¿QUIÉN VA A PAGAR, AH?
Luis CASADO
La sabiduría popular forjó esos proverbios que, -quieras que no-, encierran un puñao de verdad. Entre ellos ese que dice: "No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague". En esa estamos. Empieza a ser la hora de sacar cuentas, a pesar de que la crisis de la cual te han anunciado diez veces el brillante ocaso, el alegre fin, el dulce crepúsculo, no hace sino comenzar a mostrarnos sus temibles consecuencias.
En una economía planetaria de la cual todo el mundo se complace en designar a los EEUU como el poderoso motor que la impulsa y el sofisticado sistema que la conduce no es inoficioso ir a ver lo que allí ocurre. El déficit Federal alcanzó el año fiscal que terminó el 30 de septiembre pasado la coqueta cifra de U$ 1,42 billones, o sea un 10% del PIB del imperio. Si te tienta conocer la "tendencia" debes saber que ese déficit triplica el del año precedente que ya era un record digno de encomio. Con una caída de los ingresos fiscales de un 16,6% y un incremento del gasto público de un 18,2% era inútil esperar otra cosa.
La Casa Blanca defiende a brazo partido su Plan de estímulo de U$ 787 mil millones a pesar de que Joe Biden, responsable de su puesta en marcha y accesoriamente vicepresidente de los EEUU, declara que no logró crear ni un pijotero empleo suplementario. El Director de Presupuestos de Obama se comprometió a reducir el déficit en un futuro no muy lejano, y a "colocar al país en una senda fiscal sostenible". Ya me dirás tú. Eso se logra aumentando los impuestos y disminuyendo el gasto fiscal, maniobras delicadas que suelen agravar y prolongar las crisis económicas. Por eso, para "no disuadir la inversión y proteger la actividad empresarial", se le suele aumentar la carga tributaria solo a los ingresos provenientes del trabajo, úsease los salarios, ya ves para donde voy.
Poor little Johnny, poor Little Mary, hard times ahead...
En la copia feliz del edén las cosas se presentan very much alike, si te la escribo en mi inglés macarrónico es para colaborar con los boludos que quieren hacer de Chile un país bilingüe, lo que denota un optimismo a toda prueba en un país en el que los ministros no saben hablar de corrido en castellano.
Lo que tenemos de prensa anuncia "La mochila tributaria que heredará el próximo gobierno", o sea los aumentos de impuestos necesarios para pagar la crisis que "no hubo, no hay, ni habrá" según la legendaria frase del Ministro del déficit don Andrés Velasco.
Para que tu admiración por lo bien que lo ha hecho este gobierno no pierda ni de su enjundia ni de su entusiasmo pongo en tu conocimiento que el impuesto a los combustibles volverá a su "nivel normal", la adquisición de una vivienda volverá a pagar un IVA del 19%, el impuesto al crédito (gravamen de timbres y estampillas) regresará en gloria y majestad y, last but not least, los anticipos que las empresas le hacen al fisco perderán el descuento que hasta ahora les permitía disponer de algo de liquidez, cuestión que afecta sobre todo a las PYMEs.
Gabriel Valdés tenía razón cuando anunció que quienquiera que gane la elección presidencial la va a tener cruda. Si no ves inconveniente yo le corregiría ligeramente la declaración a don Gabriel: los que la vamos a tener cruda somos nosotros los que pagamos impuestos, o sea el personal, los currantes, los asalariados, los boleteros, los trabajadores por cuenta propia, los "subcontratistas", los temporeros, o sea la, -pido perdón por usar el (des)calificativo-, "gente".
Si te das el trabajo de coger la calculadora verás que el incremento de los impuestos podría alcanzar un 1% del PIB, o sea unos U$ 1.700 millones al año. Y eso que "no hay ni habrá ninguna crisis..." Velasco dixit.
Como a los chilenos lo asopado se nos pasa a eso del mediodía, supongo que nada de esto te sorprende, ni te maravilla, ni te asombra, ni te llena de estupor, ni te provoca extrañeza, ni te pasma, ni te admira, ni te deja helado ni atónito: lo sabías boludo, servidor te lo había anunciado en su día, a pesar de la expresión pasota y escéptica de tu cara de reboludo.
Pero lo malo no es eso. Lo malo es que te quieren convencer para seguir con más de lo mismo eligiendo como presidente a otro vivillo que no será sino la prolongación del mal que nos aqueja desde hace ya -si mis cuentas son buenas- treinta y seis añitos.
Por eso, antes de adjudicar tu voto te sugiero que pienses en la cuestión que le sirve de título a esta parida: "¿Quién va a pagar, Ah?"
