OSVALDO PINO TOVAR
El caso de Ítalo Nolli sacó a flote la punta del iceberg de una siniestra trama que se tejió alrededor de homicidas que reclutados en los años de 1960 fueron enviados a graduarse en crímenes y torturas en los servicios secretos sudvienamitas y que la dictadura usó en la década de 1980.
La muerte de Ítalo Jorge Nolli Olivan, el temible asesino de 68 años que mató a dos detectives e hirió a media docena de miembros de la policía civil, puede dejar en las sombras uno de los aspectos más siniestros de la dictadura militar de Augusto Pinochet: La existencia de escuadrones de la muerte secretos, al margen de la maquinaria criminal institucional.
Estos más que bandas fueron individuos, que al parecer actuaban solos o en grupos muy pequeños y que eran manejados discretamente por reparticiones tan infames como el disuelto Batallón e Inteligencia del Ejército y que los usaron para matar en plena calle a manifestantes contra el régimen ladrón y tiránico, al margen de los criminales con credencial, ubicados primero en la DINA y luego en la CNI.
Fueron individuos oscuros como Nolli, que hasta el día de su muerte, mantuvieron un perfil bajo y siempre que se tropezaron con la justicia, manos atentas y misteriosas, desde las sombras, les dieron impunidad.
Durante las desesperadas manifestaciones de los años de 1980, caracterizadas por las barricadas, murieron cientos de manifestantes. Y una constante fue la aparición en los barrios populares de vehículos de vidrios polarizados, sin luces, desde cuyo interior se abría fuego contra los jóvenes que gritaban su descontento contra Pinochet, su hambreador.
Nunca se aclaró quienes eran estos asesinos despiadados, solo ahora se sabe por las declaraciones de un ex convicto que compartió celda con Nolli a patir de 1987, que no solo existían sino que este delincuente despiadado fue uno de ellos.
Según este hombre, Nolli, llamado El Bachicha entre los reos por su ascendencia italiana, se ufanaba de haber salido a disparar con un fusil automático Sig contra los muchachos solo parapetados tras el humo de los neumáticos en llamas.
Según el criminal eran vietnamitas que lo querían matar, recordando sus años de mercenario en el conflicto del sudeste asiático. Esta loco, paranoico, se argumenta por lo que vivió en ese conflicto. Sin embargo la versión parece burda.
Antes que nada, Nolli no fue un soldado regular, según habló una que otra vez en la cárcel, era un simple torturador, "interrogador" decía él, encuadrado al interior de la inteligencia, no en la estadounidense donde había que dar algunas explicaciones, sino de la sudvietnamita donde todo era permitido.
También, según algunos informantes locales de ClariNet, es posible que haya sido un asesino selectivo dado su manejo de cuchillos de guerra y por su facilidad para manejar armas de puño, como demostró en San Bernardo la semana anterior, contando además con la ventaja de tener una habilidad similar en sus dos manos.
Y un detalle trascendente: A raíz del embargo de armas aplicado a la dictadura en 1970, FAMAE compró en Suiza la licencia de producción de los fusiles de asalto Sig, calibre 5,56. Incluso la del Sig 540, de culata plegable, un arma de tamaño relativamente pequeño (450 milímetros de largo con la culata plegada), manuable y liviana (tres kilos), apta para combate a corta distancia, en especial en batallas dentro de ciudades.
Ideal para que Nolli saliera a asesinar manifestantes. ¿Cuántos mató? Nunca se sabrá, es posible que ni él lo supiese con certeza, pero no hay duda que era un homicida despiadado como lo demostró al asesinar al sub-comisario Marcelo Morales cuando este iba a hablar con él, sin darse cuenta que lo había sorprendido vendiendo alambre de cobre robado.
¿Por qué Nolli tenía hace 36 años un Sig que no se vendía a particulares y que se exportó a Brasil, Argentina y Portugal?
La versión piadosa y que la policía filtró cuando Nolli estuvo preso es que su presunto proveedor de armas era Alejandro Espinoza, cabo del Ejército y compadre del ahora fallecido.
Para analistas serios resulta poco creíble que un simple cabo pudiese disponer de estas armas para regalarlas entre los amigos. Los negocios con armas los hacía Augusto Pinochet en persona para quedarse con la coimisión.
Se dice que Nolli estuvo en el Ejército pero no se dice dónde. Lo más posible es que estuviese ligado, en forma compartimentada, a la vieja Inteligencia Militar, la misma que le abrió las puertas de Vietnam en los años de 1960, cuando solo era un joven inexperto, pero "promisorio".
Es evidente que el infame BIE, el Batallón de Inteligencia del Ejército, lo cobijó en los años de 1980.
Esta repartición, involucrada en miles de crímenes de todo tipo, fue disuelta el 2004.
Según el ex general Juan Emilio Cheyre que lo desbando, el BIE correspondía a "una concepción centrada en una óptica propia de la Guerra Fría. Una visión -por cierto generalizada en los diferentes actores sociales nacionales y organizaciones en todo el mundo- que llevó a la radicalización del conflicto y a la imposición de una lógica de confrontación, que llegó a aceptar como legítimos todos los procedimientos y medios de lucha como métodos para obtener o mantener el poder", dijo.
Y remachó, en una admisión elegante y tácita de la criminalidad del BIE, insistiendo en que fue: "Una visión que condujo a la comprensión de la política desde una perspectiva que consideraba enemigos a los que eran sólo adversarios y a la reducción del respeto a las personas, su dignidad y sus derechos. Una visión, en fin, que se constituyó en un sello distintivo de nuestras relaciones políticas, sociales y económicas, y que se mantuvo imperante entre nosotros los chilenos, durante muchos años, como la propia Guerra Fría que la inspiraba".
Es posible que en esos años Nolli quedó cesante pero se le protegió mientras se pudo. No le importó ya en ese momento se dedicaba a las estafas, a la compra y venta de chatarra robada y al giro doloso de cheques, En todo caso lo escondieron tres años en la ex Penienciería, por si acaso.
Para estar claros sobre quien era esta bestia miserable, uno de sus tres hijos dijo que sufría de un miedo permanente mientras vivió con él y cuando supo de lo sucedido, lo único que quería que ocurriera era "que lo mataran".
Terrible confesión para un hijo.
En entrevista con canal 13, este hombre cuya identidad y rostro se mantuvo en secreto, afirmó que por su culpa debió criarse sólo, sin contacto con sus compañeros de colegio y aunque nunca lo golpeó ni tampoco le hizo un cariño, a su madre la maltrataba de forma reiterada.
"Yo no elegí tener el padre que tuve. Esto que mi padre hizo lo voy a tener que llevar toda mi vida. Si hay algo que aflora dentro de mí, es pedirles infinito perdón".
Lo trágico, junto con las muertes de los detectives, es que Nolli se llevó muchos terribles secretos a la tumba. Los balazos que le cerraron la boca para siempre protegen ahora a más de algún general en retiro, quizás a cuantos ex coroneles y a muchos empresarios.
No hay que olvidar que el BIE montó la jugarreta que el fallecido Ricardo Claro le hizo en su canal nueve de televisión a Sebastián Piñera, cuando el primero reveló al aire las atrocidades que en ese momento pensaba el actuar gobernante de su ministra Evelyn Matthei.
No aparece aventurado pensar que, dado el trasluz del personaje, este haya cometido más de un asesinato por encargo en los años felices de la dictadura.
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