MARGINACION Y PÉRDIDA DE IDENTIDAD.
Carmen Gloria Bascuñán Morales
¡Cómo se extrañan las tertulias de sobremesa de otros tiempos!, tiempos en que la política en sentido republicano, era tema regular de las reuniones familiares. Entonces el debate se centraba en los proyectos... en la calle que se iba a pavimentar, el precio que tendrían los tomates con los nuevos planes de riego o la electrificación de las nuevas poblaciones. Lo que importaba eran las ideas y no los personajes. De algún modo los ciudadanos nos sentíamos incorporados a la vida nacional y participando de las decisiones.
Recuerdo que todos los vecinos asistían a las reuniones de la Junta de Vecinos porque allí se discutían problemas ligados a la vida de los pobladores, la Junta de Vecinos era un organismo de poder a escala humana, próximo y tangible. Los fines de semana nos encontrábamos en el Centro de Madres, el Club Deportivo o el Centro Juvenil y a fin de año armábamos un paseo a las playas del norte, en una micro rechoncha cargada de cabros chicos, colchas y chuicos de vino tinto.
Esta cultura de participación se extinguió de un plumazo con la dictadura y posteriormente con la globalización de las relaciones económicas, sociales y comunicacionales, los gobiernos concertacionistas nada hicieron por restaurarla. Una vez en el poder valoraron los beneficios de esta falta de fiscalización y participación ciudadana, manteniendo el debate en las altas esferas y acentuando la atomización social.
El culto al mercado global ha desdibujado el principio de cooperación, marginando a todos aquellos que no tiene otro valor para ofertar más que su vida. El discurso se ha centrado en el éxito de los macro resultados económicos, funcional a los intereses de la globalización, dejando a la mayoría en la orfandad social y económica.
Hoy por hoy, hablar de política es hablar de personajes construidos con la escuela de las grandes producciones televisivas que fabrican figuras públicas transables en el mercado... buena pinta, sonrisa fresca y una alta cuota de personalismo, personajes desechables que están lejos de representar liderazgos efectivos, con garantía para cinco años después de los cuales abandonarán su discurso progresista y pasarán a administrar las lucrativas ganancias de su carrera política, asociándose con los que fueran sus peores enemigos políticos y sirviendo a ideas contrarias a su plástico discurso.
En esta cultura de lo desechable, lo importante de un dirigente político no es la solidez de sus propuestas sino la facha y la capacidad de robar cámara en actividades sin trascendencia. Las habilidades discursivas se valoran por sobre la consistencia de sus declaraciones, la experiencia, la honestidad o las ideas.
Da lo mismo ser de derecha o de izquierda cuando con Lagos, Frei o Pinochet la plata se sigue quedando en la cúspide de la pirámide y la gente común no tiene posibilidad de acceder a los beneficios de la proclamada democracia. Si antes eras respetado por tu trabajo hoy día aprendes a comprar ese respeto con un buen pituto o una "bien ganada" recomendación...se trastocan los valores y se desdibuja el horizonte del bien común.
El Estado se desconecta de su rol histórico en la conformación de una identidad nacional y legitima que esta pérdida de identidad se vuelque al desarrollo de una identidad individual que se vincula con la política sólo a través de los medios de comunicación.
En una trasnochada conversación familiar en las postrimerías de un día de jolgorio para fiestas patrias, cuando la copa de vino acusaba las huellas de un duro trajín, un viejo obrero entonado proclamaba su desencanto con los funcionarios y la política.
Se dice que la decepción con la política es un tema de la juventud, muy "natural" diría Tironi, sin embargo, los más viejos cuya experiencia política se remonta a los años 60 no deberían sufrir este desencanto.
Le pregunté por las razones de su nostalgia; ¿porqué un obrero setentón, semi-analfabeto, sin previsión y con la piel curtida de abusos y postergaciones se sentía aún más postergado en la publicitada democracia de la concertación?, ¿qué ha cambiado en su situación si nunca tuvo casa, auto o seguridad social; si siempre el sueldo le alcanzó solo para comer y no para financiar sus sueños?.
..."antes tenía una vida señorita, era pobre pero feliz, tenía amigos y algo que hacer además de trabajar, una razón para levantarme en la mañana, no era sólo un "gana pan" .La política de estos años me ha robado la vida, el respeto y la confianza."
La respuesta de este obrero retrata nuestra propia muerte, desnuda la tremenda soledad en que nos ha sumido el nuevo modelo mundial de desarrollo, ya no sólo estamos empobrecidos sino excluidos, y esta pobreza en el alma es una carga más difícil de llevar. Ciertamente, nunca estuvimos más solos que hoy, y esta no es una consecuencia casual, esta soledad nos inhabilita como sujetos de la historia.