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THE PASKIN, UN DIARIO DELIRANTE Y DE MALA LECHE

PARA PONERNOS DE RODILLA NOS TIENEN QUE CORTAR LAS PIERNAS

17 Octubre 2009

“EL DÍSCOLO, PATRICIO NAVIA, CONVERSACIONES CON MARCO ENRÍQUEZ-OMINAMI”

 Rafael Luís Gumucio Rivas

En las elecciones presidenciales, cualquier candidato que se respete debe conseguir algún cientista político, sociólogo, filósofo o cronista para que plasme un libro o un ensayo sobre biografías o entrevista con el candidato que postula al trono que dejará vacante Michelle Bachelet. Este género literario, si lo podemos llamar así, se ubica entre los programas políticos que se ofrecen en el mercado electoral a los consumidores - perdón, a los ciudadanos- y las memorias que el personaje político quiere llegar a las nuevas generaciones.

Durante estos días han aparecido en librerías distintas publicaciones: la de políticos, del marqués Gabriel Valdés y de Edgardo Boeninguer - este último convertido en un héroe de la senil Concertación- , y otras dos acerca de los candidatos presidenciales Sebastián Piñera y Marco Enríquez-Ominami; confieso que no soy muy entusiasta de estos géneros, sin embargo, las memorias y crónicas del siglo XIX y XX constituyen para mí una fuente de primera calidad para comprender el pasado histórico, cosa que no ocurre con estas apologías de los políticos actuales.

El libro de Patricio Navia, debo confesar, me motivó desde el comienzo agarrándome por el cuello y no soltándome hasta la página 229, la última de estas entrevistas. No conozco personalmente al autor de estas Conversaciones y, por cierto, mucho al entrevistado, mi sobrino Marco, aun cuando bebo confesar que cada día me sorprende más; jamás creí que iba a tener la audacia de presentarse como candidato presidencial y, en tan poco tiempo, convertirse en un líder libertario de tomo y lomo. Patricio Navia pertenece más bien a la generación de mis hijos Rafael e Ignacio y de mi sobrino Marco, sin embargo, debo confesar que soy adicto a sus columnas, ensayos y otros documentos;

Me han impresionado siempre sus comparaciones culinarias referidas a los fenómenos histórico-políticos, por ejemplo, aquella que asocia la revolución "con empanada y vino tinto" con su antítesis, la de Ricardo Lagos con sushi y Carmenet, es decir, del socialismo de Allende al neoliberalismo humanitario de de Lagos. En "El díscolo" habla, por ejemplo,  de la revolución con arepas, de Hugo Chávez, que quiso introducir Alejandro Navarro en Chile -; con razón, Feurbach decía que "el hombre es lo que come"-, a lo mejor, podemos pasar de una revolución como gran copulación, a un suculento banquete de puros caballeros.

Otro tipo de comparaciones que emplea Navia dice relación con la medicina: en "El díscolo" dice que la extrema desigualdad equivaldría al colesterol malo, que corroe a la sociedad chileno, pero que, afortunadamente, un poco de desigualdad sería asimilable al colesterol bueno. Según Navia, es la extrema segmentación social la que da lugar al populismo: como en el caso del colesterol, hay uno bueno y uno malo. El caso del desprestigio de los partidos políticos chilenos - sin importar si es de la Alianza o de la Concertación- es, por cierto, menos radical que aquel del Acuerdo del Punto Fijo, en Venezuela, del derrumbe político de Ecuador, o la ingobernabilidad de Bolivia en la era de los gobiernos previos a Evo Morales. Para Navia, estamos lejos de Chávez, de Correa y de Morales en cuanto al colapso de la representación de los partidos políticos.

Michelle Bachelet  se ha convertido en la "Virgen del Carmen", por el efecto milagroso de las encuestas de opinión: pocos líderes políticos en el mundo le deben tanto a los sondeos sociológicos que, de alguna manera, han marcado su destino, en este caso, como patrona de Chile; todo lo que hace la presidenta es casi perfecto, poco importa el bajo crecimiento, el desastre del Transantiago, el incumplimiento de la paridad ministerial, que los partidos políticos se hayan adueñado del "botín" del Estado, que Camilo Escalona sea el "válido" Manuel Godoy para María Luisa, reina de España, en definitiva, con dos o tres bonos al año el milagro obnubila a los pobres, que es como el maná que cae del cielo, o la "tierra prometida que mana leche y miel", que tanto le gusta citar a Patricio Navia.

Es apenas lógico que el entrevistador quiera comparar a su personaje con Michelle Bachelet: trata de sostener la hipótesis que Marco es "el hijo ilegítimo" de la presidenta, en razón de similitudes bastante evidentes, como aquello de ambos fueron rechazados por las cúpulas políticas, o que Michelle y Marco pueden salvar la Concertación cuando ésta, por senectud, está incapacitado de reaccionar con la erección ante cualquier estímulo. Genialmente, Navia llega a decir que "Marco es el viagra de la Concertación" porque impidió el triunfo de Piñera en la primera vuelta, y puede que le gane a Frei, (que de tanto ingerir la pastilla azul tenga un colapso antes del mes de diciembre); según Navia, de ser Marco  el candidato en la segunda vuelta, se produciría el milagro de la resurrección de la vieja decrépita - la Concertación- a un cuerpo glorioso resucitado, como lo describe el Nuevo Testamento.

La verdad , personalmente no creo que Marco sea el hijo ilegítimo de Bachelet: a pesar de las apariencias, son bastante distintos; intuyo, aun con temor de que Marco me desmienta, que no tiene mucho que ver  este candidato con el Partido Socialista y la Concerta; no es igual Marco que su padre adoptivo, Carlos Ominami, quien sí es perfectamente con la Concertación y el partido Socialista. Es comprensible que Marco, hombre de gran calidad humana, admire a su padre adoptivo, pero piensa y actúa muy distinto: pertenecen a coordenadas políticas y tiempos diferentes. No me parece que Marco sea una "versión II" de la Concertación, una especie mejorada de lo que se ha convertido en una alianza de partidos, cuyo cometido ha consistido en utilizar el Estado como un botín.

El carácter iconoclasta de Marco es bastante más radical que el aquel que el candidato expresa en el "Decálogo", en los discursos y en los debates. Por cierto que no se trata de refundar Chile, pero en la trilogía de la revolución educacional y la salud, el cambio radical al régimen político y la reforma impositiva irrumpiría en una sociedad muy distinta que el repugnante Chile segmentado actual. A veces temo que Marco, mal aconsejado, se quiera convertir en un candidato "comme il faut" acomodando su discurso a las conveniencias electorales que indican las encuestas; en este plano, debiera tener menos temor para plantear con osadía un Chile distinto, que muchos de su generación, pero por cobardía moral se han guarecido en dos candidaturas que sólo pueden representar el Chile gangrenado de pasado.

No estoy completamente de acuerdo con aquello de comparar a Marco con los distintos presidentes de la Concertación: no creo que, de triunfar, sea la continuidad de Aylwin, mucho menos de Frei, nada tiene del estilo autoritario, casi imperial de Ricardo Lagos - último presidente de tradición republicana chilena, ni tampoco de la "cariñocracia", como muy acertadamente califica Patricio Navia al gobierno de Michelle Bachelet.

En Marco hay una nueva concepción de la libertad y la igualdad, más acorde con los tiempos contemporáneos: Marco dice que no teme a equivocarse y reconocer, luego, su error  y que acepta perfectamente la discrepancia en su equipo político; no pretende construir partidos políticos monolíticos, supongo; al fin y al cabo, todo partido termina siendo una burocracia, según Michels, por consiguiente, es difícil pensar en partidos políticos clásicos, lineales y autoritarios, y no en movimientos abiertos que permitan el debate permanente.

Es torpe el argumento que de triunfar Marco en la primera vuelta no tendría capacidad de gobernabilidad; eso es una soberana estupidez que sólo pueden sostenerla personas muy ignorantes y/o mal intencionadas. Es evidente que con el 51% del apoyo popular el presidente electo tiene perfecta legitimidad y capacidad para gobernar; el famoso axioma de que "no hay democracia sin partidos políticos" es equivalente a decir que no hay vida sin células; por cierto, si los partidos marchan bien y las células también, el cuerpo y la democracia están sanos y capaces de seguir construyendo país. El problema aparece cuando las células o los partidos se desordenan, pierden si sentido, transformándose en mafias de reparto de botín del Estado, incluyendo los cargos parlamentarios; cuando esto ocurre, hay que pensar en una reforma radical del sistema político donde pasamos de una democracia fiduciaria, en que el ciudadano entrega la representación a un presidente y parlamentarios, sin pedirle cuenta durante el período, como acertadamente lo define Patricio Navia, a una democracia participativa que, a mi modo de ver, supone revocación de mandato, elección de intendentes y plebiscito en materias fundamentales de conducción del Estado, además de un sistema semipresidencial, con un Primer Ministro, responsable ante la mayoría parlamentaria.

Hay un aspecto muy valioso en la Entrevista a Marco, cuando Navia le pregunta cuál será su primer acto una vez elegido residente, al que responde que el primer irá a una escuela rural a dictar una clase de historia de Chile, en la cual, espero, enseñe a los alumnos el enorme aporte de los grandes líderes libertarios que Chile ha tenido a través de su historia - Carrera, Infante, Vicuña, Vicuña Mackenna, Balmaceda, Pedro Aguirre Cerda y Allende, entre otros.

En resumen, el libro de Patricio Navia nos permite descubrir el surgimiento de un líder joven que, a lo mejor, nos permita superar el marasmo de Chile, de presidentes gotosos, bajo la ley "del peso de la noche". Aun cuando a marco no le agrade, hay algo de la rebelión generacional que expresara, en su momento, el poeta Vicente Huidobro, en el "Balance patriótico": "los viejos a la sepultura antes de que los jóvenes los echen".

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