. El "comandante Ramiro" mantenía una fotografía de sus hermanos en Chile y otra en la que él aparece con Raúl Escobar Poblete, "Emilio", quien tiene en brazos al hijo que tuvo con su pareja, Marcela Mardones. Otro retrato que estaba en el lugar correspondía a "Emilio" y Marcela Mardones. Además se encontró 50 gramos de marihuana, la que según explicó uno de los detenidos a la policía militar, "era para calmar el estrés del día a día, de vez en cuando, algunos de los moradores de la casa fumaban un cigarrillo de marihuana".

Entre otros elementos incautados a Ramiro figura documentación de extranjería falsa, que acredita su paso por Argentina, Paraguay y Uruguay, así como dinero falsificado. Ramiro contaba con a lo menos tres identidades distintas: una licencia de conducir concedida en Buenos Aires a nombre de Carlos Ramón Bonfigio; otra licencia en la que se identificaba como Manuel Andrés Taulis; además de un tercer documento a nombre de Carlos Alberto Fagnoni. Además, contaba con una credencial que supuestamente lo acreditaba como reportero de un medio de comunicación conocido como ros@rionet, y una credencial de miembro de un supuesto Centro de Estudios Interplanetarios.

 

Sin más tiempo que perder, los organismos de inteligencia chilenos establecían vínculos con sus pares brasileños con el fin de recabar datos y en lo posible interrogar a los frentistas detenidos en ese país. Según fuentes vinculadas con el caso, Ramiro fue entrevistado por detectives de la Jefatura de Inteligencia Policial (Jipol) encabezados por el segundo jefe de la oficina de Interpol Chile, Aldo Villanueva, en su lugar de detención mientras era sometido a duros interrogatorios por efectivos del Departamento Estatal Antisecuestros (Deas) de la policía civil brasileña. La breve entrevista con los oficiales chilenos sólo pudo realizarse con el consentimiento de Ramiro, quien se negó a firmar cualquier declaración al respecto, aunque fue enfático en asegurar que la operación tenía motivaciones políticas y no delincuenciales.

"Ramiro" hizo hincapié en que Galvarino Apablaza, el "comandante Salvador", para ese entonces líder máximo del FPMR, no participó en la planificación del secuestro. Al respecto el frentista hizo ver a los policías que cualquier hipótesis en ese sentido entraría en abierta contradicción con cartas de circulación restringida en las que "Salvador" había criticado la línea militar implementada por "Ramiro".

Una fotografía encontrada en uno de los departamentos arrendados por el grupo corresponde a "Salvador", en la que se convirtió en la única prueba de su posible participación en el secuestro. Los detectives trajeron a Chile, además, fotografías de los timbres y elementos con los que confeccionaban los documentos falsificados, entre ellos, una máquina Polaroid. También se puso a disposición de las autoridades fotos de la pistola con la inscripción "Carabineros de Chile", con su número de serie borrado.

Según una alta fuente de La Moneda, ésta es la primera vez que la policía chilena detectaba una colaboración estrecha entre miembros del FPMR y del MIR-militar en una operación de gran envergadura. "Sabíamos que el FPMR había planteado esa posibilidad al MIR hace un tiempo, pero entendíamos que la idea no había prosperado", dice una fuente de gobierno. "Si decidieron asociarse o fusionarse, necesariamente lo hicieron en el extranjero", agrega.

Además, en las siguientes semanas otro chileno apareció como involucrado en el plagio. Se trataba de Eduardo Norberto Fleming, nombre supuesto de Cristian Adolfo San Martín, a quien "Ramiro" telefoneó para avisarle que había sido detenido por la policía brasileña. Fleming fue la persona que arrendó la casa por seis meses y pagó por adelantado.

Aunque no se pudo la participación de los antiguos compañeros de fuga de Ramiro en el secuestro de Sao Paulo, las investigaciones de la policía paulista arrojaron el hallazgo de un pasaporte con huellas de Pablo Muñoz Hofmann y Raúl Escobar Poblete "Emilio". Sin embargo, en fuentes de inteligencia se señala insistentemente "que todo hace creer que el otro fugado de la CAS, Ricardo Palma Salamanca no participó en el secuestro". Salvo un detalle, quizás nostálgico: en uno de los departamentos de la banda se encontró una copia del libro "El Gran Rescate", escrito por Palma, donde reconstruye la huida desde la Cárcel de Alta Seguridad.

A solo dias de ser detenido, y a través un cuestionario que el propio "Ramiro" contestó desde la cárcel a un diario paulista, se pudieron conocer mas detalles de la ejecución del plagio;

-"No conozco el análisis ni la evaluación que seleccionó a Olivetto como objetivo porque no participé de ella. Imagino que hubo consideraciones sobre la solvencia económica, de salud y otras de carácter operativo, como mandan las reglas en estos casos. Tampoco se el numero total de personas que participó en esta operación. Sólo sé que del grupo del cual participé eran seis integrantes. Y existe el compañero que hacía la comunicación con el lugar del cautiverio".

- "El financiamiento de esa operación fue hecha por nosotros (FPMR) y por los compañeros del MIR en partes iguales. Los recursos que obtuviésemos serían divididos en partes iguales con los compañeros del MIR".

- "Las normas para el cautiverio donde permaneció Olivetto fueron confeccionadas según criterios preestablecidos que no buscaban producir sufrimiento al secuestrado. Es un hecho que las condiciones de encierro son difíciles para cualquier persona, sobre todo para los que tienen una vida sin sobresaltos, producto de la riqueza económica que poseen y disfrutan, la acusación de tortura no tiene sustento jurídico. Jamás cometemos abusos o humillaciones contra un secuestrado, prueba de eso es que todos los rehenes del FPMR fueron siempre liberados sanos y salvo. Me refiero a los tres militares, al periodista, y el empresario que el frente secuestró durante su historia, todos con finalidades políticas, inclusive los militares que eran nuestros enemigos directos fueron tratados con respeto y dignidad".

Cronología De Un Cautiverio

11 de Diciembre: Tras telefonear a su mujer, avisándole que va camino a casa, Washington Olivetto abandona el edificio de su agencia de publicidad, W/Brasil, ubicada en Sao Paulo. Se instala en el asiento trasero de su auto, un Opel Omega blindado, conducido por su chofer. El publicista no sabe que su salida es vigilada por un sujeto no identificado, quien provisto de un aparato de radio avisa desde la calle a otra célula de la banda de secuestradores que el objetivo se ha puesto en movimiento. En Avenida Angélica, a la altura de Plaza Mariscal Cordeiro, el vehículo es interceptado por cinco hombres que visten chalecos con distintivos de la Policía Federal, quienes han montado una barrera bloqueando la vía. Creyendo que se trata de un control de tránsito, el chofer baja el vidrio. Olivetto observa a los presuntos policías, y rápidamente advierte que las letras pintadas sobre sus casacas están desproporcionadas. Cuando percibe que se trata de un secuestro, uno de los sujetos, de unos 25 años y piel blanca, ya ha encañonado a su conductor con un arma automática. En menos de un minuto, dos sujetos jóvenes se sientan a ambos lados de Olivetto, mientras un tercero, que se hace cargo del volante, pisa a fondo el acelerador del Omega. Unas cuadras más allá el empresario es subido a bordo de un Peugeot blanco, en el que los desconocidos se alejan del lugar. Tras ellos los escolta un Opel Corsa. El chofer de Olivetto telefonea a la policía para informar del plagio.

12 de Diciembre: La policía recibe los primeros indicios del crimen. Un desconocido telefonea a la sede de la Deas para avisar sobre el secuestro, y antes de colgar el auricular, advierte brevemente que volverá a hacer contacto. Olivetto, a esa hora, ya se encuentra encerrado en un pequeño cubículo de no más de tres metros cuadrados, bajo una luz constante, rodeado de cámaras de video que vigilan todos sus movimientos, y con un parlante desde el que escucha música las 24 horas del día: Madonna, Bob Marley, Caetano Veloso, Tchaikowski. Sólo dispone de un colchón, una banca de plástico, un balde que hace las veces de sanitario, una botella de agua y un chocolate. El aire llega a través de un ventilador, y sobre su cabeza hay una campana que puede hacer sonar en caso de emergencia. Olivetto advierte que su cautiverio se regirá por estrictas reglas: en las paredes se encuentran varios papeles con instrucciones en español: "Mantenerse siempre en silencio"; "mantener el hábito de hacer ejercicio". Durante 53 días no conocerá la cara de sus captores: todo contacto se hará por escrito, sobre billetes de reales.

17 de Diciembre: Los secuestradores deciden dar las primeras señales. Durante esa semana un repartidor de una florería de Sao Paulo entrega un ramo a los parientes de Olivetto. Escondido entre las flores, hallan un billete que contiene cinco líneas impresas desde un computador: "Estamos con Olivetto. El tiempo que permanezca con nosotros depende de ustedes", dice el mensaje.

19 de Diciembre: Mientras la familia espera la llamada de los secuestradores, comienzan a aparecer las primeras pistas. En la madrugada de ese día, efectivos policiales encuentran un Peugeot color blanco. En su interior hallan una baliza y una casaca de la Policía Federal: es el mismo auto que los delincuentes han utilizado, tras robarlo el lunes previo al crimen.

20 de Diciembre; En un primer contacto formal con los representantes de la familia, uno de los secuestradores telefonea a una casa particular. Al otro lado de la línea contestan dos negociadores de Control Risks, un periodista y un publicista, quienes escuchan a los captores definir el valor del rescate: piden 10 millones de dólares. En paralelo, los secuestradores se movilizan. Ese mismo día, una de las cuatro células que integran la banda abandona un departamento de calle Santa Madalena, en el centro de la ciudad. En el lugar, paradojalmente ubicado a sólo 100 metros de la casa del jefe de la policía antisecuestros, Wagner Giudice, suelen ser vistas dos personas, y al menos otras nueve lo frecuentan seguido. Los vecinos no detectan nada sospechoso, salvo un constante olor a marihuana.

02 de Enero; Mientras los contactos entre los representantes de la familia Olivetto y los secuestradores continúan, la policía comienza a atar cabos. Sus efectivos se dedican a trabajar un dato que desde hace días ronda por sus cabezas: uno de los negociadores habla español. Toma fuerza la tesis de que los secuestradores son extranjeros.

12 de Enero; Bajo identidades falsas, seis extranjeros -que dicen ser cinco argentinos y una española- llegan hasta una finca en la localidad de Sierra Negra, 152 kilómetros al noreste de Sao Paulo. Han arrendado la propiedad, de tres mil metros cuadrados, a un hombre llamado José de Ribeiro, y le han dicho que están de vacaciones. Los recién llegados son, como se sabrá más tarde, los chilenos Mauricio Hernández Norambuena, Alfredo Canales Moreno, Marco Antonio Rodríguez, los colombianos Marta Uroga y Carlos Quiroz, y la argentina-española Rosa Ramos.
El grupo se instala en la cómoda casa quinta, desde donde comienzan a monitorear las negociaciones. Equipados con teléfonos celulares y computadores portátiles, a diario mantienen contacto con los celadores de Olivetto en Sao Paulo.

15 de Enero; La familia de Olivetto sigue observando las negociaciones. Desde ese día y hasta el 23 de ese mes, los captores del empresario entregan nuevas pruebas de que éste se mantiene con vida: envían fotografías que le han tomado con cámaras fotográficas Polaroid, y cintas en las que la víctima lee los titulares de los diarios del día.

20 de Enero; La banda continúa replegándose. Un sujeto que varios testigos identifican más tarde como Hernández Norambuena es visto por última vez en el departamento Nº 77 de un edificio ubicado en calle Bartolomeu Gusmao 88, frente a la playa, en la ciudad de Santos. El hombre ha arrendado la propiedad a fines de noviembre, bajo la identidad falsa de Carlos Ramón Bonfiglio. Los vecinos suelen verlo junto a dos mujeres, una rubia y la otra morena.

01 de Febrero; Comienza a derrumbarse la estructura montada por los secuestradores. El dueño de la finca de Sierra Negra, José Ribeiro, lleva semanas intrigado acerca de quiénes son los seis extranjeros que le han arrendado la propiedad veinte días atrás. Ribeiro desconfía luego de que los desconocidos le cancelaran por adelantado y en efectivo dos mil dólares por el alquiler. Esa tarde, Ribeiro se decide a contar sus sospechas al comisario de la policía de Serra Negra, Sidney de Oliveira Poloni. Le dice no tener dudas que los forasteros están envueltos en algo ilegal. Poloni decide actuar. Un contingente policial sale rumbo a la propiedad de Ribeiro. Tras recorrer un camino de tierra de un kilómetro de extensión, los uniformados finalmente alcanzan la entrada principal de la finca: todo parece en calma. Los efectivos allanan el lugar, detienen a los seis extranjeros y comienzan a revisar el inmueble. Pronto aparecen dos pistolas semiautomáticas calibre 9 mm. con la inscripción "Carabineros de Chile", seis mil dólares en efectivo, varias cartas y una pequeña porción de marihuana. También le requisan a Hernández Norambuena un maletín con doble fondo, donde hallan varias cartas. Los aprehendidos son trasladados a la comisaría local, donde se identifican con pasaportes falsos argentinos y españoles. No aparecen aún pistas que los vinculen a Olivetto, pero Poloni aún duda. Decide telefonear a la División Anti Secuestro para verificar si los detenidos son buscados por esa unidad, y luego se contacta con el director de la misma, Wagner Giudice. Este pide que le describan, una por una, las especias que han sido decomisadas junto a los detenidos. Cuando llega a las cartas, solicita que lean a quién están dirigidas. Los destinatarios corresponden a familiares de Olivetto. La banda ha caído.

02 de Febrero; Mientras la familia y amigos de Olivetto exigen que la policía les informe acerca de las detenciones, "Ramiro" y sus compañeros son trasladados a Sao Paulo. Hasta ese momento, sólo están acusados de porte ilegal de armas. Pero poco después, el propio Giudice les expone las pruebas incriminatorias: los extranjeros dejan pasar varias horas antes de admitir su vinculación con el secuestro. Tras un largo y tenso interrogatorio, los policías le piden al líder frentista que diga dónde se encuentra el empresario. Hernández se niega, intentando ganar tiempo. El diario Jornal do Brasil llega a los kioscos de Sao Paulo, y en su sección de avisos económicos incluye una extraña inserción: "Pago bien, negocio súper sigiloso. Vamos al local y pagamos en efectivo", reza un breve párrafo en el que se habla de la compra de un automóvil. Se trata de la respuesta cifrada de la familia Olivetto a las demandas de los secuestradores, en las que confirman que están dispuestos a pagar el rescate del empresario. Tras extensas sesiones de interrogatorios, el líder de la banda finalmente se identifica. "Soy Mauricio Hernández Norambuena, chileno, fui condenado por la muerte de un senador y el secuestro de un empresario", confiesa a la policía. Poco después, exige un teléfono público para contactar a sus compañeros, que vigilan a Olivetto. Si no llama, amenaza, el publicista será ejecutado. Toma el auricular. "Liberen al señor", dice Hernández, antes de cortar. Los policías rastrean el número al que ha llamado, y lo localizan en el barrio Brooklin de Sao Paulo. En la central telefónica de la Policía Militar, atiende el número de emergencias 190, uno de los operadores recibe el llamado de Aline Dota. Se trata de una estudiante de medicina que dice: "Por favor, vengan rápido. Hay una persona gritando auxilio en la casa de al lado". Dota, asustada, ha colocado su estetoscopio sobre la muralla que divide las dos casas. "Grita desesperadamente, dice que es Washington Olivetto", agrega. Menos de diez minutos después de la llamada, la policía militar llega a la calle Kansas. Los efectivos ingresan cautelosamente, y oyen los gritos de un hombre detrás de una puerta: "¡Soy Washington Olivetto!". La derriban, y encuentran al secuestrado, quien luce demacrado y flaco después de 53 días de encierro.

03 de Febrero: Washington Olivetto regresa a su hogar. Al día siguiente, en el balcón del departamento, se asoma junto a su mujer y libera al viento una paloma blanca. Es el fin de la pesadilla para él, y el comienzo para los secuestradores.

El Dinero de Los Colombianos

En julio del 2001, el mítico Manuel "Tirofijo" Marulanda, líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, entregó 150 mil dólares -unos 107 millones de pesos- al chileno Mauricio Hernández, el "comandante Ramiro", para llevar a cabo el secuestro del empresario brasileño Washington Olivetto. La idea era que Ramiro empleara la mitad del rescate, fijado en 10 millones de dólares (más de 7 mil millones de pesos) en la creación de una infraestructura en Chile (casas de seguridad, documentos falsificados y automóviles), para acoger a colombianos prófugos.

"Los frentistas recibieron 150 mil dólares y el resultado de la inversión ha dejado mucho que desear. El descontento de Marulanda con la conducta errática de los chilenos es uno de los asuntos que se iba a debatir en Asunción", relata un agente de la Interpol ligado a la investigación.

El agente se refiere a una reunión que se iba a llevar a cabo el 15 de agosto de 2002 en un restaurante en las afueras de Asunción, Paraguay, entre Galvarino Apablaza, un representante de Sendero Luminoso y otro de las FARC. En esa cita el jefe del FPMR debía dar explicaciones a sus socios por el fracaso del secuestro de Olivetto, que éstos financiaron esperando obtener 10 millones de dólares.

Durante largos meses los agentes de la Interpol se pasaron días enteros siguiendo pistas que muchas veces no conducían a nada. Cuando por fin hubieron recogido la información necesaria para dar el golpe maestro, los tres dirigentes que se hallaban bajo la lupa cancelaron la cita que habían programado en Asunción. La reunión también tenía como objetivo resolver las discrepancias que surgieron entre los mandos de las tres organizaciones sobre qué acciones se debían emprender en los diferentes países. También sobre el dinero que se adjudicaría a las mismas y a los responsables de llevarlas a cabo.

La cita abortó por el motivo menos imaginable: Galvarino Apablaza sufrió un ataque de úlcera, enfermedad que comenzó a padecer en los días en que el FRMR era todavía una de las organizaciones más temibles de América Latina.

Los Planes De Ramiro

El 11 de diciembre del 2000, cuando un grupo de sujetos disfrazados de policías brasileños secuestraba al publicista Washington Olivetto, el FPMR daba inicio a una nueva aventura militarizada que fracasaría 53 días más tarde, dejando no sólo inconcluso el financiamiento de una nueva etapa dentro de la organización, sino que además profundizando las confusiones ya existentes dentro del rodriguismo y abriendo un flanco para que la derecha presionase al gobierno en cuanto a las relaciones con Cuba.Luego de la detención de Mauricio Hernández Norambuena, el "comandante Ramiro", en Sao Paulo, se comenzó a sentir con fuerza el remezón que su caída provocó al interior del FPMR. Las primeras reacciones no oficiales de algunos militantes que hablaron con la prensa fueron insinuar que no se trataba de una acción de la organización y que "Ramiro" estaba levantando su propio referente, para lo cual buscaba financiamiento.

El propio "Ramiro" en sus declaraciones en Brasil no daba mayores indicios al respecto, "Los recursos que obtuviésemos serían divididos en partes iguales con los compañeros del MIR. Tendría que considerar varios elementos para una evaluación más exacta de la real importancia de los recursos que pretendíamos, pero es obvio que no puedo hacer eso públicamente", declaró.

No obstante las distintas versiones sobre los objetivos de Mauricio Hernández, recién el 11 de febrero, una semana después de la aprehensión de "Ramiro" y su grupo, el vocero oficial del FPMR, Leonardo Tapia, rompió el silencio para emitir una poco clara declaración en la que negó que el secuestro de Olivetto tuviera algo que ver con el Frente, pero afirmaba que la acción de Hernández se circunscribía a la política internacional de la organización de aunar esfuerzos y voluntades con las diversas entidades revolucionarias del cono sur.

Pese a lo paradójico de sus palabras, Tapia sí fue preciso al confirmar que el Frente desde 1996 discute un proyecto alejado de las armas y que "tiene como norte la generación de un gran movimiento social, principal protagonista de la lucha por las transformaciones que la sociedad necesita con urgencia. Se trata de una lucha que no conoce fronteras y que, por lo demás, es la continuidad no sólo de las mejores tradiciones del rodriguismo, sino de la historia latinoamericana de las luchas sociales", afirmó Tapia.

Además dijo desconocer el destino de los 10 millones de dólares que se exigía a la familia de Olivetto como rescate. Otros rodriguistas salieron al paso de esas afirmaciones indicando que los fondos de la operación estaban destinados a la rearticulación de la organización, pero no en el sentido militar como insistían los análisis del gobierno y de académicos vinculados a la inteligencia estratégica, sino que en su reinserción en el trabajo político de base.

Otro hecho abre las dudas sobre las intenciones de "Ramiro". Durante el largo periplo que significó el "Proceso de Discusión Interna" dentro del Frente, Hernández Norambuena se mantuvo como representante del denominado "grupo duro" y en una fuerte disputa con Galvarino Apablaza, lo cual gatilló que finalmente el número uno de la organización abandonara las filas del FPMR. En este contexto se han planteado dos posibilidades para entender el secuestro de Washington Olivetto. La primera implicaría que la acción y los dineros obtenidos hubieran servido para que el comandante "Ramiro" diera un golpe de mano en la organización dirigiendo sus lineamientos hacia una postura más dura. Y la segunda, paradójica pero no imposible, y que pocos han vislumbrado es que "Ramiro", el comandante, el militar, haya realizado la operación para impulsar con recursos frescos la puesta en marcha del nuevo proyecto político del Frente y no una estructura de carácter militarizado.

A La Caza de "Emilio"

Desde marzo del 2002 el gobierno chileno, especialmente el equipo de la policía de Investigaciones que trabajaba con el ministro Hugo Dolmestch en el caso por la fuga de la Cárcel de Alta Seguridad en 1996, tenía la plena certeza de que Raúl Escobar Pobrete, "Emilio", Pablo Muñoz Hofmann y otros jefes frentistas -al menos de los dos existían pruebas de su vinculación con el secuestro de Olivetto- no habían abandonado Brasil tras la detención de los otros chilenos, encabezados por "Ramiro", sino que sólo se limitaron a replegarse a la zona fronteriza con Uruguay, y refugiarse allí en las facilidades que da el lugar para pasar inadvertido, y que en la práctica les permitió en julio de ese año escabullirse de la policía federal que supuestamente los tenía ubicados e identificados.

Si bien en La Moneda ninguna autoridad lo reconoció, desde principios de ese año detectives de Investigaciones realizaron varios viajes a las ciudades fronterizas de Brasil con Uruguay y con Paraguay para rastrear la presencia de los frentistas. Se sabe que los detectives no actuaron sólo por "tincada" al rastrear la zona, sino que desde hace ya siete años se tenían algunos antecedentes de la radicación en esas ciudades fronterizas de la cúpula frentista y mirista, luego de ser expulsados de La Habana por el propio Fidel Castro.

Un informe policial brasileño emitido luego de la captura del "comandante Ramiro" en ese país, daba cuenta de supuestas conexiones del FPMR en Argentina y Uruguay. En ese momento el gobierno negaba manejar antecedentes respecto de que una facción del FPMR estuviese operando en este último país con el objetivo de coordinar determinadas acciones subversivas en el continente.

Sin embargo, en Brasil la prensa local afirmaba que el servicio de inteligencia de la policía de Porto Alegre habia alertado al ejército uruguayo sobre la eventual instalación en Montevideo de una base del Frente. Agregaba que Pablo Muñoz Hofmann, estaría a cargo de la operación, la que además abarcaría a Argentina y Brasil. El gobierno aclaraba en tanto, a través del ministro del Interior, José Miguel Insulza, que Muñoz Hofmann había sido identificado por una fotografía que aparecía en un carnet de socio del club argentino Boca Juniors, encontrado en un departamento de Santos, uno de los centros operativos de la banda que había mantenido secuestrado a Olivetto. En el lugar también se había encontrado un documento de identidad y una licencia de conducir argentinas, con nombre falso pero con la foto de Muñoz Hofmann.

Por ello existía el convencimiento policial de que, tanto "Emilio" como Muñoz Hofmann estaban en la zona fronteriza y que sólo era cuestión de tiempo dar con sus refugios. Según esta versión, no fue un acierto ni de la Policía Federal de Brasil ni de la uruguaya la ubicación de ambos frentistas, sino que todo fue gracias a un contacto visual hecho por detectives chilenos en Rivera, Uruguay, los primeros días de junio. El que fue reconocido primero -trascendió- fue Muñoz Hofmann, y gracias a él se pudo llegar a Escobar Poblete. Los detectives, impedidos de detener a los frentistas, informaron de inmediato a Santiago para pedir instrucciones. Y en la capital se activó de inmediato la maquinaria judicial y administrativa para asegurar la captura, lo que necesariamente requería coordinarse con el gobierno brasileño, y por su intermedio con la Policía Federal.

Como ya se sabe, el gobierno chileno y el propio presidente Ricardo Lagos, fueron informados el 10 de junio de ese año de la ubicación de los frentistas, y se radicó en el Ministerio del Interior la coordinación de acciones y gestiones para asegurar la captura y la inmediata extradición. El propio José Miguel Insulza, se hizo cargo de agilizar las gestiones con el gobierno brasileño, por la vía de dos llamadas que le hizo al ministro de justicia de ese país. También fue muy activo por esos días el embajador chileno Carlos Mena, quien realizó personalmente trámites en la Cancillería de Brasil.

La estrategia diseñada para esas primeras horas después del 10 de junio, fue intentar que la jueza que investiga el secuestro de Washington Olivetto, la magistrada paulista Kenarik Boujikian, dictara un orden de detención por la vinculación de "Emilio" y Muñoz en el plagio del empresario. Pero la estrategia no funciono porque la magistrada no consideró relevantes las pruebas de la participación de los frentistas en el secuestro. Se dice que le habría contestado al ministro de Justicia de Brasil que si Chile requería a estos sujetos, se debía ordenar su captura por los caminos jurídico-diplomáticos que se permiten, lo que de una u otra forma significó gastar más tiempo en trámites y ampliar el número de personas que se enterarían de la presencia de los frentistas en la ciudad de Santana de Livramento.

En tanto, los detectives chilenos que realizaban la vigilancia en Santana y Rivera (separadas sólo por una avenida de libre tránsito) seguían adelante con su trabajo encubierto e ilegal (porque no pueden operar autónomamente en otro país), aunque comenzaron a tener los primeros inconvenientes, no con los frentistas, sino que con la Policía Federal de Brasil que no veía con buenos ojos su presencia.Como la policía brasileña no podía proceder a la captura sin una orden judicial expresa, el acuerdo entre ambas policías era que los brasileños asumirían las tareas de vigilancia y los chilenos deberían volver a Santiago, dejando que los locales asumieran todo el crédito por la potencial captura.

No se sabe si hubo un incidente entre policías, pero producto de la retirada del equipo chileno se perdió el rastro de los prófugos, los que habrían cruzado la frontera hacia Uruguay, donde se les perdió el rastro a mediados de julio, a sólo horas de que el diario La Tercera "reventara" la información de la presencia de los frentistas buscados en esa zona. Se dice que ese diario tenía la información desde mediados de junio, y que un acuerdo con el ministerio del Interior, permitió que no se publicara antes, para no alertar a los frentistas que -se sabe- tenían comunicación casi diaria con Chile. El acuerdo era que una vez que la policía brasileña tuviera carta libre para la detención, La Tercera podría publicar toda la información acumulada. Ese día llegó el miércoles 19 por la tarde. La información que se tiene es que para el día anterior, el martes 18, estaba prevista la detención de los chilenos en Santana, por lo que La Tercera se vio en la libertad de informar de la presencia de "Emilio" y Muñoz Hofmann, así como de la pronta captura.Pero la policía de ese país no fue lo suficientemente rápida o hubo una confusión de fechas, porque pese a haber recibido la orden judicial de detención el lunes 17, recién el miércoles 19 se efectuaron los allanamientos a las dos residencias que fueron vigiladas por los detectives chilenos. Pero ya no había nadie.