JUSTICIA PARA EL CONDENADO A MUERTE MIGUEL HERNANDEZ
Pablo Varas
Lejos queda en la memoria de los españoles la fecha del 17 de junio de 1936. Francisco Franco, luego de haber pasado por el confesionario aquella mañana, arropado en un perfume de incienso, se lanzó a la heroica tarea de salvar España. Hitler ya suponía cual iba a ser el destino de Alemania, y en Italia Mussolini transpiraba frío mientras intentaba ensayar algún tipo de pensamiento. Sabemos que lo dos fueron incondicionales aliados de Franco, y de la Falange. Esos dos fantasmas de la historia enviarían miles de hombres, armas y aviones para solidarizarse con el bajito general. El partido comunista de la Unión Soviética, dejó solos, y a su suerte, a los republicanos.
Son tan iguales los pasos que dan los militares en tales circunstancias, las palabras que se dicen, sus juramentos sobre estandartes y banderas, o sobre aquellos viejos sables con alguna historia o miserable victoria; apretones de mano, promesas de lealtad y de llegar hasta las últimas consecuencias; entre ellos se dicen que pueden perder la vida, más de alguno escribe una carta a sus cercanos, se prometen fidelidades que no llegan a cumplir, terminan matándose entre ellos, y que la patria está antes que nada, y por sobre todo..., más arriba, incluso.
Y se lanza Francisco Franco en su Santa Cruzada -como se lo dijera agradecida la iglesia- para salvar a la patria del dolor que le provocaban los pobres que trataban de conseguir lo básico para vivir, como por ejemplo comer pan. Era nefasto para él que hubiera más escuelas, y que el pensamiento fortaleciera sus alas. Franco era un militar de baja estatura y racista, que no hablaba bien, lector sólo de literatura militar, algo inculto, no digamos un analfabeto, pero que le encandilaban los halagos, tanto, como las joyas a su mujer.
Uno de los consejeros más cercanos del Caudillo de España, con el que compartía largas jornadas de estudio y análisis del pueblo español, era el siquiatra militar Vallejo Nájera, ideólogo de doctrina militar formado en Alemania. Profundo admirador de los postulados del nacional-socialismo, y que sostenía abiertamente la existencia de una raza española, pura, y superior a otras razas. Fuentes muy bien documentadas afirman fue Vallejo Nájera, quien aportó un fuerte componente ideológico a Francisco Franco, con sus teorías político-culturales-sicológicas que eran de un marcado antisemitismo. Tan notable pensador-militar dejó entre sus escritos uno que necesariamente se debe dejar para el asombro. "Eugenesia de la Hispanidad y generación de la raza", en el que llega a definir raza con espíritu: La raza es espíritu, España es espíritu. La Hispanidad es espíritu..."
En el pensamiento de Francisco Franco, y la España que él quería, fueron apareciendo los resultados, las evidencias de la adscripción hacía su consultor Vallejo Nájera. Las sociedades modernas deben ser dirigidas por un grupo selecto de personas, ojala aristocráticas, donde sea indispensable encontrar esa férrea voluntad de salvar al país y a la raza....siempre. En el caso de las mujeres recomendaba de manera muy clara, que las niñas deberían leer sólo libros de carácter religioso, que cualquier otro tipo de literatura las acercaba inevitablemente al marxismo, que nunca logró entender como una corriente filosófica, muy por el contrario, sus estudios se centraron en que era una enfermedad, lo que le posibilitó crear un centro de internamiento en la ciudad de Málaga donde experimentó con mujeres para que fueran tratadas de aquella peste. Vallejo Nájera sostenía que las mujeres más perdidas, y ya sin ninguna posibilidad de ser recuperadas, eran las de orientación marxista, y las catalanas.
De aquella Santa Cruzada que fue bendecida por la Iglesia Católica, y que recibió los más altos honores y saludos del Papa desde el Vaticano, han quedado 120.000 muertos enterrados en fosas comunes y cunetas esperando una sepultura digna, entre ellos Federico García Lorca. También hubo 12.043 niños -hijos de presos republicanos y fusilados- que el Estado español crió en orfelinatos donde fueron adoctrinados bajo el nuevo orden español, y la nueva visión de raza española.
Cabe destacar que el funeral de Franco, celebrado por lo alto, contó con uno de sus discípulos más connotados, el Comandante en Jefe del Ejército chileno, Augusto Pinochet, durante cuya dictadura ocurrieron hechos muy similares a los españoles.
Pero...
Veinte años antes de esta fatídica fecha de 1936, había nacido en Orihuela, Miguel Hernández, en el seno de una familia campesina pobre, como lo eran en esos tiempos todos los campesinos de la España profunda. "A un extremo de Orihuela, junto a la sierra, está la calle de Arriba, calle ancha de barrio, desnivelada y chata, de casas encorvadas y difíciles, como sus pobres habitantes, los pastores, los zapateros y los albañiles de la ciudad. Calle ruidosa de chiquillos, engrosada de tanta criatura como sólo amontona la miseria.(1)
Miguel Hernández, buen estudiante y de bolsillo pobre, con un altísimo talento poético logró la publicación de sus primeros inquietos poemas, en el diario de su pueblo, pensado antes del reconocimiento, en las palizas que le daría su padre por estar más cerca de los libros, que de las cabras que tenía que cuidar.
"En cuclillas ordeño
una cabrita y un sueño
Glú, glú, glú,
hace la leche al caer
en el cubo; en el tisú
celeste va a amanecer" (2)
Y luego se convirtió en uno de los más altos, notable y consecuente que no dudo en alistarse para defender la legitimidad de un gobierno, y se fue a las trincheras donde según la documentación irrefutable, cuentan que combatió, comió y durmió entre los que defendían la Republica. Otros poetas iban al frente, leían sus trabajos y volvían a sus casas. Perito en Lunas fue su primer libro y Vientos del Pueblo el más conocido, Cancionero y romancero de ausencias, el más logrado, el más profundo.
Si España hubiera cambiado, si fuera otro país el de los Borbones, los González, de los Zapatero, de los Rajoy se le habría restaurado su dignidad, de la que es el uno de los más grandes portadores. El poeta fue condenado a muerte en 18 de enero de 1940 "por escribir versos y ser poeta del pueblo", posteriormente se le conmutó a una pena de 30 años de prisión.
En el 2010 se cumplirá el centenario de su nacimiento, es posible que finalmente llegue la hora en que el Tribunal Supremo de Justicia, "revise y anule" su condena a muerte, y así como siempre podamos seguir:
"A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata que requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero"
. Elegía (10 de enero de 1936)"
Miguel Hernández, el rayo que no cesa. María de Gracia Ifach. Plaza & Janes. 1975
Miguel Hernández, el rayo que no cesa. María de Gracia Ifach. Plaza & Janes. 1975
