Profesor
Finalizó el paro de los profesores, y nunca como antes habíamos sacado cuentas tan derroteras, es cierto que el discurso de nuestra clase dirigencial es optimista, alejando los hechos de la cruda realidad, pero en la balanza queda un dejo de desequilibrio en favor de la patronal estatal, defendida tan bien por los concertacionistas aliancistas.
Anteriormente se habían logrado ciertas migajas, entonces cabe la pregunta en cuestión, ¿lo logramos nosotros, o fueron dadivas de ellos?
Creo que lo segundo, ya que no hemos acumulado la fuerza suficiente para asaltar la educación que reclaman bastos sectores de la sociedad chilena, para que un gremio que en algún momento gozó de la frescura de los movimientos populares siempre termina sucumbiendo por sus temores y trizaduras internas, por dirigentes que se escudan en una institucionalidad gremialista y sindical creada por la misma dictadura (sistema binominal de elecciones al interior del colegio de profesores, gerentes más que dirigentes, que hace años dejaron de hacer clases y ahora son unos mantenidos de la bases a través de 1%).
Un Jaime Gajardo que se manda arrancas de tarros como llamar a un paro nacional cuando los profesores de base ni siquiera sabían a qué aventura se precipitaban, qué diferente hubiese sido levantar un movimientos cuando los estudiantes estaban movilizados, pero no; salió ese discurso conservador de pusilánimes y vacilantes que era un protagonismo alcanzado por los pingüinos, con el cual no había que interferir, cómo si las luchas sociales fueran una característica de la atomización de las fuerzas.
Después en medio de la movilización reclama por un bono de término de conflicto muy alejado de la realidad y desconectado de las bases.
El camino que viene por delante, es difícil, no estamos en condiciones de levantar una nueva movilización, a menos que creemos las condiciones internas para que se reestructure un gremio en su organización desde las comunas, con un cambio generacional en esa vieja dirigencia, que no son más que abortados de la concertación y alianza.
Pocas veces me ha tocado ver un paro sin tan sentido y alejado de la realidad. No de la realidad de los profesores que, aún estando mejorada respecto de lo que tenían en la dictadura, sigue siendo insuficiente.
Se trato de un paro carente de objetivos, los cuales, como dice la crónica, se fueron cambiando según era el parecer o sentir de los dirigentes y especialmente del presidente del gremio. Gajardo tendrá que pagar con su cargo la ineficiencia en la conducción de la movilización.
Se pierde todo y se elige para volver al trabajo otra derrota. La votación en contra del presupuesto de educación, no es sino una derrota del movimiento de los profesores, teniendo en cuenta que esa votación no vale nada.
El colegio de profesores, debería pagar a sus asociados los días que se les descontaran de sus remuneraciones y por decencia la DIRECTIVA DEBERÍA RENUNCIAR
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