Rafael Gumucio Rivas

Claudio Filippi Peredo

El fenómeno de Marco Enríquez Ominami, cambió Chile y ya nadie puede dudarlo.

MEO se transformó precisamente, en lo que se predijo que se transformaría: en la expresión genuina de un movimiento de descontento y de rabia, de esperanza y sueños.

En Chile ya nos hemos olvidado de otro proceso similar allá en Argentina, que condujo a la primera revolución del Siglo XXI, y  que derrocó al Gobierno de De La Rúa. En ese tiempo, Diciembre del 2000, la clase media pauperizada, se alzó en rebelión contra el neoliberalismo impuesto desde los inicios del Gobierno de Menem. La presencia de un eje de Izquierda y Centro Izquierda en Latinoamérica; Chávez, Correa, Lula; Lugo, los Kirchner, Morales; son parte del mismo proceso: la rebelión contra las políticas neoliberales impuestas en los ochenta y continuadas en los noventa e inicios del 2000.

Hoy en Chile, a pesar de las notables diferencias, el fenómeno de Marcos Enríquez- Ominami, no es otro que el mismo proceso revolucionario, el cual no puede ser visto sólo desde la perspectiva del mismo Marco, sino, que ante todo desde la perspectiva de los que se sienten representados por él. Es falso el análisis reduccionista y cupular que pretende adjudicar el fenómeno MEO a la influencia de un Think Tank específico, de algún personaje en especial o de  algún aventurerismo político, en el decir de Carlos Peña.  El fenómeno MEO es el rupturismo con el escenario heredado por la Dictadura y administrado sin cambio por la Concertación.

En efecto, los chilenos de clase media, ya no quieren más corrupción, más nepotismo, más oligarquización de la política, más desprotección social, más exclusión política y control mediático, más salud indigna y educación de mala calidad.

Desde hace años, se desplaza en forma subterránea ese sentir y ha salido a la luz al menos en tres oportunidades claras: la rebelión pingüina, la elección de Allende como el más grande de los grandes chilenos y el paro de los funcionarios públicos en Noviembre del 2008.

Ese movimiento, es el fenómeno MEO, y no otro.

Por eso, es que la candidatura de Frei tambalea y se dirige inevitablemente al colapso. Por eso es que no ha crecido la de Piñera y mantiene un estancamiento mortal.

También por eso, es que el fenómeno de Marco, es  más que él mismo, que su propia  figura, su trayectoria política o sus acompañantes. El surgimiento de MEO nos habla de un Chile que ya no quiere tolerar más postergaciones, de un Chile que quiere cambiar, de un Chile que quiere gobernar su propio destino y no ser gobernado a través de intermediarios o representantes que se olvidan de quien los eligió.

Eso, en sí, es un anhelo político revolucionario que entronca directamente con los fenómenos políticos latinoamericanos actuales, donde la democracia participativa, el desmantelamiento de la institucionalidad neoliberal opresiva de la sociedad y del control comunicacional impuesto por los amos del poder o del dinero, son entre otras, tareas impostergables, siempre en aras de la construcción de un modelo más justo de desarrollo.

Entre esas tareas, una de las más importantes para la fase política que viene, es la de la apertura del sistema político y la gestación de un sistema constitucional nuevo que dé cuenta de la voluntad popular, incluyendo a los sectores políticos y sociales hoy excluidos de la legislatura y del gobierno.

Por eso, la unidad es labor imprescindible y el triunfo de las fuerzas democráticas sobre la derecha o la burocracia concertacionista deben ser amplios y rotundos, más allá de los particulares y legítimos intereses de cada uno. Sólo la unidad nos garantizará que Chile tenga posibilidades de cambio, para construir un Chile diferente, más estable y realmente justo.

No silenciemos la voz de la clase media que se alza hoy en rebeldía... no trunquemos sus sueños y su esperanzas.

Unámonos en la lucha y revolucionemos Chile con la renovación de nuestros sueños...

La clase media se mueve...¡Unidad, Unidad, Unidad!.