ENTRE MEO Y ARRATE; O LA IZQUIERDA CHILENA EN BUSCA DE SU CUERPO Y DE SU ALMA.
Rafael Gumucio Rivas
Claudio Filippi Peredo
La Izquierda chilena no ha estado ajena al devenir histórico del resto de las fuerzas de la izquierda latinoamericana y del resto del orbe, viviendo con crudeza la persecución y la represión de los setenta y ochenta, para luego caer en las marismas de los noventa y de ésta década, marcada por el ascenso y la caída de las promesas de la utopía neoliberal y su falso mundo monopolar.
A pesar de que la década ha estado marcada por el surgimiento, en toda América Latina, de movimientos sociales reactivos al modelo neoliberal y todas las injusticias y desequilibrios que le son inherentes, la izquierda latinoamericana no ha sido aún capaz de articular un derrotero de pensamiento y accionar político que de cuenta de la realidad particular de cada país y transformarse en opción para el amplio sector, mayoritario en términos demográficos, que aspira a ser representado por ideas justas y progresistas.
Ese vacío, deja a su potencial electorado a expensas de antiguas fuerzas políticas de centro, que han asumido el neoliberalismo como ideología dominante, lo que se ha unido al dominio comunicacional de los bloques de poder los que han naturalizado lo existente, cómo lo único posible.
Además, el enclavamiento en los sectores de izquierda tradicionales de una desesperanza crónica, y anclada en los discursos políticos y experiencias del pasado, han obstaculizado el surgimiento de ese derrotero y ese accionar estratégico tan necesario. Como ejemplo de lo anterior, podemos mencionar, sin desmerecerlos en nada, los símbolos unidos a la Revolución Nicaragüense, que importantes y significativos en la historia y en su momento, no dicen mucho a la mayoría de los jóvenes latinoamericanos, habiendo pasados 27 años desde el triunfo de los Sandinistas en Managua. ¿Cómo podemos esperar lo contrario, si muchos de ellos ni siquiera conocen a Sandino?.
Pensar diferente, a fin de reafirmar lo propio, es un error estratégico e histórico, pues nos hace caer en un discurso y una visión etnocentrista de grupo, que si bien nos reafirma en nuestra identidad y nuestras convicciones, nos aleja de los sectores que poseyendo códigos culturales diferentes son el campo propicio para nuestra izquierda.
Tal vez la izquierda, que nos lleve al triunfo no escucha a Víctor Jara o a Inti Illimani o no conoció el impacto y el ejemplo de la entrada de Castro y de Camilo Cienfuegos en la Habana, el 1 de Enero del 1959.
¡No señores!...La izquierda que nos lleve al triunfo sobre la hegemonía del modelo dominante no tiene ni comparte nuestros códigos y eso nos debe hacer reflexionar sobre la necesidad de articular una visión social alternativa y poderosa compartida y actual, sobre las bases de nuestras aspiraciones irrenunciables de justicia e igualdad social.
Eso es claro en el Chile actual. El tema no es si Marco Enríquez-Ominami es de Izquierda o Jorge Arrate es el genuino representante de ella. Ese es un camino espurio y pequeño, un debate infructuoso para la misma izquierda y que sólo beneficia, como siempre, a los amos y esbirros del poder.
Debemos mirar más allá de Diciembre, y situarnos en todos los escenarios, sea quien sea el próximo Presidente de Chile, en como articulamos a la Izquierda chilena, mayoritaria en el alma, pero sin un cuerpo que la sustente.
Por eso, debemos superar nuestra política de grupos y rescatar a todos, los de MEO, los de Arrate, los de cualquier otro, en un proyecto común de la Izquierda chilena.
Hay propuestas teóricas magníficas, como la de Tomas Moulian en "Socialismo del siglo XXI. La quinta vía" o las mismas bases para una nueva Constitución que MEO presentó. Indudablemente hay más...pero, debemos rescatarlas.
Articular con ellas una propuesta de Chile alternativo y luchar por ella, es realmente abrir "la aurora de una nueva época", en el decir de los obreros de Chicago.
Somos mayoría pero actuamos como si fuéramos minoría. No nos creemos que el pueblo, que decimos representar en nuestro discurso, está al lado nuestro, esperando nuestros gestos de unidad para construir el Chile que realmente queremos.
No los defraudemos.
Nuestros mártires, constituidos en una legión de inmortales, no nos perdonarán.
xcv dijo
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2 Diciembre 2009 | 06:29 AM