Rafael Luís Gumucio Rivas
Miedo a ser tercero en la primera vuelta electoral provoca, en los asesores de la candidatura de Eduardo Frei, las más iracundas y torpes declaraciones. Nada más descortés, para decir lo menos, que ningunear a su rival, en este caso a Marco Enríquez-Ominami. No es una buena estrategia, por parte del candidato democratacristiano, ignorar las críticas y preguntas que Marco E-0 hizo al candidato del gobierno en el pasado foro televisivo; en el fondo, no es un desprecio a Marco, sino a los ciudadanos que tiene todo el derecho a saber sobre la gestión del ex presidente en el destino de la población El Volcán, los gastos electorales y otros temas. Ningunear es propio del narcisismo o, más grave aún, del autismo, término que emplea uno de los partidarios del senador democratacristiano.
Nadie puede creer que posee, de antemano, el mando de la rueda de la historia: cualquier persona que sabe un poco de política entiende muy bien que en apenas tres meses de campaña el cuadro electoral puede cambiar radicalmente; así ocurrió en la primaria entre Piñera y Lavín, cuando la encuesta CEP daba como ganador al segundo, y fue completamente al revés. ¿Quién -que no padezca de los males narcisismo y autismo- puede asegurar a ciencia cierta que la disputa en la segunda vuelta será entre Eduardo Frei y Sebastián Piñera? Bien podría ser que la historia diera nuevamente una sorpresa y la elección se diera entre Sebastián Piñera y Marco Enríquez-Ominami, por consiguiente, es una verdadera estupidez discutir a dónde irán los votos de Marco, de ser tercero, o de Frei al ser Marco el segundo. Cualquier historiador sabe muy bien que los "si acaso" son un juego para jubilados, que tiene cero validez científica.
Por estas y otras razones, hay que ser muy mal intencionado o tener hambre ilimitada de querer conservar los pitutos para decir, muy suelto de cuerpo, que Enríquez-Ominami va a apoyar a Piñera cuando es evidente que el candidato independiente debe votar por sí mismo en la segunda vuelta, si no para qué se presenta como candidato. Salvo el caso de Jorge Arrate, no conozco ningún candidato que se presenta para perder y terminar regalándole los votos al menos malo de los dos candidatos del duopolio, cuando el sufragio no le pertenece y son los ciudadanos quienes deciden. No dudo de que Marco y todos los que lo apoyamos, votaremos por él en la segunda vuelta.
Dejémonos de chantajear al electorado, pues se supone que con el tiempo los ciudadanos están dejando de ser carneros y, como adultos, pueden decidir libremente. Es cierto que la Concertación ha aprovechado el sentimiento anti derechista de la izquierda llamada extra parlamentaria para ganar dos elecciones sucesivas y terminar traicionando los anhelos progresistas, en una democracia de los consensos en que siempre termina ganando la derecha. baste recordar las dos veces en que Eduardo Frei salvó a Augusto Pinochet y su familia, incluso, utilizando la monárquica institución de "la razón de Estado", específicamente el caso de los "pinocheques" -hubo un candidato a diputado por Talca que tituló un documento Chile entre dos derechas-; en estricta lógica la teoría tomista del mal menor se reduciría a elegir entre una derecha más humanista y otra más totalitaria. Algo así ocurrió en Francia cuando la izquierda los gaullistas votaron por Jacques Chirac contra el fascista Le Pen; pero este no es el caso de Chile.
En lo personal, siempre he votado por el progresismo - 1964, por Eduardo Frei Montalvo; en 1970, por Salvador Allende; en 1989, por Patricio Aylwin; posteriormente por Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet-. Por cierto, que no faltará el crítico - a quien podría encontrarle toda la razón- que opine que anduve votando más por centro que por la izquierda; algo de este error lo he corregido sufragando por el Juntos Podemos en todas las elecciones municipales y parlamentarias del siglo XXI. Hoy votaré por Marco y por los candidatos humanistas, en mi Distrito.
En resumen, la primera vuelta es una elección completamente distinta que la segunda; para qué nos atragantamos discutiendo nuestro sufragio sobre un futurible, en términos tomistas, que nadie puede prever, salvo que haya estudiado para Dios. Ni en artículo mortis votaré por Piñera.
Todavía no logro entender el por qué la UDI no apoya con sus votos al candidato de la DC, más cerca- presuntamente- que el candidato liberal de sus convicciones cristianas y económicas. En el congreso han votado juntos en algunas cuestiones de orden valórico. Es otra de las variables con que podríamos considerar la elección actual. Y en lo que respecta al liberalismo , no veo, al candidato de la los empresarios , de lado de las prerrogaticas y principios de Arturo Alessandri Palma, Balmaceda y otros por el estilo , condenados por el lado B de la reacción chilensis , en los momentos que quisieron reformar en algo la situación social y política que les cupo vivir.
A tener en cuenta