TERMINADO EL CIRCO, SE VUELVE A LA REALIDAD
Arturo Alejandro Muñoz
CUANDO USTED LEA este artículo, seguramente ya habrá emitido sus pertinentes sufragios (presidencial y parlamentarios) dejando que la suerte se deslice por el territorio nacional como una bolita de ruleta. Nada más que hacer. Se acabó el show largo y habrá que esperar hasta el próximo mes de enero para, en un ‘acto libertario', realizar entonces el show corto para elegir a quien o quienes se desternillarán de risa cada mes al recibir una suculenta dieta de varios millones de pesos por pellizcarnos las esperanzas.
Por supuesto habrá en marzo y abril toda una parafernalia respecto a la ‘toma de poder' por parte del nuevo mandatario y de los nuevos equipos ministeriales y parlamentarios. Para el país el asunto general marchará sonriente entre primeras planas, aplausos y farandulización de la política...eso es al inicio, ya lo dijimos, pero avanzado el primer cuatrimestre del 2010 el asunto será peor, pues los chilenos sentiremos que una especie de mareo nos embargará...y ello no será otra cosa que el jode-que-te-jode de la tele con los actos del Bicentenario y los preparativos de Bielsa y sus cabros para actuar en el mundial de Sudáfrica.
Habrá algunos pocos chilenos que en un momento de lucidez cacharán el mote, constatando que una vez más nos están pasando por el aro mientras nos llenan el mate con zancos, batucadas, tambores, carnavales callejeros, goles y serpentina. Por cierto, la clase política (verbigracia, gobierno y oposición) junto al empresariado manifestarán, allá por junio/julio del 2010, que todo marcha bien, algo lento, pero bien, y que "no es momento para hablar de asuntos tan serios y áridos, ya que Chile se encuentra en celebraciones y todo el mundo tiene sus ojos puestos en Sudáfrica".
La verdadera fiesta comenzará al promediar el mes de agosto. Muchas organizaciones sindicales, varias federaciones estudiantiles y numerosos gremios impetrarán el cumplimiento de las promesas de campaña, gritando a los cuatro vientos en calles y plazas que "la ‘alegría' sigue de vacaciones y el ‘cambio' se nacionalizó en otro país". Es en ese momento que el país tomará debida nota respecto de un asunto que por repetido y recontra dicho parece haber aburrido a muchos, pero que, en realidad, no tiene un ápice de error.
¿De qué se trata tal constatación nacional? Los chilenos, con bastante decepción, comprobarán que todo sigue igual, que nada ha cambiado en el fondo, y que el sistemita sigue viento en popa, quizá hasta más sólido que antes (para los empresarios, banqueros y financistas), manteniéndose la profunda brecha económica y confirmándose que día a día Chile va perdiendo la propiedad de sus recursos naturales.
Cambian los nombres, pero no el sistema. Llegan nuevos rostros, mas, las ideas siguen siendo las mismas de siempre, tal vez más lustrosas y brillantes, pero repetidas, conocidas, añosas. Personajes frescos, corrupciones viejas. Nada nuevo bajo el sol.
Es que -tal como lo hemos dicho antes- al sistema neoliberal no se le moverá un solo pelo por un simple cambio de gobierno dentro del andamiaje duopólico binominal y, por lo tanto, a objeto de que funcione a cabalidad, este sistema requiere de un amplio contingente de mano de obra de reserva (forma elegante para referirse a una cesantía superior al 8%), así como también forma parte de la estructura capitalista de la economía el tráfico de drogas y la existencia de mafias, tal como se conocen no solamente en Rusia, Francia, USA e Italia, sino también en Brasil, Chile, México y Colombia.
Las promesas incumplidas contarán con una reiterada explicación oficial: "no tenemos mayoría en el Congreso para aprobar las leyes que el país necesita y que yo ofrecí, prometí, en mi campaña". La culpa entonces será, según la voz principal, del chancho mismo. Y ese ‘chancho' (políticamente hablando se trata de una metáfora, que nadie se sienta aludido) estará en Valparaíso, ergo, el poder legislativo. Así nadie sale herido, culpado ni responsabilizado porque Chile siga siendo tan neoliberal como lo ha sido desde el año 1974.
Sea quien sea el futuro presidente, no hay duda alguna que en el segundo semestre del 2010 observaremos una andanada de paros, huelgas, marchas y tomas, en procura del cumplimiento de las ‘maravillosas promesas' que los candidatos realizaron en sus respectivas campañas.
Así, a tropezones, empujones, decepciones y ramalazos, nuestro país avanzará con paso de tortuga hacia esa cada vez más lejana, inasible e inefable condición que el ministro gringo de Hacienda, Andrew Velascou, calificó como "desarrollo pleno", pero que en nuestro caso particular sólo avala el crecimiento de las empresas transnacionales que han loteado el país llevándose, cada una de ellas, interesantes zonas, recursos y geografía de nuestra débil nación en una especie de renovada "merced de tierras" que, en ciertos casos, incorpora incluso la servidumbre humana existente en su interior.
Ahora bien, amigo lector, si usted cree que todo lo anterior va a cambiar porque su candidato (sea cual sea) triunfará ocupando el sillón de O'Higgins y producirá una verdadera revolución política y económica en Pelotillehue, puedo asegurarle que usted -más allá de su buen talante y excelente humanidad- es un ingenuo sin remedio. Como muchos, no se alarme, ya que no es el único.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados