RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Lúculo pasa el día haciendo puerta a puerta en las casas de los inexistentes humanista-cristianos. Me contó un tal Pico de la Mirándola que el concepto de la dignidad del hombre es muy anterior al año IV, fecha en que nació Jesucristo, por consiguiente, hay miles de humanismos y uno de ellos lo inventó un tal Jacques Maritain. Lúculo, como está loco por el poder, se instaló en la Plaza de Atenas a ofrecer todo tipo de regalos a los esclavos traídos del imperio incásico. Como los vendedores del mercado, gritaba a todo pulmón: no vengo a vender, sino a regalar; su ayudante, el guatón Moreira, extendió un paño verde en el cual Lúculo tiró los dados: al ganador le regalo las alas del tonto de Ícaro que, cuando intentó volar, se le derritieron con el sol; a mis aviones Lan no les ocurre este tipo de accidentes; como segundo premio, un paquete de acciones del canal de televisión, cuyos noticieros muestran los más truculentos crímenes; como tercer premio, una cena con el gordito barbudo Momia Merlick,, que le enseñará a hacer buenos negocios; como cuarto premio, una pegajosa botella de cinzano, para brindar durante la Navidad. El primer premio lo obtuvo un aymara boliviano, que se hace llamar Evo Morales quien, descontento, pide una playa en el pacífico. Creo que sería justo y bueno complacerlo. Lúculo, como todos los vendedores ambulantes, arranca a morir al ver, en la lejanía, una pareja de queridos e insobornables carabineros.
Agotado de esta aventura, Lúculo se entrega en brazos de Morfeo y en sus sueños aparece la Atenas del siglo IV: Sócrates, un majadero que anda preguntando sobre temas incontestables como qué es la piedad? Es mejor hacer el mal que padecerlo? Qué es la justicia? Qué es la verdad? Qué es el alma? Qué sentido tiene la vida? Qué diferencia hay entre el bien y el mal? Lúculo, en sus sueños le pregunta a nuestro filósofo si tiene cartas de crédito o dinares en efectivo, si le gusta ir al Alto Las Condes, si está afiliado a una Isapre, si compra, aun cuando sea, corbatas de marca, así sea clonadas por los chinos; por qué Sócrates, como buen profesor, no tienes un helicóptero, una casa en Cachagua o en Lago Caburga o, al menos en la proletaria Cartagena? El tontuelo de Sócrates le contesta: no las necesito, pues yo vivo bolseando a mis amigos, incluso, la pesada de Xentipa, mi mujer, influida por las feministas Aspacia Bachelet, me acusó al juez de no trabajar y aportar dinero a mis hijos. Yo reconocí, de plano, mi delito y asumí la pena.
Este Sócrates era un tipo muy desagradable: se metía en los gimnasios de la Atenas, diezmada por el ejército espartano de Daniel López Pinochet, y preguntaba tonterías que dejaban perplejos a los pobres mutilados de guerra. Lúculo despierta como a las tres de la mañana, de tan horrible pesadilla; la bellísima y tierna Cecilia le da un armonyl, que logra su efecto rápidamente. Sin embargo, sigue soñando: su ángel de la guarda, el alado Longueira, le cuenta que, afortunadamente, el tal Sócrates fue acusado por Anito Zaldívar de corromper a la juventud y no creer en los dioses y el verdugo le dio a beber un vaso de cicuta; como Sócrates no podía callarse ni en sus últimos momentos, se puso a hablar de inmortalidad del alma hasta que sus ojos quedaron blancos. Lúculo piensa: qué poco práctico fue el bueno de Sócrates, si hubiera especulado bien en la bolsa de comercio, no habría sido condenado a tan severa pena y viviría feliz con su familia.
Un tal Platón escribió una serie de diálogos en que siempre deja bien a su maestro y, como unos idiotas, a los pobres profesores, los sofistas; incluso, se atrevió a decir que el mocoso de Sócrates dejó en vergüenza, nada menos, que al maestro Protágoras, aquel que decía que el hombre es la medida de todas las cosas, es decir, parece que ahí comenzó el humanismo. Protágoras hizo la reforma educacional tontilandesa, es decir, llenar de computadores a los pobres niños para que vieran cositas.com o la genial propaganda, use el condón día y noche, del epicuriano ministro, Pedro García. El filósofo de las anchas espaldas, Platón, escribió un diálogo llamado La República; en él, Sócrates discute con los sofistas, Trasímaco y Calicles, sobre la justicia y el poder; el primero sostiene que el poder lo detentan los más fuertes y que la justicia no es un vicio, sino una noble torpeza; toda ley depende de la forma de gobierno que cada país se merece; por ejemplo, en la tiranía hay leyes tiránicas, en la aristocracia, leyes aristocráticas y en la democracia, leyes democráticas. Querido Lúculo: la Constitución tontilandesa, de 1980, es y será siempre tiránica, lo mismo ocurre con la ley de partidos políticos y la ley de votaciones populares y escrutinios. Sólo grandes alquimistas, como el justo "en la medida de lo posible". Don Patricio Aylwin, y nuestro eximio docente, profesor Lagos, pueden convertir, en base a fórmulas químicas, la roca tiránica en oro democrático; más astutos que Sísifo, han logrado vencer la maldición de los dioses.
El profesor Lagos nos promete terminar con el sistema electoral binominal, que no fue invención del financista Daniel López, que de estos temas políticos no sabe nada; la verdad, que fue una idea loca del más reaccionario y nacionalista de los diputados en la República Parlamentaria, Alberto Edwards Vives, autor de la Fronda Aristocrática, y ministro del dictador Carlos Ibáñez del Campo; la ley electoral de 1812 era semejante a la Daniel López: dividía el país en una serie de Distritos, donde se elegía a dos representantes en cada uno, lo cual garantizaba la estabilidad del sistema político y un perpetuo empate entre oligarcas. El ex esclavo galo, Maurice Duverger, plantea unas célebres hipótesis sobre los sistemas electorales: "un sistema electoral mayoritario, a una vuelta, garantiza la existencia de dos grandes partidos políticos, o dos y medio, - se emplea en Gran Bretaña: laboristas y conservadores se turnan en el poder-; un sistema mayoritario, a dos vueltas, o ballotage, como dicen los copiones, garantizan la existencia de un sistema de partidos políticos moderados, de cinco o seis partidos, como se emplea en la Galia- Francia; un sistema electoral proporcional, de cifras repartidoras, favorece la multiplicidad de partidos; se aplica en los bárbaros países latinoamericanos". Trasímaco no cree mucho en estas hipótesis del politólogo galo; el sentido común indica que los sistemas electorales están relacionadas con múltiples variables: el régimen político, la historia, cultura y costumbres del país.
En Tontilandia tenemos una monarquía presidencial, no es absoluta de derecho divino, pues los tontilandeses no creen en los dioses; no es hereditaria, pero sí se reparte entre miembros pertenecientes a la misma casta. Personalmente, soy partidario de un régimen semipresidencial, tal cual lo practican los galos. Por estos lares, el Parlamento es algo muy simpático: no pueden aprobar ninguna ley que signifique gastar dinero del tesoro; las comisiones investigadoras nunca descubren nada; los parlamentarios no tienen iniciativa de ningún proyecto de ley importante; los quórum son tan altos que, para aprobar una ley, siempre tienen que pactar entre la Concertación y la Alianza; a esa transaca la llaman la democracia de los acuerdos. Los parlamentarios sí pueden donar un diploma al Chino Ríos y a Kenita Larraín, certificando que son los amantes de Verona, o al Chocolito Sánchez, para que deje el cargo de presidente del fútbol, o colocar una medalla en los silícicos senos de Luciana Salazar.
La verdad, Lúculo, es que tu ángel de la guarda, Longueira, te ha hecho cometer un error: no es el sistema electoral proporcional, con cifras repartidoras, el causante de la multiplicidad de partidos políticos; con las cifras repartidoras del polítólogo Belga D Hont también se favorecen los partidos mayoritarios: si agregamos la exigencia germana de que un partido debe obtener un 5% para subsistir, se garantiza la existencia de grandes partidos y la continuidad del sistema político. Por lo demás, si revisamos nuestra historia electoral, podemos comprobar que, en un largo período, sólo sobrevivieron las grandes ballenas políticas: Te puedo garantizar que las múltiples divisiones de liberales, radicales, socialistas y demócrata-cristianos, tuvieron una existencia muy efímera: es el caso del Mapu, la Izquierda Cristiana, la Usopo, los socialistas de Chile, los suizos del profesor Lagos, murieron sin pena ni gloria.
Los pactos electorales siempre favorecieron a grandes combinaciones: Alianza Liberal-Unión Nacional, en la República Parlamentaria; Frente Popular-Derecha, en los años 30; la Code-Unidad Popular, en los años 70: Como Usted puede ver, Lúculo, el sistema proporcional también posibilita grandes combinaciones, sin excluir a nadie del sistema político. Entre sueños aparece el más cínico de los sofistas, Calicles -entiéndase por cínico aquel que se burla de todas las convenciones- los tontilandeses son los únicos que confunden cínico con hipócrita, cuando los términos referidos son antónimos; Clalicles, a diferencia de Trasímaco, no se detiene en probar que los ricos siempre engañan a los pobres, sino que critica las imperfectas leyes democráticas, según su parecer, que protegen a los tullidos de la plebe frente al dominio de los sabios sofistas, únicos fuertes e inteligentes que merecen el poder. Imagínense ustedes, dice Calicles, que los ignorantes campesinos de los alrededores de Atenas se convirtieran en magistrados o, que usando de sus votos, eligieran a uno de ellos como estratego. El político siempre tiene que usar la astucia para mantenerlos dominados; según este filósofo, el Estado es siempre fuerza y astucia.
Durante los siglos XIX y XX, el barbudo Carlos Marx definió al Estado como el representante de los intereses de la clase hegemónica, que usa la coerción y la dictadura para doblegar a los enemigos de clase; el estado es una excrescencia burocrática que desaparecerá con el comunismo. Max Weber sostiene que el Estado emplea siempre la fuerza legítima, originado en una constitución acordada. El pobre Lúculo despierta al alba como si hubiera estado en permanente vigilia: Quién me manda hablar del humanismo cristiano y tener que escuchar tantas estulticias de estos sabios malditos filósofos? Mucho más entretenida la flotación del dólar, las tesas de interés del banco central y la buena salud de las empresas monopólicas.
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